Bebé demonio

Extra 1

⚠️ Advertencia +18 ⚠️

Este capítulo contiene escenas explícitas. Puedes disfrutarlo o no leerlo por completo si no es de tu agrado.
Con ello, bienvenid@s al primer extra. 💓

🥀

Desde el primer instante en que toqué el suelo del Inframundo, sabía lo que me esperaba. Era tan lúgubre que bastaba con contemplarlo para que mi piel se erizara ante el mínimo contacto del viento y los susurros de criaturas extrañas. Ningún ser humano podría vivir aquí, a no ser que el pecado o la desesperación lo empujaran a ello. Sin embargo, el impulso de no separarme de lo más preciado que llegó a mi mundo, el anhelo de construir un futuro a su lado, fue más fuerte que el miedo a perecer allí.

No fue sencillo adaptarme, ni tampoco esperé que lo fuera. Desligarme de viejas costumbres, de una vida ya construida, era algo que debía hacer en este nuevo mundo. Un ser humano débil, con un rostro conocido que alguna vez se proclamó reina. Cientos de ojos curiosos que no podían ser ignorados me observaban con una familiaridad inquietante. Pero, desde el momento en que me dirigí hacia ellos, su percepción comenzó a cambiar.
Una parte de la humana que conocieron había regresado, sí, pero esta vez no estaba dispuesta a vivir entre las sombras, sino a hacerme notar; aunque no de inmediato. Ganar su respeto y confianza, eso sería algo que solo el tiempo podría concederme.

Con la protección absoluta del rey Alterium, ningún demonio se atrevió a dañarme en el momento en que más vulnerable me encontraba.

Pero jamás permitiría que olvidaran que hubo una humana que vivió aquí antes que yo. Alguien que, con sacrificio, construyó la confianza de muchos demonios, los protegió y dio al reino del norte un heredero importante.
Y ahora estaba yo: el reflejo de aquella humana a la que algunos apoyaron y otros despreciaron, dispuesta a construir un nuevo legado junto a mi familia.

Tuve que sacrificar muchas cosas para obtenerlo, y todavía lo seguía haciendo. Poseía una mente ignorante, casi carente de conocimientos sobre este nuevo mundo, que solo lo conocía a través de las historias contadas por el rey del Inframundo. Tenía que aprender de la realidad que se abría ante mis ojos, y lo hice devorando cada libro útil al que tuve acceso, absorbiendo cada enseñanza brindada, prestando atención a cada observación que mi naturaleza curiosa era capaz de percibir.

Mi objetivo era claro: debía convertirme en un ser capaz de gobernar a cientos de demonios, y eso me tomaría muchos años.

Un cuerpo débil, el de una oficinista que apenas había practicado uno que otro deporte en su vida. No podía darme el lujo de ser débil en el Inframundo, ni física ni mentalmente. Incluso un pequeño insecto de este mundo sería más fuerte que yo.
Pasé por mucho dolor y cansancio para fortalecer y adaptar mi cuerpo a este lugar, hasta alcanzar la mínima certeza de poder protegerme con algún movimiento básico. Esta exigencia tan desgastante hizo que incluso Alterium temiera por mi salud con el tiempo, dando su palabra a Elizabeth de que me protegería; su mayor obstáculo era yo misma. Sin embargo, aunque no podía verlo en esos momentos y estaba a cargo de alguien confiable, sabía que, de alguna forma, su presencia nunca desaparecía del todo a mi alrededor.

Amaba cada gesto de preocupación y protección de Alterium hacia mí y nuestro hijo. Pero ganarme, poco a poco y con los años, el respeto de una parte de los demonios también se convirtió en mi mayor orgullo.

Por supuesto, jamás descuidé a ninguno de los dos. Tal vez no estábamos juntos todo el tiempo como en el mundo humano, pero hicimos lo posible por convivir de esa forma, aunque fuera solo algunas horas cada día. Ninguno de los dos podía permitirse perderse o descuidar el crecimiento del príncipe Arthur. Sabíamos que él no volvería a ser un bebé, ¿cómo podríamos perdernos la oportunidad de presenciar un momento tan precioso que jamás volvería a repetirse?

Año tras año, esa dinámica se mantuvo durante cinco largos años. Y también pude conocerlo a él, más de lo que ya vi en mi mundo.

Alterium no solía sonreír en el Inframundo. Era respetuoso con sus aliados e increíblemente dedicado a sus deberes como rey, pero era más fácil verlo arrancarle el corazón a un demonio que verlo sonreír. Solo cuando conversaba conmigo podían notar su escalofriante mirada amable y su sonrisa. De hecho, preferían que no lo hiciera, pero llegaron a acostumbrarse de una u otra forma.

En este tramo de tiempo también fui al mundo humano. Solo podía hacerlo cuatro veces al año; era un enorme gasto de vitalidad para Alterium. Sin embargo, solo el rey del Inframundo podía permitirme viajar con él o sin él tantas veces, cuando un demonio promedio apenas podía hacerlo una vez cada diez años y recuperarse lentamente allí.
Ahora entendía la razón por la que preferían no viajar al mundo humano, pero yo tenía más que razones para hacerlo. Con solo cumplir mi palabra y regresar, aunque fuera por un corto tiempo, calmaba mi corazón con la alegría de volver a verlos. Y también con mi promesa de protegerlos de forma silenciosa.

En este instante de mi vida, no había cabida para arrepentimientos, porque no los había; solo nostalgia por lo que dejé atrás y anhelo por lo que podría ser.

Con mi último ejercicio de la tarde y el estiramiento de mis brazos para relajar el cuerpo, una presencia ahora familiar apareció de forma brusca ante mis ojos. Mi expresión ya no denotó sorpresa, fue una reacción propia del aire que azotó mis cabellos y ropa.
Velkaros había aparecido después de dos meses de ausencia. Era un demonio de largo cabello blanco y ondulado, con un rostro más joven que el mío, rasgos delicados, piel de tono grisáceo y profundos ojos azules. Aquel anciano que conocí se había convertido ahora en ese joven demonio. Era el único que no poseía el característico ojo rojo tan común en este mundo; en su lugar, destacaban un par de cuernos que se abrían hacia atrás, formando la silueta de unas alas oscuras. Aquello solo demostraba que el demonio del tiempo tenía un origen especial.




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