Bebé demonio

Capítulo 40 Familia

Había enfrentado situaciones peligrosas en el pasado, pero no al grado de que mi propia vida peligrara. La adrenalina de sentirlo es tan poderosa que ni siquiera necesitaría de mi sexto sentido para percibirlo. Y es entonces que intenté suprimir mi propio miedo; no estaba sola y no era solo mi vida a quien debía proteger. Me encontraba en un verdadero campo de batalla, uno desatado en el mismo mundo humano. Si, aunque sea por un instante, me dejaba llevar por el pánico, todo estará acabado. Podría justificar mi debilidad diciendo que soy una humana sin habilidad, sin embargo, me juzgaré a mí misma si ni siquiera puedo proteger al pequeño Arthur.

Sin poder dar marcha atrás, había una clara desventaja frente a mis ojos, pero también sabía que el mismo rey del Inframundo decidió confiar en mí en una situación tan crítica. ¿Cómo podría defraudar toda su confianza?

Así que lo primero que hice fue hacer que esa sensación de opresión en mi pecho desapareciera. Tenía que regular mi sensibilidad al sentir aquellas fuertes emociones de odio, y lo hice gradualmente hasta finalmente sentir que respiraba mejor.
Incluso si estaba rodeada de llamas que parecían que iban a consumirme por completo, no quemaban con mucha intensidad y no sentía mucho calor. Es ahí cuando me di cuenta de que el pequeño Arthur estaba ayudándome a no sentirlo, como si lo hubiera aislado con un campo invisible e imperceptible.

Ahora comprendía por qué se aferró tanto a no soltarme. Yo no solo estaba tratando de salvarlo al liberarlo de mí; él se estaba aferrando a mí para protegerme. Una protección recíproca que caló dentro de mí como una fuerza tan grande que me dio la fortaleza para ya no tener miedo.

Si mi sentido de la visión no era el mejor en este instante, mi sentido de la audición sí lo era. Por lo que comencé a escuchar todo lo que decía aquel demonio; solo a través de las palabras podría reconocer sus intenciones e incluso a él mismo. Sabía que en el instante en que dirigiera su atención hacia nosotros, todo se volvería más caótico. Después de todo, a los ojos de un ser como él, ambos representábamos la debilidad de Alterium.

No importa qué tan distintos seamos, la vulnerabilidad siempre nace desde dentro. Y en el campo de batalla no gana quien ataca primero, sino quien comprende antes.

Respiré profundamente y alcé la mirada con cierta calma, dejando que mi determinación se asentara en mis ojos. Solté un suspiro suave, permitiendo que el tiempo se volviera mi aliado más confiable antes de enfrentar lo que estaba por venir.

En cuestión de segundos, sombras con formas humanoides comenzaron a deslizarse por el suelo, arrastrándose en una multitud silenciosa. Luego, una a una, emergieron de la oscuridad, tomando la forma de seres demoníacos. Cada figura se alzó con un movimiento antinatural hasta rodear por completo la silueta de Alterium. Aquellas presencias ocultas eran como el viento de la noche; se sentían frías y generaban tanta inquietud que sentí cómo se me erizó la piel de pies a cabeza.

Cuando pude visualizarlos con mayor claridad, los treinta demonios que había percibido al principio rodearon por completo al rey del Inframundo, como si fueran lobos hambrientos aguardando el momento exacto para desgarrar a su presa.

—Supongo que era demasiado para ti venir solo a enfrentarme.

Una risa sarcástica soltó aquel ser antes de volver a hablar de manera orgullosa:

—Ellos fueron un regalo en mi camino de visitarte otra vez, y ten por seguro que cada uno de ellos te detesta lo suficiente como para no dejarte morir fácilmente. Después de todo, mataste a su legión sin piedad.

—Atacaron a mis aliados primero y no forman parte de los reinos que lidero. ¿Querían piedad del rey del Inframundo? Y ahora solo esperan el mismo destino.

—Así que hasta el último momento vas a fingir que eres un demonio indestructible, Alterium. Sabes que ahora no lo eres. Te ves de la misma forma en la que descansabas en esa celda sucia con tu madre.

La mirada fría de Alterium se dirigió hacia él, notando un gesto de nerviosismo en aquel demonio, como si hubiera reaccionado de forma inconsciente con temor hacia él.

—Aunque trates de manipularme con habilidad, estoy al mismo nivel que tú... no, ahora soy superior a ti. ¡No podrás tocarme! Ni este fuego azul, que para tu desgracia, es también lo único que no puedes manipular al ser familia.

Alterium pronunció su nombre con una voz profunda:

—Balhed. Al parecer tu sentido de inferioridad fue lo que te trajo aquí.

Un gesto de rencor se intensificó en su mirada.

—Hablas como si no supiera de tu verdadera condición. Velkaros me lo dijo todo a cambio de su libertad. —Extendió ambas manos—. Sin dudarlo les diste toda tu vitalidad a tus siete mascotas fieles que tienes en tu palacio, para que tu presencia y protección prevalecieran hasta tu regreso. Viniste a este lugar consciente de que no lo recuperarías rápido. ¿Cómo un rey estúpido puede gobernar el Inframundo?

Mi expresión se notó confundida por un momento, descubriendo la verdad de su llegada, aquella que nunca fue una coincidencia, sino algo hecho por voluntad propia.

Supongo que sería demasiada fortuna haber sido escogida aleatoriamente, pero ¿por qué...? ¿Por qué harías algo tan peligroso por una humana desconocida y trayendo a tu hijo contigo?

¿Acaso fue el parecido...? O tal vez algo más fuerte que hizo que no pudieras decirme la verdad desde un principio.

Al mirarlo nuevamente, noté cómo Alterium bajó su mirada hacia su mano izquierda y la apretó con fuerza, soltando un bufido de molestia. Me di cuenta de que su ceño fruncido se relajó un poco, como si hubiera descubierto algo que lo hizo no actuar impulsivamente. Un segmento de incoherencia que yo también pude notar.

—Entonces esa fue la razón por la que te dejó venir, supongo que lo que le di no fue suficiente para él.

—Estar prisionero no es un regalo adecuado para un demonio tan importante como él, te dio algo muy valioso, que ni siquiera entregándole tu reino sería suficiente para recompensarlo. ¿Cómo esperabas que no te traicionara? Si incluso tus mascotas lo tenían vigilado todo el tiempo. —Su mano derecha se alzó, avivando el fuego que me cubría—. Recibí la vitalidad del rey del reino de Vhaltrum y sus aliados. Un mal movimiento y lo perderás todo de nuevo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.