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"Bienaventurados sean los guerreros"

"Bienaventurados sean los guerreros"

Guerreros; guerreros no son los que tienen un escudo y una espada, guerreros son aquellas personas que no se rinden, que dan todo, así tengan que dar su propia vida.

Guerreros son aquellos que, a pesar de las dificultades de su camino, siempre sonríen.

Guerreros son aquellos que, a pesar de tropezar y lastimarse, siguen con la frente en alto.

Guerreros son aquellos que dan todo, aunque eso signifique no recibir nada a cambio.

Guerreros son aquellos que logran lo que quieren, que llegan al final.

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[ Jueves 16 de Mayo de 2013 ]

Desde los seis años de edad, he recorrido cada una de las calles de Miami en una motocicleta.

A mi padre le encantaban éstas, no había otra cosa en el mundo que le apasionara tanto; su felicidad era eso, las motocicletas y luego, también se le sumó su familia; mi madre y yo.

Mi primera experiencia de subirme a una motocicleta fue a los seis; hasta esa edad mi madre me dió permiso de subirme, me cuidaba tanto, ya que era su única hija, así que hacían todo por protegerme, era su regalo más preciado, eso era lo que me decía cada noche al irme a dormir y para mí ellos dos eran lo más preciado que tenía, lo que más amaba, mi familia, mis padres lo eran todo para mí.

Diez años más tarde, y yo ya sabía manejar una motocicleta, todavía no podía salir a las calles sola a manejar, mi madre me lo prohibió, pero, aun así, mi padre me enseñaba a usarla, era como nuestro vínculo especial entre mi padre y yo, algo que nunca reemplazaría.

Un mes antes de cumplir los dieciséis, había salido junto con mi padre a dar una vuelta por la ciudad de noche, un espectáculo hermoso; poder observar el cielo iluminado por sus estrellas, y la ciudad misma iluminada también, pero esta lo está por los postes de luz y los anuncios publicitarios de colores, y a todo esto sumándose el fresco viento de la noche, la brisa chocando con tu cara y la adrenalina que sientes por la velocidad en la que vas, nada excesivo, nada que nos perjudique, pero sentías esa pequeña adrenalina, una noche perfecta.

Esa noche mi padre aparcó casi en las afueras de la ciudad, no estábamos muy lejos de casa; unos veinte minutos caminando, siempre hacíamos una pequeña parada en una parte de la ciudad distinta, aprovechar esos momentos y disfrutarlos como padre e hija.

Cuando bajamos, se escuchaban los motores de unas motocicletas cerca, me emocioné y al ver a mi padre pude asegurar que él también estaba emocionado, pues si algo tenía en común con mi padre era la pasión por las motocicletas.

Al llegar al origen del sonido había mucha gente, la mayoría jóvenes, algunos fumando y uno que otro bebiendo... La mayoría tenía tatuajes, me llamaba mucho la atención los tatuajes, y había decidido que al ser mayor de edad me haría varios tatuajes, me hubiera gustado hacerme uno, aunque fuera solamente ese, pero a mi madre no le agradaba mucho la idea.

De un momento a otro mi padre se tensó, no sabía muy bien porqué de su reacción hasta que habló.

—Vayámonos de aquí Arlet, no es seguro —mi padre me incitaba a dar la vuelta e irnos, pero me negaba a hacerlo.

—¿Por qué papá? Yo quiero ver la carrera que van a hacer —mi padre me miraba serio y por un instante pude ver que estaba algo preocupado, no le tomé mucha importancia ya que era más grande mi deseo a ver aquella carrera que parecía pronto iba a iniciar.

—Arlet, son ilegales, puede llegar... —lo interrumpí. Mala decisión. No debía interrumpir nunca a mi padre, le molestaba.

—Pero papá... —su semblante cambió, se había enfadado. Me tomó del brazo y empezó a jalarme, obligándome a caminar.

—¿Tan pronto se van? —la voz de un hombre nos detuvo, su voz era demasiado grave, nunca había escuchado una voz así, se me erizo la piel solo de escucharlo. Mi padre y yo volteamos a ver al dueño de aquella voz.

Mi vista me brindó a un joven entre los 18 y 20 años; para su edad, tenía una voz demasiado grave; traía un cigarrillo entre sus labios y estos tenían una pequeña curva hacía la izquierda, nos miraba sonriendo, pero sus ojos cafés hacían tenerle entre miedo y respeto, traía puesta una chaqueta de cuero que cubría sus brazos llenos de tatuajes, supongo que están llenos de tatuajes porque sus manos están tatuadas al igual que su cuello. Me era increíble ver a aquel joven y más aún porque superaba la estatura de mi padre que medía 1.80.

—Ss... Sí —la voz de mi padre tembló por breves segundos—, nos tenemos que ir, hemos dejado unos asuntos sin resolver.

—Es una lástima, les hubiera encantado el espectáculo —no podía parar de admirarlo, observaba sus movimientos, era increíble.

—¡Enós! ¡Enós! —se escuchó la voz de una mujer. Una cabellera rubia se acercaba y la poca ropa que llevaba apenas si la tapaba—, es momento de que ganes mi rey, todos te esperamos.

La chica llegó al lado del joven con el que hablamos y que ahora me daba cuenta, se llamaba "Enós".

—Pues vamos —se dirigió a la chica, ella se encontraba feliz, él la había agarrado por la cintura—, ustedes se lo pierden —esta vez se dirigió a nosotros, tiró su cigarrillo al suelo y lo aplastó con su pie derecho, y sin más, comenzó a caminar junto con la chica.




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