Había sido Nabi.
Eso significaba que la había visto huir esa noche…
Con sumo cuidado, Nabil sujetó su tobillo y le quitó la aleta, secó su pie con parsimonia. La forma tan servicial y delicada con la que secó su pie, terminó derrotando a Odile, quien ni siquiera hizo un esfuerzo para apartarse.
Nabil le colocó la zapatilla, mientras ella observó cada movimiento suyo con la vista nublada.
Su corazón no latía lo suficientemente rápido para lidiar con todas las sensaciones que estaba experimentando.
—Sé que lo sabes todo, incluso que soy un Pendragón —comentó él, acomodando la zapatilla en su pie, sin atreverse a mirarla a los ojos. Ella lo miró, sorprendida—. Creí que me confrontarías, no que te alejarías. Luego pensé que tu lejanía y falta de confrontación era porque estabas celosa y no querías que lo notara, así que decidí darte un poco de espacio. Nunca imaginé que asumirías cosas tan horribles de mí por tu cuenta y mucho menos que eso supondría a un acercamiento con Arthur.
—No tengo ningún acercamiento con Arthur —aclaró.
—Eso no fue lo que noté en el teatro de la universidad —repuso él con amargura—. Es evidente que te confesó sus sentimientos y alberga esperanzas.
—¿Insinúas que yo le di esperanza? —cuestionó ella con dureza.
—Hasta hace unos días estabas llorando por él —comentó, aún sin alzar la mirada hacia ella.
— Al menos yo no le he abierto las puertas de mis castillos.
Finalmente, él se atrevió a mirarla, divertido.
—Vaya, Odile, sí que eres celosa —confirmó, sonriendo embobado—. Me encanta.
—Es más que eso —se quejó ella—. Me duele porque tuve que enterarme de algo tan importante para ti de la peor forma.
La sonrisa de Nabil se esfumó.
—Odile…
—Me dolió que ella supiera más de ti que yo porque me gustas —confesó, avergonzada—. Que puedas leer las emociones de las personas, no te da derecho a asumir lo que pasa en el corazón de ellas. —Lo empujó—. No necesito que me ayudes a aclarar mis sentimientos. Me gustas y no tengo duda sobre ello. Si no tenías la certeza, me aseguraré de qué la tengas ahora. Me gustas tanto que siento que mi corazón va a explotar, pero no me es suficiente que me gustes. Quiero conocer cada aspecto de ti. Quiero saber a qué le temes, qué es lo que amas, cuáles son tus sueños y tus secretos —declaró, sin apartar sus ojos vibrantes de los de él—. Siento que me usas para sentirte mejor. Para saciar tu ego, quizás. Para alimentarte de lo que mis emociones pueden darte. Realmente no disfrutas pasar tiempo conmigo, solo te encanta interpretar este largo papel en el que estás a salvo del escudriñamiento de las demás personas que sí te importan. Es un escenario donde no estás siendo constantemente juzgado y señalado y por eso disfrutas de este show. Pero yo no lo disfruto, en absoluto. Me lastima y me duele que me uses, porque yo…
—Odile, tu nariz.
Nabil palideció. Aunque cada palabra que ella había dicho era una mentira, no quiso interrumpirla para que pudiera desahogarse. Sin embargo, tuvo que intervenir al ver que le sangraba la nariz.
La pelinegra llevó una mano hacia su nariz. Su vértigo empeoró al ver la sangre en sus dedos.
—Oh.
—¡Vamos a un hospital, YA! —El príncipe se puso de pie e hizo un ademán para cargarla en sus brazos.
—Aguarda, aguarda…
—Tienes razón, deberíamos aguardar y llamar a alguien primero —dijo, corriendo hacia su bolso y sacando su celular. Marcó, desesperado—. Hola, sí, traigan un helicóptero, ¡es de vida o muerte!
Odile negó, incrédula—. Nabil, de seguro ha sido el estrés —dijo, poniéndose de pie—. Suele… —Calló al ver como él se sostuvo la cabeza, haciendo una mueca de dolor—. ¿Nabil?
Se aproximó a él a toda prisa y sostuvo su mano. Él no tardó en sujetarla con fuerza y atraerla hacia él para luego acunar su rostro.
Todo lo que podía ver en el rostro de Odile a pesar de no reconocerlo, era sangre.
Los fragmentos de los recuerdos que su mente había olvidado de pronto golpearon con fuerza en su memoria.
Una cueva.
Un cuerpo al lado suyo.
Y un rostro ensangrentado frente a él.
Su respiración y su corazón se aceleraron.
Aunque llevaba años intentando recordar lo sucedido aquella noche, le aplastó el sentimiento de negarse a hacerlo en ese preciso instante.
En el que estaba junto a Odile.
Su dedo pulgar rozó la parte inferior de su nariz al mismo tiempo que una lágrima caía sobre su mejilla.
Observó la sangre en su dedo pulgar, tembloroso. Luego la observó a ella.
El pecho de Odile se agitó ante su mirada perdida y aterrada.
—No me confieses lo que sientes de esta forma que resulta tan dolorosa para ti. Así no era como imaginaba que sería —dijo, desesperado—. Es cierto que no he sido del todo abierto contigo. No lo soy con ninguna persona, en realidad, pero jamás te usaría y lamento si te hice sentir y pensar lo contrario. Odile, si tan solo tuvieras un solo segundo mi corazón en tu pecho…—murmuró, con la voz quebrada—. Sé que odias la incertidumbre. Sé que por eso te encanta resolver crímenes. Asumir no es una opción que contemples a largo plazo. Si no obtienes respuestas claras, entonces los escenarios que fabricas en tu cabeza juegan en contra de la falta de información. Sé que disfrutas de los lagos claros —enunció y sus ojos brillaron, como si los mismos supieran que eran los lagos que a Odile más le encantaban—, que eres amante de los paisajes que no tienen miedo de mostrarse a quienes anhelan verlos y disfrutarlos y he descubierto que el teatro te fascina porque no hay un solo momento en el que no muestren sus emociones y no puedas saber lo qué ocurre en el corazón del personaje. Mereces a alguien que, no solo te quiera, sino que no te haga dudar de ello con sus acciones. Y por eso mereces a alguien que llene tu corazón de certezas y no de incertidumbres. Que te muestre lo valiente que puede ser al confiarte sus sentimientos, que no tema ser vulnerable a tu lado, que confíe en ti, que demuestre que te ame en cada detalle y acción, que tema hacerte daño y que, cuando lo haga, te conozco lo suficiente para decirte que lo siente mucho. Que siempre quiera permanecer a tu lado. Que sea bueno contigo… Odile, dame una oportunidad más. Deja que sea yo esa persona, por favor—
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Editado: 11.09.2026