“Estos no son mis sentimientos. Le pertenecen a Odile”, se convenció.
El príncipe se interpuso en su campo de visión, aturdiéndola por el gesto.
—¡Octopus! —le llamó, serio.
Arthur se apartó de Marlee para ver quién lo había llamado. Al ver de quién se trataba, endureció su gesto, pero en cuanto notó que había una pequeña pelinegra detrás de él, suavizó su gesto y empuñó sus manos.
—Nabil.
El príncipe entrelazó su brazo con el de Odile. Aunque ella intentó deshacerse de su agarre y salir corriendo de allí, Nabil se lo impidió.
—El de la camilla es uno de tus amigos, ¿no? —inquirió el príncipe una vez que estuvo frente a él. Arthur no podía apartar la mirada de sus brazos entrelazados—. ¿Se encuentra bien?
—Sufrió de una convulsión. No quisieron darme más información al respecto, pero sus padres están por llegar —respondió con sequedad. Sus palabras llamaron la atención de Odile, quien dejó de forcejear y concentrarse en sus sentimientos, para volver a centrarse en lo ocurrido en la universidad—. ¿Ustedes qué hacen aquí?
—Tu amigo no fue el único que sufrió de convulsiones. Odile—
—¿También tuviste una crisis? —le interrumpió Arthur, aproximándose a ella. La sujetó de los hombros y la apartó de Nabil. Sus ojos la barrieron de arriba hacia abajo, intentando encontrar alguna herida—. ¿Te encuentras bien? ¿Por qué no están en urgencia? ¿Te dieron de alta tan pronto?
La reacción no pasó desapercibida para Marlee y mucho menos para Nabil, quien —aunque intentó por todo los medios ver el rostro de Arthur— este se lo impidió, dándole deliberadamente la espalda.
Odile se apartó de Arthur, sin dirigirle la mirada. Sonrió a boca cerrada.
—Me encuentro bien. Estamos aquí porque estuvimos cuando algunos compañeros colapsaron.
—Odile le dio primeros auxilios a varios de ellos —añadió Nabil, sonriente—. ¿No es ella maravillosa?
Arthur presionó sus labios, sabiendo que Nabil solo lo estaba provocando.
—Vaya, Odile, eso es increíble —le halagó Marlee, con una sonrisa tensa. Por alguna razón, se sintió como una completa intrusa—. Sin duda estás llena de sorpresas.
Odile sonrió, avergonzada. Cuando se dirigió a Arthur, su gesto cambió a uno más esquivo.
—¿Podría hablar contigo un momento, Arthur?
A todos les tomó desprevenido el pedido de Odile. Él asintió, sintiendo una pizca de victoria ante Nabil.
—Por supuesto.
👑👑👑👑
—¿Cómo te sientes? —inquirió Odile—. Debió ser difícil para ti ver a tu mejor amigo así.
Arthur sonrió, agradecido por su preocupación.
—Lo fue —suspiró—. Sus padres van a divorciarse. Así que supongo que eso contribuyó a que colapsara así.
—Fueron varias personas las que colapsaron, casi al mismo tiempo. Lo que le ocurrió a tu amigo no fue un caso aislado —comentó Odile—. Puede que tengan algo en común.
—¿Algo como qué?
—Bueno, su reacción era propia del…, consumo de algo.
Arthur frunció el ceño. Cuando Odile le pidió hablar, nunca imaginó un tema de conversación así.
—¿Qué estás insinuando?
—Quizá, la separación de sus padres influyó para—
—¿Esta es la razón por la que querías hablar conmigo? —inquirió, sintiéndose insultado—. ¿Querías interrogarme para ver qué información podías sacar? ¿Ahora eres policía?
—Solo intento esclarecer esta situación.
—¿Por qué no le dejas eso a las autoridades en vez de levantar calumnias contra alguien que no conoces? —espetó, molesto—. Has pasado demasiado tiempo con Nabil.
Odile sonrió con amargura.
—Eres un caradura.
—¿Qué acabas de decir?
—¿Qué tiene que ver Nabil en todo esto? —replicó, molesta.
—Eres una recién llegada, Odile. No conoces ni un ápice a Nabil. Hay más probabilidades de que Nabil esté involucrado antes de que Tristán lo esté.
—¿Te ofendes porque cuestiono a tu amigo sin conocerlo, pero tú no dudas en incriminar al mío?
—¡Conozco a Nabil, por eso te digo que no deberías involucrarte con él! —exclamó, perdiendo la paciencia. Le irritaba que Odile lo atacara sin remordimiento alguno y que, para colmo, defendiera a capa y espada a ese ruin—. Deberías escoger mejor tus amistades.
—Trabajo en ello —dijo, dolida—. Y considero que voy por buen camino —le dio la espalda y se marchó. Pero giró sobre sus talones para volver a enfrentarlo—. Y jamás levantaría calumnias contra alguien que no conozco. Todas las preguntas que te hice fueron basadas en hechos. No soy como tú y Nabil tampoco lo es.
—¿Disculpa? —inquirió, ofendido—. No te atrevas a compararme con él. No somos iguales.
—Tienes razón. Son muy diferentes.
—¡Ya deja de defenderlo, joder! —exclamó, colérico. Odile se tensó al escucharlo—. Mis padres te adoran y ni hablar de mis hermanos. Me siento en el deber de velar por ti.
—Deja de sentirte en deuda por eso. Imagino que debe ser una lucha terrible para ti tener que preocuparte quién se involucra con esta fea, rara y escalofriante chica —replicó, con el rostro rígido.
Arthur sintió que su corazón cayó al suelo al escucharla y ver su mirada vacía.
¿Ella había escuchado esa conversación?
¿Y aún así lo había tratado con tanta amabilidad?
Se sintió miserable.
—Odile… Deja que te explique—
—Solo me he equivocado una vez en mis expectativas sobre alguien y fue contigo —le interrumpió con tono decaído—. Creí que eras generoso y de buen corazón… En verdad yo… —sus ojos se nublaron, pero su gesto se endureció—. Creí que yo era el problema. Qué tal vez no era merecedora de tener una amistad como la tuya. Pero ahora sé que poco merecedor eres tú. Jamás me relacionaría con alguien tan mezquino y superficial como tú.
Arthur sintió que le habían disparado a quemarropa en el pecho. Su corazón fue herido, pero su orgullo parecía abarcarlo todo y no le permitió aceptarlo. Se negaba a admitir que estaba volviéndose loco por aquella chica extraña y que podía hacer lo que quisiera con él.
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Editado: 26.12.2025