Besar al príncipe

Capítulo 48

Odile y Nabil se dirigieron de inmediato a la universidad en busca de la profesora Peterse. Sin embargo, antes de entrar al edificio, Gretel se encontró con ellos en el estacionamiento principal y les comentó que, a raíz de lo ocurrido, la profesora Peterse estaba siendo entrevistada por varios periodistas y medios de comunicación.

La entrevista estaba siendo emitida por televisión.Odile se sorprendió al escuchar que incluso la alcaldesa se encontraba allí.Gretel les sugirió que la vieran con ella, con Eleanore y con Hansel, quienes incluso ya habían comprado palomitas y la estaban esperando en el comedor de ciencias sociales.

Una vez que llegaron al comedor, Hansel se levantó del asiento y miró a su hermana, horrorizado.

—¡¿Por qué tardaste tanto?! Esta bestia estaba a punto de comerme a mí.

—Estoy segura de que el estiércol sabría mucho mejor —masculló Eleanore. Hansel abrió la boca, luciendo ofendido.

Antes de que él pudiera replicarle, Gretel se sentó en medio de ambos y dejó las palomitas sobre la mesa.

—Dejen de pelear. No vamos a poder escuchar bien la entrevista. —Los riñó y luego le dirigió la mirada a Odile y a Nabil—. Ustedes tomen asiento también.

Odile fue la primera en tomar asiento y luego le siguió Nabil.

Sus piernas chocaron levemente, pero aquel contacto físico fue suficiente para alterar los nervios de Odile. Prefirió no mirarlo a los ojos y fingir demencia, aun cuando su corazón parecía haber perdido el sentido del ritmo natural de sus latidos desde que había salido de aquella cueva recién descubierta.

«Siempre serás mi painita».

Tan solo recordar aquellas palabras hacía que su pecho se sacudiera violentamente.

—La profesora Peterse no se siente cómoda con esta entrevista.

—¿De verdad? —inquirió ella. Nabil asintió en respuesta.

Odile volvió a fijarse en la pantalla. La profesora estaba en medio del profesor Curtis (el veterano de guerra) y el rector de la universidad. Recordó la vez en que los había visto a ambos en el bosque y se preguntó por qué la señorita Peterse estaba teniendo esos sentimientos al lado de alguien con el que estaba familiarizada.

Muy familiarizada.

—Oh, ahí está la alcaldesa —comentó, emocionada.

Nada le hacía más ilusión que ver a dos mujeres que admiraba siendo entrevistadas juntas.

Señorita Peterse, ¿qué la impulsó a escalar el monte Everest? —inquirió el periodista que la entrevistaba.

Mi nombre —respondió la señorita Peterse, tajante.

Hubo un silencio incómodo y luego una sonrisa apenada por parte del periodista.

Oh. ¿Por qué le pusieron ese nombre?

A mi papá le gustaba. Él también escaló el monte Everest. Dos veces.

¡Increíble! Así es que es como un legado familiar. ¿Qué lo impulsó a él?

Definitivamente, no fue su nombre.

Todos los que se encontraban alrededor de la profesora comenzaron a reír. Incluso ellos, que se encontraban en el comedor. Sin embargo, Nabil se mantuvo serio. Una reacción que no pasó desapercibida para Odile.

—¿Está todo bien, Nabil?

Él dejó de fruncir el ceño y levantó la mirada para dirigirse a Odile.

—La profesora Peterse está incómoda—respondió él, llamando la atención del resto de sus compañeros.

—¿“Incómoda”? —inquirió Gretel.

Tanto ella como Odile volvieron a posar su atención en la pantalla. Viendo con mayor detalle, notaron como la señorita Peterse se mecía disimuladamente y entrelazaba sus dedos.

— Deberíamos ir —sugirió Gretel, poniéndose de pie.

El resto no tardó en seguirla. A Odile le pareció extraño la repentina prisa de su amiga, como si supiera algo que ella no sabía. Le echó un vistazo a Nabil y se aproximó a él de forma disimulada mientras caminaba.

—¿Tienes alguna idea de por qué podría sentirse incómoda? —le preguntó en un susurro.

—Sí.

—¿De verdad? —Se aproximó más a él, intrigada—. ¿Cuál es la razón?

Nabil sonrió satisfecho ante su cercanía. Un gesto que no pasó desapercibido para ella. Azorada, retrocedió un paso. Él negó, divertido.

—Es un secreto —respondió. Odile apretó los labios, molesta. En respuesta, Nabil entrelazó su brazo con el de ella para luego recostar la cabeza en su hombro—. No te enojes conmigo, es un secreto que no me pertenece.

Odile sintió su corazón salir disparado. Intentó por todos los medios deshacerse de su agarre.

—No estoy enojada contigo. Ya suéltame.

—Lo estás —dijo él, aferrándose más a ella.

Por cada apretón o acercamiento que Nabil le daba Odile sentía que se convertiría en un tambor humano. Sus latidos se volvían cada vez más fuertes y furiosos, así que desistió de la idea de deshacerse de su agarre y se concentró en acompasar su respiración para no perder la cordura.

No era la primera vez que Nabil se portaba tan empalagoso con ella (una actitud ocasionada por ella al haber invadido en un principio su espacio personal). Sin embargo, ahora su cercanía le resultaba…

Inquietante.

—Odile y yo estábamos pensando en unirnos al club de teatro —comentó Nabil. Agradeció que cambiara de tema para no tener que darle vueltas a sus pensamientos—. Oí que la profesora Peterse será la encargada. ¿Quieren unirse a nosotros?

La pelinegra lo miró como si hubiera perdido la cabeza.

Apenas y podía lidiar con la idea de ella actuando, ¿y ahora quería que lo hiciera frente a sus amigos?

—Eso suena divertido —declaró Eleanore, con una sonrisa que rayaba la insana competitividad—. Me gustaría interpretar a un dragón abominable.

—¿Ya no lo estás interpretando…? —masculló Hansel. Su hermana le pellizcó el costado, haciéndolo chillar— ¡Auch! —se quejó, molesto.

—Creo que podría intentarlo —repuso Gretel, sonriente—. Podríamos hacer una obra acerca de una leyenda de Barley o de cualquier otro lugar. La señorita Peterse es una experta en historias, así que estoy segura de que armará algo fabuloso.




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