Besar al príncipe

Capítulo 56

Odile alzó sus cejas, impresionada.

¿Todo ese tiempo pudieron haberse saltado esa fila y él simplemente no quiso?

Quiso hablarle y felicitarla, pero sus sentimientos cambiaron en cuanto notó que toda la atención de aquella hermosa chica estaba puesta sobre Nabil.

Sus ojos brillaban y su sonrisa era enorme y radiante. Se deslumbró aún más al ver el ramo de flores en las manos de Nabil.

—¿Son para mí? —inquirió, en un tono dulce, cálido y, sobre todo, lleno de ilusión. Nabil asintió y se las tendió—. ¿Por qué no me avisaste que vendrías? Tenía tanto tiempo sin verte o saber de ti. De hecho, acepté este papel con la única condición de hacer una función aquí con la esperanza de poder encontrarte o al menos invitarte. No sabía si enviar la invitación al castillo o—

—Tu actuación fue espléndida —le interrumpió Nabil, sin dejar de sonreír—. Sigues siendo la mejor bailarina de todas, por esa razón traje a una amiga conmigo —dijo, señalándola—. Es su primera vez en un teatro y le daba curiosidad la obra. Su nombre es Odile.

Beatriz se tensó al escucharlo. Miró hacia un lado y observó a la pelinegra.

Odile le saludó con una sonrisa tímida. Aunque, en el fondo, aquellas sensaciones que había experimentado con Nabil de pronto se habían convertido en un terrible malestar.

No era estúpida. Le bastó solo un segundo de interacción para darse cuenta de que había ocurrido algo entre ellos.

Además, ¿por qué le molestaba que la presentara como “amiga”?

—¡Odile, qué espléndido nombre! —exclamó Beatriz—. Ahora sé por qué eres amiga de Nabil. El cisne negro es su personaje favorito. Por eso siempre procuro hacerlo lo mejor posible. Es un profesional exigente al que respeto mucho —declaró y luego se dirigió a él—. No voy a mentir. Admito que me alegra que hayas sido tú quien haya decidido dar el primer paso y venir aquí… —De nuevo, se formó una extraña tensión que solo generó más pesadumbre en el pecho de Odile—. Pero bueno, creo que ahora tengo una mayor presión a cuestas con Odile.

—¿Co-conmigo?

—¡Por supuesto! Ha sido tu primera experiencia en el ballet y en el teatro. Me gustaría saber qué te pareció.

—Fue increíble. Tú fuiste increíble.

—Eso me alegra incluso más que cualquier halago de este hombre —bromeó y le sonrió, cálida—. Creo que no te olvidaré, Odile. No solo por tu nombre. Significa mucho para mí haber sido tu primera experiencia en el teatro.

—Más bien gracias a ti. Fuiste quien hizo especial mi primera experiencia.

—Oye, fui yo quien te trajo —se quejó Nabil, sin disimular la molestia que le causaba que Odile le dirigiera esas palabras a otra persona que no fuese él.

Odile le sonrió—. Gracias a ti también por traerme. Tenías razón cuando dijiste que tendría que agradecerte al final. Fue una experiencia completamente mágica. Una de las mejores de mi vida.

Los ojos de Nabil parecieron volverse más profundos y vibrantes ante sus palabras. Para Beatriz no pasó desapercibido, pero para Odile —quien aún estaba asimilando aquella repentina relación entre aquella hermosa mujer y Nabil— fue imperceptible.

—Fue un placer —manifestó Nabil, sonriéndole sin dejar de mirarla.

Aunque Odile no le había dirigido la mirada desde la llegada de Beatriz y no podía saber con exactitud qué era lo que realmente estaba sintiendo.

—De seguro ambos tienen mucho de qué hablar —comentó Odile, sonriendo nerviosa—. Me gustaría recorrer el lugar, así que pueden ponerse al día tranquilos.

—Pero yo te daría el recorrido —se quejó Nabil.

—Descuida. Conversen con calma.

—Espera, Odile—

—¡Cualquier cosa me llamas! —dijo, alejándose.

Ni siquiera se atrevió a mirar atrás.

Se sintió una completa estúpida, avergonzada de sí misma por las sensaciones que había experimentado por Nabil durante la función.

Le gustaban los cisnes negros desde hace mucho y de seguro su corazón se había alterado al malinterpretarlo.

“Y de seguro le gustó desde que la vio bailar” —pensó malhumorada.

Era evidente que habían tenido algo más allá de una amistad. A diferencia de ella, Nabil contaba con un largo historial de relaciones amorosas y también contaba con una enorme experiencia con los sentimientos.

Él siempre sabía lo que quería. Mientras ella, solo tenía como referencia el amor de sus padres.

¿Cómo podía reconocer a la persona correcta?

¿Cómo podía purificar los sentimientos de sus sensaciones y reconocer lo que era real y no provocado?

«Debe ser alguien que admires incluso mucho más de lo que te gusta».

En cuanto las palabras de su madre inundaron su mente, la imagen de Nabil también apareció en ella.

Nabil era cálido y comprensivo. A pesar de su naturaleza bromista, siempre empatizaba con los demás. Incluso teniendo aquel don para leer sentimientos, ella sabía que no era comprensivo y de buen corazón solo por su alta sensibilidad, sino porque deseaba realmente que la gente a su alrededor fuese feliz. Por esa razón actuaba en el escenario.

Por esa razón añoraba tanto a las personas llenas de amor.

Era atento por naturaleza y considerado, más allá de sus propios intereses. Era sensible incluso ante la vista de un paisaje y optimista a pesar de las pérdidas.

Había querido ser al menos una pizca de lo que era él desde que lo conoció y ahora lo admiraba enormemente.

Lo quería.

Fervientemente.

Ante aquel descubrimiento, Odile dejó caer sus hombros, como si se hubiera rendido a sus sentimientos apenas descubrió lo que significaban.

Alzó la tela de sus pantalones de campana y aceleró el paso, buscándolo por todos lados. Fue hacia los camerinos y se detuvo en el pasillo al ver que seguía conversando con Beatriz cerca de un perchero en los vestuarios.

—Siempre supe que Barley te gustaría —comentó Nabil.




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