[ Viernes 3 de Noviembre de 2000 ]
—¿Por qué la gente llora papá? —pregunté a mi padre cuando me acerqué a la sala.
—Porque es lo que nos hace sentir vivos, mi pequeña Arly —mi padre comenzó a acariciar mi cabello tiernamente tras haberme posicionado a un lado de él.
—Entonces, ¿mi mamá quiere sentirse viva? —le pregunté mientras escuchaba como mi madre lloraba en la cocina, yo no entendía el por qué.
—A veces, Arlet —se inclinó, poniéndose a mi altura. Él tocó una de mis mejillas—, nosotros nos olvidamos de que estamos vivos, y la misma vida nos enseña que aún seguimos respirando, que seguimos aquí.
—¿Cómo nos enseña eso? —mi curiosidad hizo que él sonriera levemente.
—De la peor forma, Arly —colocó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja mientras veía como sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas—. A veces se lleva a las personas que más amamos, el dolor de perder a una persona nos hace sentir vivos. Pero después, ese dolor cesa cuando lloramos, porque estamos liberando toda esa angustia, todo ese sufrimiento, y es ahí cuando caemos en cuenta de que aún seguimos vivos, y que tenemos que estar agradecidos por eso, porque no todas las personas gozan ya de eso.
» Arly —prosiguió dulcemente—, tienes que animar a mamá, la felicidad es la mejor cura para su dolor. Tu mamá se acaba de enterar que una persona que ella quería ya no se encuentra con nosotros, ¿por qué no vas y le das uno de esos abrazos grandes y fuertes que tú das? Estoy seguro que a ella le gustará, eso le ayudará muchísimo.
—¿Así como los que da papá Chris? —le pregunté entusiasmada, los abrazos de mi abuelo materno siempre eran grandes y abrigadores.
—Exacto, así como los que da tu abuelo Chris, porque él ya no le podrá dar abrazos así por mucho tiempo —susurró mi padre, su voz comenzaba a romperse.
—¿Se fue a una de sus aventuras como las que siempre me cuenta? —mi padre no dijo nada por unos segundos, solo tenía una ligera sonrisa en el rostro.
—Sí, se fue a una de esas aventuras, pero esta vez es a un lugar que solo él conoce —sentía emoción al escuchar eso y mi padre me brindó una sonrisa más grande.
—Cuando regrese le diré que me lleve a donde fue, quiero ir a donde está él —exclamé entusiasmada, en ese momento no había otra cosa más importante que ir a los lugares que visitó mi abuelo.
—Algún día te llevará con él, pero espero que para ese momento falte mucho tiempo mi niña —mi padre miró en dirección a la cocina donde se encontraba aún mamá llorando—. Ahora ve y abraza a tu madre.
—Está bien. —Le sonreí, pero antes de irme me dirigí a él—: Pero después de abrazarla a ella, también te daré uno a ti, tú también necesitas un abrazo como los que da papá Chris, estás llorando —él no dijo nada más solo sonrió, no esperé más tiempo y me fui directo hacia mi madre, ella con los ojos llenos de lágrimas me abrazó.
Ese fue el primer día en el que experimenté la pérdida de alguien, no estaba consciente para saber la magnitud del problema que estaba viviendo en ese entonces, porque mi inocencia de niña de 3 años no me dejaba. Más tarde comprendí que a papá Chris no lo volvería a ver, a menos no hasta que yo muriera.
Y si algo hubiera podido desear hacer, sería por lo menos darle un último abrazo, llenarme de su cariño, de su amor, de su protección, de su vida. Un último abrazo en el que pudiera despedirme de él, donde le pudiera haber dicho todo lo que lo admiraba, todo lo que lo amaba, todo lo importante que él era para mí.
Pero la muerte no avisa y no da oportunidad de despedirte en algunas ocasiones y eso es lo que nos duele.
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[ Lunes 13 de Junio de 2016 ]
~PRESENTE~
—¿Por qué te retractaste Arlet? —escuché la pregunta al momento de entrar de nueva cuenta a la habitación—. Aún no puedo entender que te llevó a tomar esa decisión.
—A veces, Ruth, tenemos que tomar decisiones que ni uno mismo quiere —respondí mientras me quitaba la chaqueta negra y la dejaba sobre la cama, me giré sobre mis talones para mirar a la pelinegra—. Pero tenemos que pensar por el bienestar de los demás.
—Oh, Dios —Ruth me miró y revisó que nadie estuviera escuchando por el pasillo, cerró la puerta con cuidado y se acercó a mí preocupada—. ¿Tuviste una crisis?
Suspiré cansada mientras me sentaba en la cama, Ruth hizo lo mismo acomodándose cerca de mí. Desvíe la mirada, me daba vergüenza admitir eso en voz alta.
—Sí —afirmé y ella tomó cuidadosamente una de mis manos y la acomodó entre las suyas—. Cuando tú y Nina se fueron sucedió; cuando volví de nuevo, decidí que no iba a participar, no estando así, quería evitar cualquier accidente a toda costa.
—Oh, Arlet —susurró apenada, además noté preocupación en su voz, y era entendible, hacía demasiado tiempo que ya no había sufrido alguna crisis—. Lo siento tanto, si lo hubiera sabido... yo tampoco hubiera... —la interrumpí, no podía seguir escuchando su lástima, su preocupación.
—No, está bien así —le sonreí cálidamente—. Ya ves, aún estoy aquí, no pasó nada malo —ella intentó sonreír, pero falló en el intento.
—No habías tomado tu medicamento, ¿verdad? —sentí su mirada, yo bajé la mía por pena.
Editado: 29.11.2025