Incluso si no sabía qué pasaría en el futuro próximo, esa angustia que me enfermaba finalmente había disminuido. Con decir todo lo que sentía, ya no habría arrepentimientos por nunca haber dicho nada hasta el final. Y en ese escenario, solo decidimos disfrutar del día a día que nos quedaba de convivencia, una rutina que ya sabíamos desempeñar muy bien.
El pequeño Arthur ahora mantenía su apariencia demoníaca en casa, llamándome de forma insistente como Lili, sonriente y adorable como siempre lo fue. Aquel diminutivo que yo misma le enseñé a llamarme en un acto desesperado, al pensar que era demasiado ser llamada «mamá». Todavía no había olvidado su primera palabra, de hecho jamás podría olvidarla, y no sé cuánto tiempo se contendría en no decirla de nuevo, pero cuando lo hiciera enfrente de él, es que finalmente su padre podría saber qué sucedió aquel día.
Hubo una cierta tensión diferente entre Alterium y yo; habíamos revelado muchas cosas íntimas ese día, más de lo que podíamos ocultar. Tratar de actuar con normalidad no sería el mejor remedio, menos aún tratar de ignorar lo sucedido. Pero la presencia del pequeño Arthur aliviaba toda esa tensión contenida. Él representaba una prioridad que no podíamos ignorar y alguien que nos unía de forma natural.
Además, él no era el único que podía hacer eso. También tuvimos la visita nocturna de Elizabeth por tres días seguidos; simplemente no podía soportar despedirse del pequeño Arthur en cualquier momento, además de que estaba al tanto de la decisión que habíamos tomado. Algo que todavía no tenía una respuesta concluyente, pero dada su personalidad protectora, incluso si estaba frente al rey del Inframundo, tampoco iba a permitir que saliera herida con la decisión de Alterium. Así que, aunque aún no había nada definitivo, yo le insistí en que no se preocupara por ello. Pero aun así fue un poco intensa en la forma en que miró a Alterium en esos días. Y no era para menos; todavía había una posibilidad de que él me llevara lejos de mi amiga. Comprendía esa inquietud, porque en el fondo era también la mía.
Sin embargo, no podía seguir dudando cuando llegara una respuesta definitiva, después de todo, fue mi decisión aplazar todo esto.
Y entonces llegó el día martes. Mi mañana no había cambiado tanto, excepto que ahora el pequeño Arthur era más hábil al caminar y había crecido un poco más. A través de mis ojos lo había visto crecer día tras día, pero es en ese instante que me daba cuenta de que realmente habían pasado casi cuatro meses. Cuando llegó, ni siquiera podía sentarse bien, y ahora caminaba casi sin ayuda. Crecía al mismo ritmo que un bebé humano, tal como lo dijo Alterium, así que podía sentir la alegría que tanto mi madre me repitió al verme crecer.
Cuando el pequeño Arthur vino hacia mí, al verme arrodillada frente a él, tocó mi rostro como si estuviera consolándome, aun cuando no había derramado ninguna lágrima, como si pudiera sentir la nostalgia de mi corazón.
Y entonces, esa preciada canción de cuna vino a mi mente, tarareándola en voz baja:
—La noche brilla por las estrellas que te vieron nacer. —Toqué su pequeña cabeza y la acaricié—. Pequeño brote de alegría, un dulce sueño te espera. No le temas a la oscuridad... que yo te protegeré.
—Drilla —balbuceó en su intento de repetir mis palabras, con su mirada sonriente—. ¡Lili!
—Brilla..., sí, el pequeño Arthur también es muy brillante.
Desde la dirección de la cocina percibí el delicioso aroma del guiso de pollo que Alterium estaba preparando, aquel primer plato que cocinó en su llegada. Ese olor solo me traía un recuerdo único. Dirigí la mirada hacia dentro, donde su silueta magnánima se movía con calma, concentrado en terminar de cocinar. Tan sereno y contradictorio como siempre. Pero había algo distinto en él. Sentía, con un presentimiento inquietante, que esa sería la última vez que lo vería prepararme el almuerzo, aunque aún faltaran cuatro días para su partida.
Un escalofrío recorrió mi espalda cuando mis ojos se posaron en la mano izquierda del pequeño príncipe.
La marca seguía allí, todavía no había desaparecido y, sin poder evitarlo, un suspiro de alivio se escapó de mis labios. Sin embargo, los latidos de mi corazón no se calmaron. Alterium jamás se iría antes de tiempo sin despedirse, lo sabía.
Así que solo pude culparme a mí misma por dejarme arrastrar por ese presentimiento irracional.
Aunque, no debería tomar a la ligera esta corazonada.
La última vez que lo hice, casi vuelvo a perder algo preciado.
—Lilian... ¿sucedió algo? Te noté intranquila por un momento. Mi hijo también te está mirando preocupado.
—Lili —mencionó el pequeño Arthur.
—... Alterium, ¿aún quedan cuatro días para su regreso, verdad? —Elevé mi mirada hacia él.
—Sí, es nuestro tiempo límite. Te lo prometí, yo jamás rompo una promesa. Además, todavía no te he dado una respuesta adecuada. —Extendió su mano derecha hacia mí para ayudarme a ponerme de pie; aceptando su ayuda al tomar su mano.
—Entiendo... no es nada, solo que tal vez pensé demasiado las cosas. —Con una sonrisa me dirigí a su hijo—. Estoy bien, pequeño Arthur, ahora continuaré jugando contigo. —Volteé mi mirada hacia Alterium—. Por cierto, la verdad es que me dio mucha hambre en este momento; el aroma del guiso es tan fragante y es mi plato favorito. Me da un poco de vergüenza decirlo, pero huele tan bien que mi estómago estaba sonando.
—Al parecer el resultado será bastante bueno, si el olor ya te lo dice todo. El almuerzo estará pronto, solo dame unos minutos más.
—Por supuesto, no hay prisa...
Sin preverlo, mi pie resbaló al pisar algo redondo y mi cuerpo se inclinó bruscamente hacia atrás. El vértigo de la caída apenas me dio tiempo de reaccionar, pero el brazo de Alterium me sostuvo con firmeza. Quedé arqueada bajo su mirada, sostenida con tal delicadeza que la posición parecía la apertura de un vals: yo inclinada hacia atrás en su brazo y él inclinado hacia mí. No pude evitar querer quedarme en esa posición un poco más. Hasta que terminé riendo ante su expresión de desconcierto. Me pareció una escena graciosa en mi mente, aunque él me miraba aliviado, como si le gustara verme reaccionar de esa manera.