Beneficios y No Beneficios

Capítulo 13: Perros.

5 de Agosto de 2019.

 

 

Abigail.

 

 

Mi día no había sido el mejor.

Mi nuevo grupo es demasiado apático, intenté hablar con algunas personas y hacer nuevos amigos pero fracasé, me ignoraron. Ni siquiera pudieron fingir empatía por los demás aunque sea solo cinco minutos, no sé qué mosco les picó que inmediatamente todos decidieron odiar a todos.

En fin, creí que mi día mejoraría pero soy demasiado ingenua que solo pudo empeorar, creí que comunicación sería algo, ¿diferente?

Ninguno de los profesores tiene el mínimo respeto por la carrera, todos hablan de nuestros estudios como algo que "no valdrá la pena" algo que "nunca nos va a dar de comer" y que "terminaremos trabajando en otra cosa" ¿De todos ellos espero motivación?

No pues gracias, todos ellos me dieron ganas de entrar en una profunda y oscura depresión.

De mi primer día puedo llegar a la conclusión de que simplemente no es para mí. No es a lo que me quiero dedicar y no es mi camino, independientemente de lo que las personas digan simplemente no es algo de lo que se me antoje vivir. No me importaría vivir de algo que "no me dé de comer" siempre y cuando me gustara lo que hago. Pero este no es el caso.

Aún así voy a seguir solo este año, las convocatorias para actuación salen hasta el próximo año así que quiero ver que puedo aprender de este medio en dos semestres de carrera, solo espero no morir en el intento. Además de que es estudiar o trabajar y creo que en este momento de mi vida prefiero aprender cosas nuevas, quien sabe, tal vez me termine gustando esto aunque lo dudo.

Decidí largarme a mi casa ya que Daniel dijo que iría allá saliendo, aún así no tengo más que hacer.

Cuando llegué Lia estaba sentada en el sillón así que me acerqué para poder quejarme con ella pero estaba con su cara de cachorrito herido.

Genial, no voy a poder quejarme y tengo que hacer de psicóloga.

—¿Quieres apostar a ver quien tuvo un peor día?—le dije para tratar de romper la tensión.

—Creo que Ray me está engañando—semejante imbécil.

—¿Qué? ¿Cómo es que alguien como Ray puede engañar a alguien como tú? Digo, por obvias razones eres hermosa, sí algo molesta pero hermosa.

Es prácticamente mi espejo.

Lia me explicó porque creía que Ray la engañaba y lamento decir esto pero, lo que sabe hasta ahora no es razón suficiente para que crea que le es infiel, estúpido sí, pero infiel no.

Se lo dije y comenzó a llorar.

—Ay no, no puedo verte llorar porque quiero llorar—sentí mis ojos humedecerse.

Ver llorar a las personas me hace querer llorar y más si no tuve un día muy bueno.

—Lo siento es que estoy muy hormonal.

Lloró aún más y yo también lloré. No puedo evitar llorar al ver a mi hermana así aunque sea por una ridiculez.

A parte de que igual me sirvió para desahogarme. Siempre es buena una lloradita de media hora para el des estrés.

 

 

Mateo.

 

 

Le había dicho a Daniel que lo acompañaría porque soy vecino de su novia y no quería irme solo, no porque su discurso me hubiera motivado a acercarme a Lia, pero ahora él me estaba arrastrando a la casa de enfrente porque "quería que hubiera testigos por si Abigail comenzaba a llorar y no sabía qué hacer".

Dijo que consolarla era tarea del mejor amigo. Viva yo. ¿Cómo diablos voy a saber qué hacer si Abigail llora si esa chica siempre se va corriendo cuando quiere llorar? Eso sí, la he consolado un par de veces pero nunca me escucha, así que no soy el indicado para lidiar con este tipo de situaciones.

Entramos sin tocar a la puerta ya que Abigail le había dado unas llaves, yo igual tengo unas pero siempre están en mi cuarto. Al entrar vimos a las gemelas en el sillón en una especie de semi-abrazo, escucharon que la puerta se cerró y las dos voltearon, ambas tenían los ojos hinchados y un poco llorosos.

Espero que sea porque llegamos en el momento del mes menos indicado y no porque les hicieron algo. Si Ray le hizo algo a Liagibal podría considerarse hombre muerto, claro que no lo digo por mí, lo digo por la familia loca que tiene. Aunque probablemente yo también participaría en cualquier cosa que decidieran hacerle.

—Creí que tardarías más tiempo—dijo Abigail moqueando.

—Milagros del transporte público—se acercó y se sentó a lado de ella—. ¿Todo bien?—ella asintió con la cabeza y él la abrazó no creyendo en su respuesta.

En palabras de Abigail: qué asco me dan.

Me acerque a la sala y ni Lia ni yo sabíamos que hacer, él seguía consolando a Abigail y los dos estábamos callados. Obviamente ella no querría un abrazo mío.

Nunca más debo de dejar que Daniel me incluya en sus planes de ver a su novia.

La puerta se abrió de repente y Jorge vino corriendo al sillón a sentarse en medio de Lia y Abigail y alejándola de Daniel formando un abrazo.

—Ya sé que mis dos chicas están tristes así que les traje una sorpresa.

—¿Y dónde está?—Abigail le preguntó—. ¿Y cómo sabes que estamos tristes?

—Lo encargué con un esclavo pero de seguro el muy idiota ya lo usó como imán de chicas y sobre lo otro, no preguntes.

—¿Lo?—pregunté.

—Más te vale que no sea lo que estoy pensando Jorge Barranco o tu futura esposa inexistente va a quedar viuda—Lia lo amenazó.

—Calma pequeña Lia, vas a amarlo y querrás que se quede en la casa—en ese momento el timbre sonó y Lia fue a abrir.

—Jorge, por mucho que me gusten tus sorpresas no quiero que le den un infarto a la copia, está muy sentimental—Abigail dijo.

Lia ya se había tardado.

—Tranquila, ya llegó el idiota, vamos a ver a Taquito.

Jorge se levantó del sillón y los tres lo seguimos, no sé quién sea Taquito, bueno la verdad es que si me lo imagino pero no creo que se atrevan a traer algo que le de pánico a Lia.




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