Behind The Outside (temporada 1)

Capítulo 7: Infiltracion Femenina

El aire en el salón de clases era tan denso que se podía cortar con un cuchillo oxidado. El profesor caminaba entre los pupitres como un verdugo, repartiendo los exámenes boca abajo con una mueca de desprecio absoluto.

- Espero que hayan estudiado - sentenció el profesor, dejando caer la última hoja -. Algunos de ustedes deberían replantearse seriamente su relación con el conocimiento... o quizás considerar una carrera en la recolección de basura.

Samuel volteó su examen con la lentitud de quien desactiva una bomba. El silencio que siguió fue sepulcral. En el centro de la hoja, un 37/100 en rojo gigante parecía burlarse de sus años de estudio.

- Esto es estadísticamente improbable - masculló Samuel, sintiendo que su doctorado imaginario se convertía en cenizas.

Olin miró el suyo y soltó un bufido de indignación. Un 42/100.

- Nah. Esto no es falta de estudio, es un sabotaje académico de proporciones bíblicas - protestó, arrugando la hoja.

Sameme, por su parte, tenía la cara de un cachorro abandonado bajo la lluvia. Un 29/100.

- Yo sí estudié... creo... - susurró, cuestionando si su cerebro era en realidad una esponja para lavar platos.

Daxer observó su 45/100 con una calma que rozaba lo inquietante. No se inmutó. No se quejó. Simplemente apoyó la barbilla en su mano.

- Interesante - murmuró.

De pronto, una carcajada estridente rompió la tensión al fondo del salón. Eran las chicas del ex-club de Jazmín, ahora autodenominadas Las Intocables. Tres de ellas presumían sus exámenes con un 100/100 tan brillante que casi emitía luz propia.

- Literal, era facilísimo - dijo la Chica 1, retocándose el labial -. Si no sacas cien, es porque tu nivel de comprensión lectora es el de un hámster.

- Yo terminé en veinte minutos y me sobró tiempo para plancharme el pelo - añadió la Chica 2 con una sonrisa de suficiencia.

Daxer las observaba fijamente, como un depredador analizando a su presa. Sus ojos no se detuvieron en las notas, sino en la muñeca de la líder. Un pequeño dispositivo digital, con un diseño que gritaba tecnología de dudosa procedencia, emitía un tenue pulso azulado.

- Eso no estaba ayer - sentenció Daxer.

- ¿El brazalete? - preguntó Samuel, ajustándose los lentes.

- Emite una frecuencia intermitente. No parece un accesorio de moda, parece algo que te inyecta información directamente en el lóbulo frontal - analizó Daxer.

Las chicas se levantaron, recogiendo sus cosas con una elegancia fingida.

- Nos vemos en la pijamada de esta noche - dijo la Chica 1 -. No olviden llevar sus cargadores... y nada de ropa barata, por favor.

Olin levantó una ceja, sospechando hasta de las sombras.

- Ok. Eso no sonó a pijamada, sonó a ritual de actualización de software.

Daxer cerró su examen con una parsimonia letal.

- No me molesta perder - dijo, haciendo una pausa dramática -. Me molesta no entender por qué un grupo de descerebradas sacó nota perfecta sin tocar un libro.

***

Más tarde, en el búnker del Club Galaxy X...

- Teoría uno: estudiaron - soltó Samuel.

El silencio fue inmediato. Todos se giraron para mirarlo con una cara de no digas estupideces.

- Descartada - sentenció Olin.

- Necesitamos acceso directo - dijo Daxer, mirando un plano de la escuela.

- ¿A qué? - preguntó Sameme.

- A la pijamada.

El silencio fue absoluto. Samuel y Olin intercambiaron miradas de terror.

- No - dijeron al unísono.

- Sí - respondió Daxer.

- ¿Y quién va a entrar mágicamente a una pijamada privada de chicas? - preguntó Olin -. ¿Vamos a pedir permiso o qué?

Sameme entrecerró los ojos, analizando la situación como un estratega de guerra.

- Necesitamos una infiltración encubierta. Un caballo de Troya... con falda.

Lentamente, todas las miradas se desviaron hacia Olin.

- No. Ni se les ocurra - advirtió Olin, retrocediendo un paso.

- Tu estructura ósea es... adaptable - dijo Samuel con frialdad clínica -. Tienes caderas lo suficientemente anchas para engañar a alguien en la oscuridad.

- ¡Eso no es un argumento válido, es un insulto a mi hombría!

- Nombre clave: Daila - soltó Daxer, ignorando las quejas.

- ¡Me rehúso! - gritó Olin.

- Te compramos tres bolsas de papas grandes y una suscripción premium - ofreció Sameme.

Olin se quedó congelado. Suspiró profundamente, un suspiro que cargaba con el peso de la dignidad perdida.

- ...Está bien. Pero quiero las de sabor a queso.

Samuel miró a Daxer de arriba abajo, como si estuviera midiendo su nivel de waifu-abilidad.

- Hay un problema adicional. Ellas son observadoras. Si ven a una Daila de un metro ochenta sola, van a sospechar. Necesitamos apoyo visual.

Samuel se acercó a Daxer, analizándolo como si fuera un experimento de laboratorio.

- Daxer tiene rasgos más andróginos. Con el maquillaje adecuado y una peluca de calidad, podría pasar por una chica gótica o una e-girl deprimida.

Olin estalló en carcajadas.

- ¡JAJAJA NO! ¡ESTO TIENE QUE SER UNA BROMA!

- No. No me interesa - dijo Daxer, sin siquiera levantar la vista de su mesa.

- Si yo voy, tú vas, Daxer-chan - lo retó Olin -. No voy a ser la única en usar brasier esta noche.

Daxer cerró los ojos. El silencio en el club era tan pesado que se sentía en los pulmones.

- ...Qué pereza - murmuró al fin -. Pero quiero ese dispositivo. Y si Bladi intenta tocarnos, le rompo los dedos.

Las miradas conspirativas se sellaron. La Operación Daila acababa de nacer entre exámenes reprobados y dignidad negociada por papas fritas.

El atardecer teñía el club Galaxy X de un naranja intenso, una luz que debería ser poética pero que solo servía para iluminar el campo de batalla de la dignidad perdida. Sobre las mesas movidas al centro, el arsenal era aterrador: brochas, polvos, pestañas postizas y una peluca rosa tan larga que parecía haber sido arrancada de un cadáver de anime.



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Editado: 08.06.2026

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