Bennu sangre y traición (libro 2) Completo

19

  

—¿Por qué me estás diciendo todo esto? —cuestionó confundida.

—Creo que mi fin ha llegado, me salvé de una serpiente marina y de morir encerrado en una cueva solitaria y todo gracias a ti. Ya no puedo seguir adelante —dijo mientras que oprimía una de sus heridas que tenía en las costillas.

—No puedes irte… Apenas te conozco, Ángel, pero eres la persona más amable que he conocido en mi vida —dijo con lágrimas en los ojos, mientras que yo sentía un nudo en la garganta y recordaba todos esos momentos felices cuando lo vi en Nacteo y era tan humano. Y ahora está aquí con nosotros sufriendo demasiado, y todo por tratar de salvar esta dimensión donde no ha pasado gran parte de su vida, pero es donde sus abuelos viven y tiene como obligación cuidarla.

Fara se veía tan decaída como Ángel, las lágrimas caían por sus mejillas, una tras otra, él le limpió las lágrimas e intentó seguir caminando, quería hacerse el fuerte.

—Sigamos adelante, tenemos una gran tarea por hacer —dijo Ángel, con la voz temblorosa.

—Pero tú deberías descansar —dijo Fara entre sollozos.

—Ya, háganse a un lado y déjenmelo todo a mí —interrumpió Dael.

—¿Qué le vas a hacer? —dijo Fara intentando no gritarle.

—Cállate y lo verás —dijo Dael con tono arrogante.

Ángel ni nadie más habían hablado, queríamos movernos, pero no pretendía perder a uno de mis mejores amigos, quizás Dael aún conservara alguno de los poderes de Zero como hizo hace un momento con el viento.

Dael se hincó frente a Ángel, que ya estaba con los ojos cerrados, pero aún respiraba, Fara no se movió del lugar donde se encontraba, no iba a permitir estar lejos de él antes de que…

—Muévete Fara —soltó Dael.

—No.

—Como tú quieras, era mejor que no vieras esto.

De cierta manera los poderes de Zero seguían ahí, pero ahora era un poco más inteligente, estaba planeando hacer algo para salvarle la vida, solo que no iba a ser tan fácil. Esto era sencillo de deducir por la expresión en su cara.

—¿Alguien aquí es primo, hermano, sobrino o algo de Ángel? —exclamó Dael después de observar la herida, la pérdida de sangre y la palidez en la piel de Ángel, después también vio sus encías.

—Yo lo soy —dijo la reina Firella.

—¿Qué? ¿Cómo? No entiendo a qué te refieres, madre.

—Sebastian es tu abuelo; él es mi padre y él es medio hermano de Kyle Phoenix, el príncipe que se perdió en el limbo y llegó a Nacteo, al igual que Joseph Lee en una de sus aventuras, se quedaron allá y tuvieron familia, Ángel es de nuestra sangre, porque en realidad nosotras también somos Phoenix ilegítimas.

—Si quieren que se salve Ángel, es necesario continuar con esto. Reina Firella venga rápido —exclamó Dael.

La reina se acercó rápidamente, poniéndose al lado de Ángel, quien ya respiraba muy lentamente y tenía la boca abierta para tratar de que entrara más aire por su boca.

—Necesitamos hacer una transfusión de sangre, ¿está dispuesta? —continuó Dael.

Después de unos instantes de duda donde la reina veía fijamente a Fara que lloraba en el hombro de Firh silenciosamente, miro los ojos color ámbar de Dael y asintió. Él le tomó el brazo derecho a la reina Firella y le enterró una navaja que llevaba en el cinturón, después colocó una pequeña línea esférica que no sé cómo se llaman, creo que había escuchado a Milena decir que se llaman mangueras, la insertó en una vena de la reina y después hizo lo mismo en el brazo derecho de Ángel.

La reina tenía una expresión de admiración, veía fijamente ese objeto extraño que los unía, volviéndolos todavía más parecidos e imposibilitando el amor de su hija.

—Con eso es suficiente o vaciaremos a la reina, le he sacado al menos dos litros, aunque necesita algo más que eso —dijo el guerrero mientras que le quitaba el extremo de la manguera a la reina y se hacía a sí mismo una incisión para transferirle más sangre a Ángel.

Dael tenía cierta expresión especial en sus ojos, era una mezcla de bondad y lástima que hacía que sus ojos brillaran con la sombra de varias lágrimas que querían salir. Sin previo aviso se quitó la manguerita y después a Ángel, haciendo presión en la herida de él y en la suya, mientras que la reina ya se había atado un trozo de su vestido que había rasgado.

—Con la sangre que ha donado la reina Firella, más la mía que es curativa por el don que solía tener cuando era Zero, Ángel se sanará, pero todavía requiere descansar unos momentos. Deberíamos acampar por un cuarto de luna y después entrar a atacar, así la reina, Ángel y yo estaremos listos para luchar, y por cierto, tengo esto —dijo mientras sacaba un objeto que me parecía muy familiar de su capa, era uno de los brazaletes de los soldados del ejército de plata y sin temor a equivocarme podía decir que era el de Ángel.

—¿Qué es eso? —dijo Fara.

—Es el brazalete de Ángel, alguien se lo había robado, uno de los seguidores de Sebastian lo tenía y se lo quité cuando terminé con su vida —dijo Dael como si no tuviera importancia alguna y continuó diciendo —deberías ponérselo, quizás le sirva de algo a ese pobre hombre.

Fara se acercó con paso indeciso y tomó el brazalete de la mano de Dael, que estaba recargado en la pared al igual que la reina y el resto del equipo de rescate, Fara lo veía muy interesada.

—No te lo pongas —le dije rápidamente —el brazalete ya tiene dueño, cuando alguien más lo usa absorbe sus energías, utilizándolas para mejorar su nivel de rendimiento en las peleas, además tú ya tienes tu brazalete de elementos.

—No me lo iba a poner —dijo cortante.

Después de un rato de silencio la mayoría se quedaron dormidos, muchas de las ninfas regresaron con nosotros a esta posición para descansar y continuar con un nuevo ataque. Ya se les había planteado a todos la forma en que íbamos a atacar, Dael era quien había hablado, les dijo que las ninfas se encargarían de los guardianes, mientras que nosotros buscábamos a los demás elegidos e intentábamos atrapar a Sebastian.




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