Odile presionó sus labios, en un intento de ocultarse a sí misma los celos que la sacudieron. Quiso engañar a su propio cerebro para fingir que aquel malestar que la arropó no era más que cansancio.
Fue en vano.
Supo de inmediato que no solo estaba celosa, sino que también se sentía mal porque sabía que no tenía ninguna posibilidad comparada con Beatriz y que siempre tendría más desventaja con cualquiera por ser una Dríades.
Mientras más pasaba el tiempo, más pensaba que Nabil la estaba usando para quién sabe qué. Quizá el príncipe estaba procurando que su proyecto no resaltase y por ello manchase el apellido del principado de Barley. Después de todo, ambas familias parecían destinadas a la contienda.
En parte, ese sentimiento autodestructivo y dañino estaba siendo alimentado por lo enojada que sentía de solo pensar que su corazón le pertenecía a otra chica.
Ni siquiera con Arthur se había sentido así tan…, enferma del estómago.
Golpeó sus mejillas levemente y negó. No podía permitir que sentimientos así la consumieran, no era sano y tampoco quería sentirse una mala persona por albergarlos.
Debía aceptar que Nabil solo la veía como una compañera de clases y continuar con su vida.
Sembrar en suelo fértil.
Bajó la mirada al lado inferior del monitor al notar que había recibido un mensaje.
“Hola, cenicienta. Tengo tu zapatilla…”
Enderezó su espalda y abrió el mensaje sin pensarlo para leerlo completo.
Hola, cenicienta.
Tengo tu zapatilla. Me la encontré en el teatro luego de la primera función del lago de los cisnes. No quise dejarla en recepción porque parecía muy valiosa. Estaba esperando a que alguien la reclamara.
Odile ahogó un gritito de emoción.
¡Finalmente!
Observó el nombre de usuario.
Príncipe encantador.
—¿Es una broma? —masculló.
¿Quién se pondría a sí mismo príncipe encantador?
Antes de poder escribirle que no estaba bromeando, el “príncipe encantador” le envió una foto de su zapatilla. Jadeó.
¡Sí era su zapatilla!
Hola
Agradezco el buen gesto. ¿Podríamos acordar un día de esta semana para que puedas devolvérmela? Te pagaré una recompensa si así lo quieres
Descuida, no quiero nada a cambio. Sobre el día… ¿si tienes tiempo?
Por supuesto
¿A cualquier hora? ¿Cualquier momento del día?
Sí
Qué pena. Yo no dispongo de ese tiempo
Entonces puedo adaptarme al tuyo
¡Qué amable! Deben ser muy valiosas. ¿Te las regaló alguien especial?
Alguien como un pretendiente después de confesar sus sentimientos por ti ese día
Odile frunció el ceño—. Eso fue muy específico…
Eran de mi madre. Las usó para el día de su boda y significan mucho para mí
Quizá siendo sincera apelaría a la empatía del desconocido.
“O quizá lo use en tu contra” —pensó luego.
Oh
¿Por qué las llevarías al teatro?
Con todo respeto, ¿por qué me pregunta tanto?
Quiero asegurarme de que realmente seas la dueña
Puedo mostrarle la otra zapatilla
Me gusta más que me convenzan con las historias
Odile suspiró.
Aquella persona estaba loca.
Las llevé al teatro porque era una ocasión especial
¿Las usarás en tu boda?
—¿Qué? —masculló—. ¿Qué le importa?
¿Cómo podría saberlo?
¿Cómo podrías no saberlo, cenicienta?
De no ser porque realmente quería su zapatilla de vuelta, no habría respondido.
Si dicha boda se diera, por supuesto que las usaría
Estoy seguro de que tendrás una boda.
¿Tienes a alguien en mente?
Odile enrojeció en cuanto la sonrisa radiante de Nabil y sus ojos entrecerrados por el gesto, abarcaron su mente.
¡¿Cómo podría pensar en una boda con Nabil?!
¡Ni siquiera se había graduado de la universidad!
Estos cinco minutos que tardaste en responder lo voy a tomar como un sí
En ese caso, me veo en el deber de devolverte tu zapatilla
No queremos que el futuro novio se pierda semejante obra de calzado
Odile suspiró, aliviada.
Gracias
Antes, ¿puedo hacerte una última pregunta?
Claro
¿Sentiste que ella estaba allí contigo? Me refiero a tu madre. Supongo que por eso las usaste para esa ocasión especial
Odile miró a la pantalla, consternada.
Ni siquiera lo pensó demasiado cuando comenzó a teclear.
“Mi mamá era mi persona especial. Pensé que no volvería a tener esa sensación, pero en ese momento me di cuenta de que había una nueva persona especial en mi vida. Así que, podría decirse que me sentí como si estuviera a su lado después de mucho.
Se arrepintió apenas envió el mensaje.
¿Por qué le había contado algo así a un desconocido?
Observó los tres puntitos moverse en la pantalla, expectante.
Su teléfono comenzó a sonar repentinamente y contuvo la respiración al ver que se trataba de Nabil.
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Editado: 11.09.2026