Besar al príncipe

Capítulo 34

—¡Aquí está tu pedido!

La pelirroja los interrumpió, con una enorme sonrisa. Nabil tomó distancia. Recibió el kit para cultivar hongos y el ramo de flores.

—Gracias.

—Con gusto. Vuelve pronto.

—Definitivamente volveré —forzó una sonrisa. Jamás volvería en su vida. Aunque intentó volver a leer los sentimientos de la pelirroja, no logró nada y eso le dio pavor. Se dirigió a Arthur y alzó su mejilla como gesto de despedida—. Nos vemos.

Se marchó, sin esperar una respuesta de su parte.

Conocía a Nabil desde que eran niños. Siempre había sido muy alegre y cálido.

Pero las cosas cambiaron luego de lo que sucedió con su madre.

Aunque el resto del mundo pensó que nada en su personalidad había cambiado, no fue así. Por más que Nabil se esforzara en mostrarle al mundo que seguía siendo alegre y cálido, Arthur sabía que realmente no era así.

Por esa razón no le agradaba que fuese tan cercano a Odile. Ella…

Era muy inocente e ingenua.

Temía que saliera lastimada al involucrarse con él.

—¿Todo bien?

Alzó la mirada, cruzándose con los ojos inquisidores y preocupados de Marlee. Forzó una sonrisa.

—Sí. Estaba conversando un poco con Nabil —se excusó—. ¿Hace cuánto llegaste? ¿Tenías mucho esperándome?

—Acabo de llegar —dijo, sonriente—. ¿Nos sentamos?

Él asintió y le hizo un ademán para guiarla a la mesa. Observó de reojo a Marlee mientras tomaba asiento y hacía su pedido. Los rayos del sol que atravesaban la ventana iluminaron su cabello rubio. Su sonrisa estaba igual de radiante que siempre y sus ojos lucían cálidos y tan refulgentes como aquel día despejado.

«Está loca por ti».

Si hubiera escuchado lo mismo hace unos meses, él también hubiera enloquecido. Estaba seguro de que su corazón habría explotado.

La chica que le había salvado la vida de forma tan desinteresada, la amante de los hongos, que sobrevivía día a día a la pérdida de su madre y que aun así seguía viendo las cosas hermosas en los pequeños detalles…

Estaba loca por él.

Entonces, ¿por qué su corazón no latía de la forma en que lo había imaginado?

¿Era paz porque ya se encontraba con ella?

—Vi que Nabil llevaba un ramo de flores y unos hongos —comentó Marlee—. Es muy detallista con Odile ¿no lo crees?

Su pulso se aceleró de golpe. Volvió a obligarse a sonreír mientras extendía sus brazos para cortar los waffles de Marlee. Ella sonrió, maravillada por su caballerosidad.

—¿Cómo podrías saber que son para Odile? —inquirió, fingiendo sentirse despreocupado, cuando en realidad su corazón estaba latiendo como un poseso.

—Son como uña y mugre y Odile es la única chica que conocemos que está obsesionada con los hongos —comentó.

Arthur cortó cada trozo con sumo cuidado, sin dejar de ver el plato—. Creí que también eras amante de los hongos.

Marlee alzó sus cejas, confundida.

—¿Disculpa?

—Siempre me contaste de tu fascinación por los hongos —sonrió, con un brillo extraño en los ojos, aun sin dejar de ver el plato.

La sonrisa de Marlee se congeló en su rostro. Su pulso también se disparó.

—Aaah, sí. ¡Me encantan los hongos! —afirmó efusivamente.

—Marlee —le llamó él, dejando los cubiertos sobre la mesa y volviendo a su posición en la mesa.

—¿Sí?

Arthur la miró fijamente a los ojos. No de forma acusatoria, sino con cierta clemencia.

—¿Estás mintiéndome?

Ella palideció. Sintió de pronto que aquel frágil castillo de naipes que había construido con sus mentiras estaba tambaleándose.

—¿Qué? —balbuceó—. ¿Po-por qué piensas eso?

—Cuando me invitaste a esa videollamada con tus padres, no lo medité en ese instante hasta que mi mente dejó de… estar tan alterada por tantas cosas —comentó él, recordando que aquella noche había estado aturdido por haber pasado casi todo el día con Odile—. Recordé que, en nuestros correos, me habías contado que tu madre había fallecido por no poder recibir un riñón a tiempo y que por esa razón hiciste una donación altruista.

—Yo… —Marlee estaba paralizada. Sus ojos se nublaron—. Si sabías que mentí, ¿por qué me trajiste estas flores?

El corazón de Arthur se fracturó.

Así que sí había mentido…

Agachó la mirada, decepcionado. Un gesto que devastó a Marlee.

—Quería darte la oportunidad de que pudieras explicarme. Sé que no eres una mala chica. Debes haber tenido tus razones.

El corazón de la rubia se oprimió dolorosamente al escucharlo.

Tenía la oportunidad de ser honesta con él, una vez más. Si tan solo hubiera sido un poco cruel con ella, tan solo con su mirada o su tono de voz, quizá habría tenido la valentía de decirle toda la verdad.

Pero él la miraba con una dulzura y comprensión que le calentaba el pecho.

Ningún chico la había visto así jamás y tampoco le había brindado tal confianza.

Si era honesta, ¿él seguirá mirándola con la misma ternura y comprensión a pesar de haber sido una mentirosa?

—Yo… mentí sobre muchas cosas durante nuestros correos —mintió, entrelazando sus manos para calmar el nerviosismo—. Temía que al darte datos verdaderos sobre mí pudieras lograr descubrirme fácilmente.

—Entonces, la muerte de tu madre…

—Lo dije para que no hicieras más preguntas.

—Si es así, ¿qué fue lo que realmente te orilló a donar un riñón de forma altruista?

Marlee respiró profundo y luego soltó un sonoro suspiro.

—Dime, ¿sales conmigo porque te gusto o solo porque te doné mi riñón?

—Marlee—

—Desde que te confesé que yo era esa persona, no dejas de hablar sobre nuestros correos y de preguntarme sobre cómo me sentí antes, durante y después de la operación ¡Y ahora me interrogas de esta forma! —exclamó, poniéndose a la defensiva—. Comienzo a pensar que la única razón por la que te fijaste en mí fue por lástima. Solo quieres buscar la forma de compensar lo que hice por ti…




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