Besar al príncipe

Capítulo 58

Durante esos días, Odile había estudiado sobre las personas altamente sensibles.

En base a lo que había investigado, Nabil era capaz de saber lo que una persona sentía porque —irónicamente—,aunque su vista no podía reconocer rostros, no significaba que otras partes de su cerebro no podía detectar pequeños gestos en sus facciones e incluso en su lenguaje corporal que delatara sus emociones.

Nabil podía saber cuáles eran sus sentimientos, pero no podía saber a ciencia cierta a quién podían estar dirigidos. Cuando él afirmaba tal cosa, solo era una treta para hacer que la gente confirmara sus propias sospechas.

Con aquello en mente y sabiendo que tendría que enfrentarlo para el primer día de teatro, Odile caminó por el pasillo decidida a no volver a caer en los encantos de aquel mentiroso.

Su principal estrategia fue asistir acompañada con Gretel y Eleanore, quienes también se habían unido para ayudar a la profesora Peterse.

—Me gustaría estar encargada de las armas.

—Se llama utilería, Bestia —repuso Hansel, fastidiado. No soportaba a Eleneanore.

—Armas suena más cool —le defendió Gretel.

Su hermano blanqueó los ojos.

Odile negó, divertida.

Las chicas eran su mayor apoyo y regulador emocional. Mientras estuviera con ellas, todo estaría bien.

De forma disimulada, tomó una enorme bocanada de aire y cruzó el umbral de la entrada que daba al teatro. Intentó no mirar a su alrededor para no encontrarse de vista con Nabil y se sentó en una de las butacas, justo en medio de las chicas.

—Oh, ahí está Nabil —comentó Gretel, acelerando su pulso—. No lo has visto desde su ida al teatro, ¿verdad?

—Ambos hemos estado muy ocupados —mintió.

Se sentía mal por ocultarle cosas a las chicas, pero era difícil explicarles todo el contexto. Con Marlee era diferente, pues ella sabía de la relación que tenía con Arthur e incluso de la condición de Nabil.

—Voy a llamarlo para que se siente con nosotras.

—Espera—

—¡Nabil, estamos aquí! —gritó Eleanore mientras sacudía sus manos. Llamó la atención del príncipe y del resto de los presentes.

Odile se hundió en el asiento mientras que Nabil —quien había estado barriendo con la mirada todo el teatro de la universidad—, sonrió radiante al reconocer la complexión enorme de Eleanore y ver que a su lado había una pelinegra rizada vestida completamente de negro.

Subió las escaleras a grandes zancadas, robando suspiros del resto que murmuraba y se preguntaban qué hacía un actor tan famoso y guapo en un club de teatro.

La mirada de Nabil se tornó suave al fijarse en Odile.

—Qué bueno que ya están aquí, chicas. ¿Puedo sentarme con ustedes?

—Por supuesto —repuso Gretel, haciéndole un ademán para que se sentase a su lado.

—¿Te importaría ceder tu asiento? Hay algo que quiero preguntarle a Odile acerca del proyecto que tenemos con la profesora Peterse.

—Faltaba más —dijo Gretel, poniéndose de pie. Odile se mantuvo inmutable a pesar de que quiso rogarle a Gretel que se mantuviera en su lugar. Nabil sonrió victorioso y tomó asiento junto a ella.

Abrió su boca para hablar, pero la cerró de inmediato al notar cautela en Odile.

La conocía. Sobre todo, conocía sus sentimientos a la perfección.

Tenía la ligera sospecha de que la razón por la que se había marchado tan rápido del teatro era porque estaba celosa de Beatriz, aunque ella se negara a aceptarlo.

Reprimió una sonrisa boba.

Sin embargo, por la dirección de su cuerpo, supo que no era a él a quien estaba mirando, por lo que él no estaba provocando esa emoción.

Frunció el ceño y vio en su misma dirección.

Apretó su mandíbula al reconocer aquella estúpida camisa rosada de basquetbol. La misma que él había teñido a propósito.

Lo que causó recelo no fue reconocer la presencia de Arthur.

Si no sus sentimientos.

Amor.

Pero…

¿Por quién?

“Sabes por quién, Nabil. Solo tienes que volver a girar tu rostro”.

Empuñó sus manos y apretó sus dientes tan fuerte que sus sienes comenzaron a doler.

Sintió un extraño vacío en el estómago al ir girando hacia ella.

—Odile.

Ella respingó e involuntariamente y se giró para enfrentarlo.

Y entonces, él lo sintió,

Pudo sentir que ella estaba escondiendo algo.

Pudo sentir que tenía miedo de que él lo descubriera.

Y pudo sentir que había un enorme afecto involucrado.

Odile recuperó la compostura de inmediato y le sonrió.

—Dime.

Pensó que Nabil le diría algo. Sus ojos vibrantes e intensos parecían querer gritarle, pero, en cambio, él le sonrió.

—¿Tienes algo que decirme?

Su pregunta la tomó desprevenida.

Observó como Nabil entrecerró los ojos ante su reacción.

En ese momento entendió que no podía seguir ocultándose.

En cambio, sería tan insolente como él.

Fingió demencia y le sonrió, relajada—. ¿Algo como qué?

Nabil se mostró consternado ante su reacción.

El lenguaje corporal de Odile no mostraba que estaba nerviosa a pesar de que él podía sentir que estaba ocultando algo. Y aunque ella era consciente de que él podía saberlo, de igual forma estaba actuando descaradamente como si no fuera así.

Negó y sonrió, incrédulo. Estaba tan sorprendido y al mismo tiempo ofendido por la actitud de aquella chica que le había robado el sueño, que solo pudo apartar la mirada para evitar perder los estribos.

Durante todo la bienvenida y las discusiones de ideas, a Nabil no le pasó desapercibido la forma en que Arthur giraba su rostro hacia ellos de vez en cuando y lo tensa que estaba Odile.

¿Ella sabía que Arthur sentía algo por ella?

¿Por eso podía sentir tanto afecto?

¿Y por qué tanta hostilidad entonces?

Santo cielo, ¡se volvería loco!

No lo soportó más y se inclinó hacia ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.