Beso de media noche

CAPITULO 13

El aire se cortó en el momento en que destaparon el rostro de la prisionera. Layla. Estaba sucia, con la ropa rasgada, y sus cabellos plateados, normalmente brillantes, caían lánguidos sobre su frente. El terror en sus ojos no era solo por su cautiverio; era el miedo de ser expuesta.

Agatha, de pie a mi lado, era la imagen del triunfo oscuro. Pude notar el parecido inmediato: la misma estructura ósea, la misma elegancia sobrenatural. Pero donde Layla irradiaba una luz tenue y controlada, Agatha ardía con una llama carmesí. Eran el yin y el yang, la salvación y la condena.

—Hermanita, tanto tiempo... —dijo Agatha, su voz melosa, llena de un falso afecto que me revolvió el estómago—. Mira a quién tengo aquí a mi lado. Sí, al chico enamorado de tu mejor amiga, aquel al que le quedaba poco tiempo de vida y aun así lo dejaron ir.

Agatha se acercó a Layla, obligándola a levantar la cabeza para mirarme.

—¿Amahia lo sabe? —siseó, disfrutando del pánico mudo de su hermana—. ¿Sabe que fuiste la causante del accidente? ¿Y que por tu culpa me desterraron? ¡Por ser diferente a ustedes, los "angelicales" de Béquer!

El odio y el rencor se hicieron participantes activos en mi mente. Me mintieron. Me la arrebataron en ese fatídico accidente, y luego me la quitaron de nuevo al dejarme morir.

Layla solo miraba a su hermana sin decir una palabra, sus ojos fijos en el suelo, la negación luchando contra la verdad. Agatha sonó sus uñas en la mesa a su lado, deleitándose en el silencio.

—Entonces, hermanita... ¿qué harás cuando Amahia se entere que le arrebataste su vida y que Paulo fue parte de ocultarlo?

Agatha giró su cabeza hacia mí, y su sonrisa se ensanchó.

—Paulo... —dijo, saboreando el nombre—. Su nombre en mi boca suena como un éxtasis... —Hizo una pausa dramática, como si disfrutara del dolor en la cara de Layla—. Lástima que tanto él como tú me traicionaron. Sabían que no fue mi culpa y aun así no me defendieron. Pero qué mejor infiltrado que yo... me haré pasar por ti, mi Layla hermosa y adorable.

Mi cabeza giraba. Agatha no solo era la hermana de Layla; era su gemela perfecta. Estaba claro que el "infiltrado" que Paulo tanto temía no era Layla, sino que Agatha ya había tomado su lugar en Béquer, o estaba a punto de hacerlo, usando a la Layla original como carnada.

Agatha, notando la firmeza en mi postura y el fuego en mi mirada, me puso una mano en el hombro.

—Luca —su voz era una promesa de venganza—. Este no es solo tu nuevo hogar; es tu venganza. Ellos te dejaron morir. Ellos le robaron la vida a Amahia. Y ahora, gracias a tu nuevo don, les haremos pagar por cada latido perdido.

El resentimiento que Agatha había sembrado ahora florecía en un odio frío y calculado. Amahia no era una víctima; era, en mi mente manipulada, la protegida de los traidores. Pero Layla y Paulo me dieron la muerte.

Observé a Layla, temblando bajo la soga. Ya no sentía lástima. Solo veía a una de las piezas del puzzle que se había reído de mi dolor y de mi amor.

—¿Qué quieres que haga con ella, Agatha? —pregunté, mi voz tranquila, la perfecta máscara de indiferencia que mi entrenamiento me había enseñado. Ya no era el chico moribundo. Era una herramienta, y estaba listo para ser usado.

Agatha me miró con orgullo. —Por ahora, nada. Layla es nuestra seguridad. Pero tú te encargarás de Amahia cuando llegue a Arash. Destruye su mente, Luca. Hazla sentir el dolor del abandono y la traición que ella y su clan nos hicieron sentir a ti y a mí.

—Lo haré —respondí con una determinación gélida—. Ella cree que viene a rescatar a un hombre. Se encontrará con su verdugo.

Agatha sonrió, una expresión idéntica a la de Layla, pero cargada de una malicia ancestral.

—Perfecto. Ahora, vete. Prepárate. Yo tengo una función que representar en Béquer. Es hora de que el "infiltrado" ocupe su lugar.

Vi a Agatha cruzar el umbral, transformando su postura, suavizando sus rasgos hasta convertirse en la viva imagen de la hermana que agonizaba en el rincón. Mientras ella se dirigía hacia los límites de Béquer para ejecutar su engaño, yo me quedé en la penumbra, practicando cómo retorcer los recuerdos, cómo convertir el amor de Amahia en una prisión de pesadilla.



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En el texto hay: vampiros, romace, juvenil

Editado: 01.03.2026

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