Bebé demonio

Capítulo 37 Decisión

Al momento en el que Alterium llegó a casa y entró a mi habitación con pasos silenciosos, la escena que presenció fue la de ambos dormidos, acurrucados sobre mi cama. Permaneció quieto unos segundos en ese lugar, observándonos en silencio. Aun con los ojos cerrados, pude percibir su presencia sigilosa. Es entonces que escuché cómo se inclinó y sentí el toque de su mano fría posarse sobre mi frente.
Cuando creí que había apartado su mano de mí, sus dedos descendieron con delicadeza sobre mi mejilla, rozándola con una suavidad inesperada que me hizo estremecer. Su tacto era lento, como si memorizara cada contorno de mi rostro.

Luego, sus dedos se deslizaron hasta mi labio superior y después al inferior. Mi respiración se volvió tensa, contenida por la mezcla de nervios y asombro.
No podía verlo, pero la intensidad de su mirada se sentía tan abrumadora que no me atreví a despertar hasta que dejé de sentir su toque.

Abrí los ojos de a poco y giré mi cabeza para verlo, su mirada estaba imperturbable como si estuviera ahí mirándonos y acabara de llegar. Solo le sonreí sin decir nada más, aunque sabía que aquello no había sido solo un sueño, podía sentir todavía su toque en mis labios. Me entregó la medicina dentro de una pequeña bolsa y, con calma, me repitió las indicaciones que el farmacéutico le había dado.

En nuestra interacción, oculté el hecho de todo lo que había pasado en esos minutos de ausencia, siendo la única en saber que ahora el pequeño Arthur me llamaba Lili. Aquella primera palabra que Alterium escuchaba con emoción, aquella primera palabra que, en realidad, nunca lo fue.

Al día siguiente, mi salud ya había mejorado con la medicina que me dio Alterium, algo que también lo hizo sentir mejor al verme sana. Y, aprovechando que Elizabeth estaba en su casa, no dudé en salir sola, como en los viejos tiempos, ya que necesitaba hablar con ella en privado. Se había vuelto frecuente salir con ellos de casa las últimas semanas, tanto que no noté lo silencioso que era caminar sin compañía todo ese trayecto.

Cuando llegué a mi destino, la mirada de Elizabeth se mostró emocionada al recibirme en la entrada.

—Mi querida Lilian, estuve esperándote. Pasa, por favor. Hoy tengo el día libre; pedí permiso para estar libre el jueves y viernes. Si no venías hoy, ten por hecho que habría ido a tu casa.

—Hoy tenía muchas ganas de visitarte. Es bueno que tengas un descanso de vez en cuando.

Ella cerró la puerta rápidamente y me invitó a sentarme con un gesto de la mano.

—Eso es verdad. Además, aproveché ayer para visitar a Víctor y a su familia. Me alegra tanto verlo tan animado como antes; su recuperación es bastante rápida. Aunque... por alguna razón, Valentina y Ernesto estaban un poco extraños cuando les hablé de ustedes.

Mi expresión se tensó apenas pude sentarme en su mueble.

—¿Qué tan extraños?

—Pude ver su nerviosismo en sus miradas, como si hubiera pasado algo cuando los visitaron. Así que creo que me omitieron algunos detalles. —Sus ojos me miraron con curiosidad al sentarse junto a mí—. ¿Algo pasó ese día, verdad?

—Eres bastante perceptiva, como siempre...

—Bueno, es parte de mi naturaleza, mi querida Lilian.

—Te habrán contado que ese día fuimos a visitarlos casi por un día entero.
Pero la razón por la que nos quedamos tanto tiempo fue por un evento que ocurrió, porque yo lo permití. Sabes que Alterium y el pequeño Arthur se irán pronto, y sus verdaderas identidades aún ellos no lo sabían.

—¿No lo sabían...? —llevó su mano derecha a la boca—. ¡Ah! ¿Acaso ya lo saben todo?

—Alterium se mostró con su verdadera apariencia ante ellos. Por supuesto que fue difícil para los dos asimilarlo de inmediato, y por tus palabras, parece que aún no lo han hecho del todo. Pero era la única forma que él vio para evitar que yo siguiera mintiéndoles... sobre quiénes eran realmente, especialmente cuando pronto desaparecerán para siempre de sus vidas.

—Así que por eso me mencionaron lo de la fiesta de despedida, pero fueron muy cuidadosos al contarme los detalles y la razón por la cual Alterium y Arthur tenían que viajar a un lugar lejano. Supongo que creen que no sé nada al respecto.

—Sí, es lo más probable. Después de todo, no querían dejarte fuera de esto. Saben que queda poco tiempo antes de partir, y también que eres una persona cercana a ambos.

—¿Qué día piensas realizarla?

Escuchar esa pregunta hizo que mi respiración se volviera pesada.

—El próximo sábado. Así que estaba pensando que podríamos reunirnos temprano ese día... o quizá una noche antes.

La expresión de Elizabeth se tornó triste, para mi sorpresa.

—¿Cómo pudo haber pasado tan rápido el tiempo?

Antes de que pudiéramos continuar con ese tema de conversación, mi mirada se dirigió a su dedo anular, el cual llevaba un precioso anillo en el. Era tan resplandeciente que fue imposible no notarlo, aún más si era evidente el significado de llevar un anillo en precisamente ese dedo.

—Ese anillo...

—¡Cierto! Este anillo es un regalo de Iván. Es... un obsequio inesperado que recibí anoche. —Una expresión tímida se reflejó en su rostro—. Él todavía recuerda que amo las esmeraldas.

—Estás saliendo oficialmente con Iván, ¿verdad? Mejor dicho, están comprometidos. —Sonreí al ver su expresión de felicidad.

—Sí. Creo que solo aplazar las cosas, cuando nuestros sentimientos siempre fueron mutuos, no era algo que pudiéramos aguantar por mucho tiempo.
Fueron muchos años perdidos, y me alegra ahora ser parte de su futuro y la de su hija.

—Me da gusto saber que encontraste el futuro que deseabas, con la persona que siempre llevaste en tu corazón. Ese amor tan sincero y puro de tantos años, la vida les recompensó con una segunda oportunidad.

—Muchas gracias, Lilian. Que seas la primera en felicitarme, también es parte de mi felicidad.

Ver aquella expresión tan brillante, que reflejaba la alegría de su alma, me hizo darme cuenta de que, gracias a aquel accidente que no ocurrió, lo que ella vivía ahora era posible. Y verla ser feliz era todo lo que necesitaba en mi vida.




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