Bennu sangre y traición (libro 2) Completo

11

 

Al día siguiente recogí todo lo que había quedado del pícnic fallido y regresé a la casa de Auri. Me cuestionaron de todo lo que había pasado el día de ayer y yo les comenté solo superficialmente, sin tocar el tema de que Milena y Coral estaban en peligro. Tan solo con pensar en las cosas que se avecinaban me robaba el presente y me llevaba a un futuro algo incierto, pero con una certeza, el futuro está teñido de rojo.

Ese día pasó aún más rápido, al igual que la mañana siguiente. Hasta que en la noche del mismo día el portal se abrió, haciéndome recordar que algunas veces los antiguos bennuanos regresan y se posesionan del portal para hacer regresar a los elegidos y todo aquel que ayudara a la dimensión de Bennu.

Ya era hora de partir, la paz y la tranquilidad que había reinado llegaban a su triste final y yo no pude tener ninguna conexión con lo que Sebastian quería hacer o estaba haciendo con las gemelas.

—Vámonos, Bennu nos necesita —les dije. Los últimos días desde mi visita a Bennu estaba demasiado frio y silencioso con Auri, pero no podía ser tierno con todo lo que estaba pasando, tenía más cosas en las que pensar.

“Ya no pensaré en eso” me dije.

—¿Necesitaremos llevar algo? —me preguntó Sally.

—Lo único que necesitamos es ganas de luchar y los brazaletes del Ejército de Plata —intenté sonreír, pero una mueca fue la que se figuró en mi rostro.

Tomé la iniciativa de cruzar hacia nuestro destino inminente. Al llegar, nos encontrábamos en una habitación con artilugios de madera y llena de cuadros con paisajes plasmados, y todos eran de Bennu. En el centro había una mesa de madera no muy sólida, al igual que toda la casa. La reconocí al instante, era la casa de Adeline Crowl, la creadora de las capas.

En la habitación estaba Jared lleno de heridas aún sangrantes, recostado en un sofá, y dos personas lo estaban ayudando a recuperarse, el primero que vi era un joven alto y enclenque, con los ojos color amarillo, al igual que su cabello y con la piel blanca. La segunda persona era una joven que era todo lo contrario al muchacho, ojos oscuros, piel bronceada, peso promedio y muy baja en estatura.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué le han hecho a Jared?

Los jóvenes se pusieron en posición de ataque, pero el hombre que aún estaba muy herido dijo: —Ellos son aliados de los Phoenix, ella se llama Athara y él Sam, me están ayudando a sanar mis heridas.

—Pero dime ¿cómo te ha pasado esto?

—Íbamos a una reunión del grupo de rebeldes contra tu hermano Sebastian, Milena iba conmigo y Blass…—se quedó pensando un momento y continuó con un ataque de ansiedad —¿Dónde está Blass? ¿¡Dónde rayos se metió ese presumido!? —gritaba y se movía demasiado, lanzando golpes a Sam y Athara, le ayudé a los chicos a sujetarlo para poder tranquilizarlo.

—Viejo pataleo, aquí estoy —dijo un hombre azul, semidesnudo, desde el otro lado de la puerta.

—Amigo, pensé que te habían matado los seguidores de Sebastian, los hombres gato —le dijo.

—Jamás podrán conmigo, yo salí casi ileso —dijo Blass.

—Al menos maté cerca de cinco —dijo sintiéndose orgulloso.

—Dejé caer quince de ellos en el volcán del nivel tres.

—¿Cómo los hiciste llegar ahí?

—Estoy mintiendo —dijo mientras se echaba a reír y continuó diciendo — maté tres de ellos, y los demás los encerré en una caverna, haciéndolos pensar que yo estaba adentro y me tenían acorralado, está más que claro que fue una trampa —dijo alardeando.

—Deberían dejar descansar a Jared —los interrumpí.

—Es cierto, yo me encargaré de sus heridas —dijo Athara.

—Te ayudo —dijo Sam.

Ambos jóvenes se acercaron al sofá donde estaba recostado Jared, Sam cosía y limpiaba las heridas con agua, mientras que Athara las sanaba poniendo la mano encima. Cada vez que ayudaba a cerrar una herida se veía un poco más decaída y su cabello negro se comenzaba a poner gris, era como para saber en qué nivel estaba su energía vital.

—Athara, ve a comer algo y descansa —le dijo Sam, después de notar que su cabello largo hasta las rodillas ya estaba de coloración gris más de la mitad.

Yo me había sentado al lado de Sally y Auri, que no habían mencionado ni una sola palabra desde que llegamos a Bennu. Quería hablarles, pero no sabía por dónde comenzar, la temporada donde todo era lindo había terminado y todo por querer y desear salvar a los bennuanos de las atrocidades de mi hermano gemelo, “¿cómo no sentirme responsable de lo que hace?”, me cuestioné.

Después de unos momentos me acerqué a Jared.

—Ya te ves mucho mejor, compañero —le dije para animarlo un poco.

—¿A que nos has traído? —espetó Auri.

—Auri contrólate —le dijimos Sally y yo. Ella se encontraba muy enfadada y no sabía el porqué.

—Es sobre… —se intentaba sentar en el sillón y yo lo ayudé, para que continuara diciendo —Milena, ella está muerta…

—No, esto no es posible, te dije que la cuidaras, que la necesitamos con vida —le interrumpí enfadado.

—Hice todo lo que estaba en mis manos, yo y Blass éramos los únicos en el castillo que somos parte de…

—Pero… ¿cómo lograste perderla?, qué pregunta tan tonta… Milena es demasiado escurridiza y terca —le volví a quitar las palabras.

—De hecho, ella casi nunca se iba de mi lado, ella se encontraba casi deshecha con todo esto que está pasando… La mataron justamente en mis narices.

—¿Qué has dicho?

—Ya déjalo en paz, ¿no ves que está en un estado muy precario? —me dijo Sam haciéndome frente para golpearme.

Grité lo más fuerte que pude, para sacar la ira que sentía.

—Y ¿qué más ha pasado? —le cuestiono un poco más tranquilo.

—Tu hermano es el Rey.

—¿Qué? No es posible. No puedo creer que alguien de mi sangre sea tan malvado como él.

—Pues créetelo, es Sebastian el hombre que ha matado a una de las gemelas, mientras a la otra la tiene como su esposa, así fue como llegó al trono —me dijo Athara.




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