[ Lunes 13 de Junio de 2016 ]
Ruth no se quedó demasiado tiempo conmigo, ella como todos los que pertenecíamos al clan teníamos responsabilidades por atender, todos tenían trabajos, yo era la única extraña que estaba estudiando, inclusive Ruth, a pesar de ser de la misma edad, ella no se tenía que preocupar por estudiar, a veces la envidiaba.
Intenté comer algo, aunque ciertamente no tenía ganas de hacerlo, después de lo sucedido con ese tal Jonathan todo me daba vueltas, no podía estar tranquila, estaba nerviosa e interiormente también asustada, tenía un gran presentimiento y no era bueno, en absoluto. Sin embargo, un ruido me sacó de mis pensamientos sobre Jonathan, alguien estaba discutiendo en la casa y eso no era normal ni mucho menos bueno.
Salí de la cocina y me acerqué a donde provenían aquellas voces que conocía perfectamente. Subía las escaleras que me llevaban a las habitaciones de la casa, las voces provenían de la primera habitación a la izquierda, la habitación de Enós.
Sabía que no era de mi incumbencia, pero no era bueno que esto pasara, no hoy que habría una carrera que puede que cambie todo. Esperé unos momentos a fuera de la habitación, la puerta estaba abierta de par en par, pude ver claramente como Enós se encontraba cruzado de brazos y mirando fríamente a Ruth, la pelinegra lo miraba con la mandíbula tensa.
—No —la voz de Enós se escuchaba seria, sin ningún atisbo de emoción.
—No te estaría rogando si no fuera porque es importante para ella, tú no la viste —respondió Ruth exasperada, ninguno de los dos se había dado cuenta que yo estaba observando su discusión.
—No es importante Ruth, solo es una pérdida de tiempo, creí que eras más madura —fue lo único que respondió Enós mientras suspiraba cansado.
—Por favor Enós, solo... —Ruth se calló abruptamente, inmediatamente se puso seria—. Solo no quiero que ella se angustie por cosas innecesarias.
—Ya te dije que no, y es mi última palabra Cleveland —Enós le dió la espalda dispuesto a no hacerle caso él había dado por terminada la discusión, pero Ruth no se quedaría así, lo supe al ver como ella lo tomó del hombro y lo obligó a que la viera.
—¡No te comportes como un maldito idiota, Enós! ¡Es de Arlet de quien estamos hablando! —me quedé estática por un instante tratando de asimilar eso por lo cual yo era el motivo de su discusión. Enós no respondió inmediatamente, pero apareció una sonrisa sarcástica en su rostro.
—Arlet no te necesita Ruth, creo que ella es lo bastante grande como para pedir favores por ella misma, no trates de verte como su madre o algo así, porque entonces que mal ejemplo le estarías dando, sinceramente no quisiera ver a Arlet en la porquería en la que estás metida —el rostro de Ruth y el mío sin duda se había quedado estático, impresionado por lo que acababa de decir Enós, y él viendo a la pelinegra prosiguió sin pudor alguno—. Pero dudo que a Arlet le agrade acostarse con tipos drogados y tomados, ofreciendo su cuerpo solo por una miseria de dinero, no quiero ver a Arlet en eso, no quiero que me cause asco como tú, porque rebajarte a ese nivel Ruth, es lo peor que pudiste haber hecho, eres una...
Enós no terminó de decir lo que tenía en mente, ya que una de las manos de Ruth había hecho impacto en la mejilla de él, todo sucedió en una velocidad que me era incapaz seguirle el ritmo.
Enós tocó su mejilla y miró fijamente a la pelinegra, Ruth seguía de pie frente a él con la espalda recta, los brazos rígidos y su mandíbula tensa, estaba tratando de no llorar, la conocía tan bien que sabía estaba luchando por no derramar ni una sola lágrima, ella encaró a Enós.
—No tienes ningún derecho a decirme si lo que hago está bien o está mal, porque en todo caso, yo también podría decir el asco que me da al saber que te acuestas con cualquier mujer que se te insinué, quizá estamos cortados por el mismo cuchillo Enós Bradley, así que no tienes ningún derecho en admirarte por lo que haga o deje de hacer —Ruth respondió sin quebrarse, sabía lo difícil que están siendo para ella el no llorar—. Los dos somos una maldita influencia para ti Arlet, no hemos sido la familia ejemplar que te mereces.
Ruth giró su rostro en dirección hacia mí, ví que había decepción en su mirada, pero no por mí, si no por ella misma, yo no pude pronunciar nada, toda esa información me había caído de golpe, no reaccione ni siquiera cuando Ruth salió de la habitación de Enós, no sin antes derramar la primera lágrima. Segundos después salí de aquel trance gracias a la gruesa voz de Enós que se dirigía a mí.
—¿Cuánto tiempo llevabas ahí, Arlet? —lo miré, sus ojos cafés me miraban curioso y sorprendido, me acerque a él sin responder nada, de mi boca no salió ni una palabra hasta que medite lo que tanto me estaba dando vueltas.
—¿Es cierto? —pregunté y él demostró desconcierto, me aclaré la garganta y tomé valor para pronunciar aquellas palabras—. ¿Es cierto que Ruth se ha estado acostando con esos tipos? ¡¿Es cierto?!
—Preguntas lo obvio, Arlet —respondió a secas, sin embargo, pude ver cómo tensaba su mandíbula.
—¡¿Cómo demonios permitiste que eso pasara, Enós?! ¡Ruth no debía haber hecho eso! ¡¿Cómo lo permitiste?! —exclame, la sangre me hervía tan solo pensarlo, tan solo pronunciarlo, y es que no entendía cómo fue que eso llegó a pasar.
—¡Ruth no es una maldita niña cómo para que la esté cuidando Arlet! ¡Ella ya es bastante grande y debió saber que lo que estaba haciendo era un maldito y estúpido error! ¡Nadie la mandó a hacerlo! —respondió frustrado. Noté la tensión en su cuello y en cómo las venas de sus brazos saltaron, se había esfumado su tranquilidad.
Editado: 29.11.2025