—¿Cita académica?
Ella asintió en respuesta.
Marlee la miró, con una sonrisa incrédula impresa en el rostro.
Odile casi perdió el control sobre sus extremidades al leer el primer mensaje de Nabil.
Estaré ansioso hasta el momento de nuestra cita.
Por suerte para ella y sus nervios, seguidamente de ese, llegó uno que logró aclarar los malentendidos que su cabeza armó.
Para nuestra cita académica, quiero decir. Es mi primera vez como tutor de teatro, así que eso me pone nervioso y emocionado al mismo tiempo.
—Será en el teatro de Barley —explicó Odile por celular—. Estoy segura de que todos irán muy bien vestidos y no quiero arruinarlo.
—¿E hiciste una videollamada conmigo para que te aconsejara? ¿No tienes amigas?
—Por supuesto que las tiene. Estamos aquí —respondió Gretel, casi metiéndose en la pantalla—. Pero yo apenas sé vestirme a mí misma y a Eleanore… —Miró a la enorme rubia recostada en la cama de Odile mientras se comía unas botanas que ni siquiera eran distinguibles por la cantidad de salsa y ensalada que tenían encima. Hizo una mueca de asco—. ¡Eleanore, no se come en la cama y menos si no es tuya!
—No sabía que habíamos traído a nuestra abuela a la pijamada.
Gretel desapareció del campo de visión de Marlee y fue reemplazada por Odile, quien le sonrió, avergonzada.
—Aunque ellas supieran cómo vestirme, fuiste tú quien me compró los atuendos. Además, di-dijiste que eras mi hada madrina —expuso, avergonzada.
Marlee se arrepintió de la frialdad con la que se había dirigido a ella y se sintió conmovida. Si hubiera sido ella en la situación de Odile, posiblemente jamás le hubiera vuelto a dirigir la palabra. O quizá no habría llegado a tal extremo, pero en definitiva no le hubiera brindado ni un gramo de confianza.
Sin embargo, Odile no solo estaba acudiendo a ella para algo tan importante, sino que también estaba dejando en sus manos su propia apariencia.
Si había algo que le apasionaba a Marlee, era el comportamiento humano. Viéndolo desde el punto de vista racional, no era tan descabellado que una chica que siempre había sido marginada por cómo se veía acudiera a la chica a la que le sucedía todo lo contrario. Podía decirse que Odile había acudido a su persona porque añoraba ser como ella o al menos conseguir lo que tenía (y jamás había pedido). No obstante, Odile no le había pedido que fuese a su casa y le ayudara arreglarse —como lo hubiera hecho alguien cuya intención hubiera sido obtener algo a cambio— en vez de eso, le pidió que la guiara para hacerlo por sí misma y corriendo el riesgo de lucir fatal. Además la había invitado a tomar el té en agradecimiento.
Ahora entendía por qué Arthur había comenzado a sentir cosas por ella.
Arthur.
¿Debía decirle que Odile iría a una “cita académica” con Nabil?
Lo más conveniente era que no lo supiera.
Suspiró.
—Me convenciste con eso —dijo finalmente—. Anda. ¿Por qué no pruebas el conjunto de color ciruela profundo? Siento que te quedaría perfecto. A ver, pruébatelo. Mientras tanto, yo iré de camino.
—No es necesario. De verdad.
—Por supuesto que sí. Incluso quien quiere hacer las cosas por sí solo necesita guía.
—De acuerdo. Muchas gracias, Marlee.
—Es lo menos que puedo hacer —refunfuñó.
En menos de quince minutos su taxi se estacionó frente a la casa de Odile. Comenzó a arrepentirse a medida que se fue acercando a la puerta. Podía lidiar con Odile, pero le sería aún más complicado lidiar con sus amigas, ya que no tenía un perfil claro de ellas.
Marlee no tenía muy buena experiencia en cuanto a relaciones femeninas se refería ( no la tuvo con su madre y mucho menos con el resto de la población de su mismo sexo). Mientras los hombres la veían como un objeto muy reluciente, las chicas la veían como una competencia o posible amenaza.
La única forma que encontró para encajar, fue actuar como una tonta, según lo que se esperaba de ella. Una mujer linda, despistada, torpe y que sabía lo necesario para no hacer sentir inferior a los hombres y espantarlos, pero tampoco lo suficientemente tonta para ser rechazada por las mujeres.
Mantener una dinámica así, era agotador. Luego, se volvía doloroso cuando todo aquel esfuerzo no funcionaba y al final, quedaba una resignación que causaba una profunda soledad.
Y esa eran las razones por la cual evitaba, en lo posible, interactuar más allá de la superficialidad.
Respiró profundo y tocó la puerta, obligándose a esbozar su habitual sonrisa cálida.
El gesto quedó congelado en la cara al ver a una rubia de casi dos metros —y con el rostro completamente cubierto de salsa— abrirle la puerta.
Era una chica hermosa a pesar de lo descuidada que parecía. Su cabello rubio caía por sobre su rostro y sus brazos tonificados. Sus labios eran gruesos, su nariz refinada y sus ojos fastidiados eran de un verde intenso; como el de un bosque cubierto de rocío.
—Santo cielo… —murmuró. Por inercia, sus manos fueron directamente a los bíceps de Eleanore, viéndolos completamente maravillada—. Jamás había visto unos bíceps así. No tienes idea de todo lo que he hecho para tenerlos de esa forma. Incluso análisis fisiológicos para medir mi metabolismo pero…
Eleanore sonrió, egocéntrica—. No tengo la menor idea de lo que hablas, pero gracias —dijo, mostrando con más orgullo sus brazos—. ¡Oigan, me agrada esta chica!
—¡Marlee! —Odile salió al pasillo.
La castaña la observó sorprendida.
El atuendo le sentaba muy bien.
La mayoría de los atuendos de Odile tenían tonalidades oscuras, por esa razón se había inclinado por una estética “dark romantic”.
Lucía una blusa asimétrica de un solo hombro de tela traslúcida teñida de un tono cereza oscuro. Era evidente que Odile no se sentía muy cómoda con el hombro izquierdo al descubierto, pero el detalle le sentaba de maravilla, dejando ver el contraste entre el cereza profundo y la tez blanca de su piel. Además, las mangas largas de la blusa en tipo campana compensaba la ligera muestra de piel. La parte inferior de la blusa caía en un dobladillo hasta las caderas, como si fuera un pequeño faldón que estaba rodeado de una cadena plateada para la cintura. La parte inferior estaba diseñada para resaltar el protagonismo de la blusa, siendo tan solo un pantalón negro de tiro alto, muy ajustado a la rodilla y con un marcado corte acampanado.
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Editado: 03.08.2026