Beneath The Alias

LA CITACIÓN

Parte I

La alarma del Instituto Vanguard sonó exactamente a las cinco treinta de la mañana.

La puntualidad era una obsesión dentro de Vanguard.

La disciplina otra.

Y el sufrimiento físico parecía ocupar cómodamente el tercer lugar.

Aurelia abrió los ojos apenas unos segundos antes de que una almohada impactara directamente contra su cara.

—Levántate.

La voz de Emilia atravesó el dormitorio con la misma delicadeza de un misil táctico.

Aurelia permaneció inmóvil.

Quizás, si fingía estar muerta, Emilia se iría.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Estoy considerando seriamente abandonar esta institución.

—Lo dijiste ayer.

—Y anteayer.

—Y la semana pasada.

—Eso demuestra consistencia.

Emilia suspiró.

Aurelia podía imaginar perfectamente la expresión de su amiga sin necesidad de abrir los ojos. Llevaban dos años compartiendo dormitorio y, para bien o para mal, conocía cada una de sus reacciones.

Finalmente apartó la almohada de su rostro y se incorporó lentamente.

El dormitorio ya estaba lleno de movimiento.

Las demás reclutas comenzaban a prepararse para otro día de entrenamiento. Algunas hablaban en voz baja. Otras se dirigían a los baños comunitarios. Unas pocas parecían tan cansadas como ella.

Fuera, la lluvia golpeaba los enormes ventanales del edificio.

Otra vez.

Perfecto.

Nada mejor que correr kilómetros bajo una tormenta para empezar el día.

—Tienes exactamente siete minutos para estar lista. —dijo Emilia mientras revisaba la pantalla de su reloj táctico.

—¿Y si no quiero?

—Entonces Keller te hará correr hasta que olvides cómo caminar.

—Qué hombre tan inspirador.

—Lo sé.

Aurelia dejó escapar un suspiro y se puso de pie.

A veces olvidaba que Vanguard no era una escuela.

Era una fábrica.

Una fábrica de agentes.

Tomaban adolescentes con potencial.

Los entrenaban.

Los moldeaban.

Los rompían.

Y luego descubrían cuáles eran capaces de reconstruirse.

Era un sistema cruel.

Eficiente.

Y aterradoramente efectivo.

Por eso estaba allí.

Por eso todos estaban allí.

Treinta minutos después, el comedor principal hervía de actividad.

Las enormes pantallas instaladas en las paredes proyectaban noticias internacionales mientras centenares de estudiantes desayunaban antes de los entrenamientos.

Aurelia sostenía una taza de café tan cargado que probablemente violaba alguna regulación médica.

No le importaba.

Necesitaba sobrevivir.

—Te ves horrible. —comentó Liam al sentarse frente a ella.

—Gracias.

—Era un comentario sincero.

—Lo sé.

Sofía levantó la vista de su tableta.

—Las evaluaciones físicas comienzan en cuarenta minutos.

—Gracias por destruir cualquier posibilidad de disfrutar mi desayuno. —murmuró Aurelia.

—No deberías disfrutar el desayuno.

—¿Por qué?

—Porque después vas a correr.

—Sofía.

—¿Sí?

—Algún día serás una excelente villana.

Theo soltó una carcajada.

Era raro escucharlo reír.

Theo Mercer hablaba poco.

Observaba mucho.

Y generalmente parecía la persona más sensata del grupo.

Lo cual era preocupante, considerando quiénes eran sus amigos.

—¿Escucharon el rumor? —preguntó Emilia.

Todos levantaron la vista.

Aquello nunca terminaba bien.

—¿Qué rumor? —preguntó Liam.

—Vale rechazó a otra chica.

Aurelia cerró los ojos.

No.

No.

No.

No iban a hablar de Cassian tan temprano.

—¿Cuál de todas? —preguntó Theo.

—La pelirroja del ala norte. creo que su nombre es Meevi.

—La de idiomas.

—Sí.

—Pensé que estaba saliendo con alguien.

—Ya no.

—Pobre mujer.

—Pobre Vale. —corrigió Emilia.

—Debe estar agotado.

Aurelia soltó un resoplido.

—No entiendo la obsesión colectiva que tienen con ese hombre.

Los cuatro la miraron como si acabara de confesar un crimen.

—¿No lo entiendes? —preguntó Liam.

—No.

—¿De verdad?

—De verdad.

Emilia dejó la taza sobre la mesa.

—Aurelia.

—¿Qué?

—Mide más de un metro noventa.

—¿Y?

—Es rubio.

—¿Y?

—Tiene ojos azules.

—¿Y?

—Parece salido de una película.

—Eso explica por qué no sonríe nunca.

Theo tuvo que ocultar la risa detrás de la mano.

Sofía incluso sonrió.

Toda una hazaña.

—Lo digo en serio. —continuó Aurelia.

—No entiendo por qué todas están tan obsesionadas.

—Porque es atractivo.

—También es insoportable.

—Las dos cosas pueden coexistir. —respondió Emilia.

Aquello provocó una nueva ronda de risas.

Aurelia negó con la cabeza.

No era que Cassian Vale le desagradase exactamente.

Bueno.

Quizás sí.

Un poco.

Lo que ocurría era que Cassian tenía la extraordinaria habilidad de hacer que cualquier interacción humana pareciera una evaluación psicológica.

Nunca hablaba más de lo necesario.

Nunca compartía información personal.

Nunca parecía interesado en nada que no fuera entrenar, estudiar o mejorar sus resultados.

Era desconcertante.

Y ligeramente irritante.

Porque una parte de ella sospechaba que, debajo de toda aquella disciplina enfermiza, existía una persona real.

Simplemente nadie parecía conocerla.

El campo de entrenamiento estaba cubierto por una fina capa de niebla cuando los reclutas llegaron.

La lluvia continuaba cayendo.

Los instructores ya estaban allí.

Esperándolos.

Como depredadores pacientes.

Aurelia sintió un escalofrío.

No por el frío.

Por anticipación.

Porque algo en el ambiente parecía diferente aquella mañana.

Todavía no sabía qué era.

Pero lo sentía.



#172 en Ciencia ficción
#388 en Joven Adulto

En el texto hay: #agentessecretos

Editado: 09.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.