Bennu fuego en las sombras (libro 1) Completo

5

Pero no pasó absolutamente nada, seguimos caminando para llegar a la entrada, y la imagen seguía igual. 

—Milena, mejor averigüemos qué es lo que se está quemando —me dijo, mientras que su cara refleja una preocupación enorme.

Yo, en cambio, estaba rebosante de curiosidad, doy un paso al frente sin prestarle atención a Payton y una sensación muy extraña me traspasó el cuerpo, creo que es un déjà vu. 

Escuché a lo lejos, o al menos eso pareció, la voz de Payton llena de pánico, me tomó del brazo empujándome hacia atrás, pero yo seguía adelante, sin bajar la guardia, aproveché la oportunidad para hacerla entrar a ese lugar distinto de la realidad, pero ese entorno ya estaba en mi mente, no era nuevo. Al menos la parte que domina el sentido de la vista, el olor, el sentir, el escuchar y el saborear llenaban todos mis sentidos, me hacía pensar que yo era parte de ese paisaje.

Era de noche y la luna llena alumbraba como una lámpara de petróleo. En la nieve se reflejaba esta luz, el suelo estaba rebosante de esta masa blanca y, el viento soplaba haciendo bailar los pocos copos de nieve que caían hermosamente sobre nuestro cabello, era muy extraño que el viento no se sintiera tan frío, sino que solo era agradable, aunque en algunas ocasiones nos provocaba escalofríos, porque soplaba fuerte y gélidamente. 

Había olor a tierra mojada, pinos, flores de la temporada de invierno y humedad, se escuchaba una cascada a lo lejos y los pájaros cantando, el sabor a algo distinto en mi vida hacía un deleite de la naturaleza de este lugar. 

—¡Milena… Milena… Milena…! —me decía Payton mientras me sacudía de adelante hacia atrás, sujetándome de los hombros. Pero yo la escuchaba lejanamente, me encontraba tan embebida que esos movimientos no fueron suficientes para sacarme de ese estado.

Payton se desesperó tanto que me propinó un gran empujón, caí de bruces en el suelo. Lo helado de la nieve me hizo regresar a la realidad de ese mundo o distinta dimensión. Me puse en pie velozmente en medio de un escalofrío, mi piel se tornó casi morada por el exceso de frío, frotando mis brazos para intentar calentarse. 

Le comencé a gritar. 

—¿Qué te pasa? ¿Por qué me has hecho esto? Podría morir de hipotermia —me puse roja, del coraje que sentía.

—Mejor cállate, porque por tu culpa estamos aquí —y me dirigió una mirada de esas que matarían sin tocarte. 

Respira profundamente, “relájate, ella tiene razón y lo sabes”, pensé y suspiré.

—Sí, tienes razón —le dije estando aún enojada, pero más tranquila, ella se pavoneaba en su victoria. 

Yo seguí caminando aún enfadada, hundiendo mis tenis en la nieve. 

—¿Adónde vas? —cuestionó Payton.

—Quiero ir a investigar, siento que debo hacerlo, ¿tú no lo crees así? Quiero saber qué hay más allá de los árboles o en esa colina. 

—Sí, siento eso, pero hace mucho frío y es de noche, podríamos perdernos y morir de hambre e hipotermia. 

—Pero piénsalo, ¿cuándo se nos puede volver a presentar una oportunidad así? —expuse mi idea.

Ella tenía mucho pavor, lo lograba sentir, siempre he podido hacer eso, soy muy perceptible con los sentimientos de las personas.

Ella no contestó, pero una lágrima se asomó por cada uno de sus ojos, eso fue lo suficiente para derrumbar aquel espíritu aventurero en mí, giramos para salir de este lugar y regresar a la escuela. Para nuestra gran sorpresa, eso no fue posible, por más que caminábamos, no encontrábamos el portal (lo llamaré así. Y esto me recuerda a muchas películas de ficción). 

—Milena, ¿qué está pasando?

—No lo sé, ¿por qué piensas que tengo que saber todo lo que está pasando? Lo único que sé es que algún día de mi vida he estado aquí, o en mis sueños, al menos —le contesté sintiéndome tan mal al no saber qué estaba pasando y aún más cuando alguien se la pasaba recordármelo en cada momento. 

—Tú tienes la culpa, tú fuiste quien me obligó a entrar, por lo tanto, tú eres responsable de todo —contestó Payton, frustrada por todo lo sucedido.

—Está bien, si sigues en ese plan nos vemos después, yo buscaré un lugar en donde pasar el resto de la noche —le dije enojada y me di la vuelta dejándola sola con sus palabras y haciendo una pataleta. 

Momentos después ya se encontraba a la par de mí, le sonreí y ella solo me dedicó una mirada de reproche, caminamos cuesta arriba por la colina nevada, se nos complicaba un poco andar por esta masa blanca, ya que los pies se hundían cada vez más, en ocasiones la nieve nos llegaba arriba de las rodillas.

Al lograr llegar a la cima, lo primeramente apreciable fue un castillo en ruinas, viejo, como los de la época medieval, al observar te podrías dar cuenta que fue atacado con catapultas que lanzaban piedras gigantescas, que aún se encontraban en algunos sitios de este castillo; al acercarnos y observar detenidamente las paredes, nos dimos cuenta de que estas estaban repletas de hollín. 

Los pinos eran abundantes, estaban cubiertos de nieve que se acumulaba en las ramas y parecía que se fueran a caer. Todos los aspectos del bosque llenaban mis sentidos, al igual que en el momento de mi llegada.

—¿En dónde podremos pasar la noche? —preguntó Payton. 

—Hum… ¿Qué tal si entramos en el castillo? Debe haber algo que nos sirva para no congelarnos por la nieve; ya el aire está muy agradable, es algo muy extraño —le dije deseando tanto escuchar un sí, ya que no quería discutir de nuevo. Además, sabía que eso era lo único que podía decir si no quería pasar sola el resto de la noche en este lugar desconocido. 

“Este es el lugar que observé en una visión, que tuve hace poco tiempo”, pensé.

—Está bien, entremos —respondió resignada. 

Caminamos con rumbo a la entrada del castillo, que estaba derrumbada casi por completo. Íbamos a tientas, ya que la luz de la luna entraba muy nítida, era evidente que faltaba algo de tiempo para que el sol dominará este lugar. 




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