Anomalía
Parte II
La palabra seguía suspendida sobre la mesa holográfica.
HUMANIDAD.
Nadie parecía especialmente dispuesto a pronunciarla otra vez.
Aquello, por sí solo, ya resultaba preocupante.
Durante años, los hombres y mujeres reunidos en aquella sala habían tomado decisiones capaces de cambiar el curso de países enteros. Habían autorizado operaciones encubiertas, eliminado amenazas internacionales y sacrificado recursos que la mayoría de los gobiernos jamás podrían permitirse perder.
No eran personas fáciles de impresionar.
Mucho menos de asustar.
Y aun así, el ambiente había cambiado.
Naomi Cross fue la primera en abandonar la postura relajada que había mantenido durante gran parte de la reunión. Se inclinó ligeramente hacia delante y apoyó ambos brazos sobre la mesa, sin apartar la vista de las fotografías suspendidas en el aire.
Cassian Vale.
Aurelia Bennett.
Dos rostros.
Dos expedientes.
Dos agentes que ni siquiera eran conscientes de que doce directores generales estaban discutiendo sobre ellos en una sala que oficialmente no existía.
—No lo entiendo.
La confesión rompió el silencio.
No sonó frustrada.
Sonó sincera.
Y eso llamó la atención de varias personas.
Naomi rara vez admitía no comprender algo.
—Llevo años viendo a HELIOS analizar miles de perfiles. He visto cómo predice atentados, cómo identifica infiltrados y cómo encuentra patrones donde nosotros no vemos nada. Pero esto...
Negó suavemente con la cabeza.
—Esto no tiene sentido.
Volkov permaneció inmóvil.
Demasiado inmóvil.
Observando las fotografías como si esperara que ellas mismas le ofrecieran una respuesta.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
La voz del director fue tranquila.
Controlada.
Pero quienes lo conocían desde hacía tiempo detectaron algo inusual.
Cansancio.
No físico.
Algo mucho más profundo.
El cansancio de una persona que lleva demasiado tiempo enfrentándose a una pregunta sin respuesta.
Richter fue el siguiente en intervenir.
Hasta ese momento había permanecido en silencio, observando la discusión desde el extremo opuesto de la mesa.
Ahora parecía genuinamente irritado.
—Empiezo a cansarme de las medias respuestas.
Las palabras no fueron agresivas.
Pero tampoco amistosas.
—Llevamos meses recibiendo informes clasificados relacionados con estos dos agentes. Cada documento que llega es más extraño que el anterior y, aun así, nadie parece dispuesto a explicar qué demonios está ocurriendo.
Sus ojos se dirigieron hacia Volkov.
Directamente.
Sin rodeos.
—Así que voy a preguntarlo una sola vez.
La sala quedó en silencio.
Nadie lo interrumpió.
Nadie se movió.
Incluso las proyecciones holográficas parecían haberse detenido.
—¿Por qué ellos?
La pregunta quedó suspendida entre todos.
Simple.
Directa.
Peligrosa.
Porque era exactamente la misma pregunta que llevaba meses persiguiéndolos.
Volkov observó nuevamente las fotografías.
Durante unos segundos pareció perdido en algún pensamiento distante.
Cuando finalmente habló, lo hizo sin apartar la vista de los rostros holográficos.
—Porque no deberían existir.
Aquello consiguió que varias personas fruncieran el ceño.
Naomi fue la primera.
—Explícate.
Volkov exhaló lentamente.
Después desactivó todos los gráficos.
Todos los porcentajes.
Todos los análisis.
La mesa quedó prácticamente vacía.
Solo permanecieron las fotografías.
Cassian.
Aurelia.
Nada más.
—Durante siete años observamos a ambos agentes por separado.
Su voz resonó con suavidad dentro de la sala.
—Los resultados fueron exactamente los que esperábamos. Inteligencia superior a la media. Adaptación excelente. Capacidades operativas sobresalientes. Nada que justificara una reunión Nivel Omega.
Naomi asintió ligeramente.
Hasta ahí todo encajaba.
—Entonces comenzaron a coincidir.
La frase fue sencilla.
Pero algo en el tono de Volkov hizo que nadie hablara.
—Entrenamientos, simulaciones, operaciones conjuntas, misiones de campo. Los primeros cambios fueron pequeños. Tan pequeños que HELIOS los catalogó como errores estadísticos.
Volkov hizo una pausa.
Breve.
Controlada.
Como si estuviera escogiendo cuidadosamente cada palabra.
—Después dejaron de parecer errores.
Richter cruzó los brazos.
—¿Qué cambió?
Aquella vez la respuesta tardó más en llegar.
Y cuanto más tardaba Volkov en responder, más incómoda se volvía la sala.
—Los recuerdos.
El silencio fue inmediato.
Naomi frunció el ceño.
—¿Qué ocurre con los recuerdos?
Por primera vez desde que comenzó la reunión, Volkov levantó la vista.
Sus ojos recorrieron lentamente la mesa.
Uno por uno.
Como asegurándose de que todos comprendieran la gravedad de lo que estaba a punto de decir.
—Cada vez que trabajan juntos, aparecen fragmentos que no deberían estar ahí.
Nadie habló.
—Detalles que no existen en sus expedientes; recuerdos imposibles de verificar, conexiones que jamás fueron registradas. Y, lo más preocupante...
Volkov guardó silencio.
Un silencio demasiado largo.
Demasiado pesado.
—HELIOS intenta corregirlos.
Naomi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Porque ya no estaban hablando de compatibilidad.
Ni de rendimiento.
Ni siquiera de dos agentes prometedores.
Estaban hablando de una inteligencia artificial que intentaba eliminar algo.
Y eso era infinitamente más aterrador.
—¿Qué estás sugiriendo exactamente? —preguntó Naomi.
La respuesta de Volkov llegó en un susurro.