Beso de media noche

CAPITULO 17

El velo de la visión se rasgó por completo. La calidez de los brazos de Luca y el frío calabozo de Arash desaparecieron, devolviéndome a la cruda realidad de Béquer. Pero el castillo ya no era el mismo; el aire vibraba con el sonido de espadas chocando y gritos de guerra. Paulo no estaba a mi lado. El caos se había desatado.

Siguiendo la guía mental de Luca, quien permanecía protegiendo a la frágil Layla en las sombras, avancé por los pasillos de piedra. Mis pensamientos eran un torbellino. Luca me había advertido: los recuerdos de Agatha eran horribles, pero los de Layla eran perturbadores. Ambas habían sido marionetas de unos padres crueles, de reyes que valoraban más el linaje que la vida de sus propias hijas. Layla, obligada a vivir una mentira bajo amenaza de tortura; Agatha, entregada al "tío" Arash como un objeto de trueque.

Doblé la esquina del gran salón y me detuve en seco. El aire allí no olía a sangre, sino a una nostalgia tan espesa que casi podía tocarse.

Allí estaba Paulo. Pero no era el guerrero imponente que me entrenó; parecía un hombre quebrado, un niño perdido frente a la mujer que sostenía el rostro de su mejor amiga, pero con un aura de oscuridad insoportable.

—Agatha… ¿eres tú? —la voz de Paulo se rompió en un sollozo desgarrador. Las lágrimas corrían por sus mejillas, borrando cualquier rastro de la autoridad que solía tener—. Te extrañé tanto… no sabes lo mucho que…

Se acercó a ella con una lentitud reverencial, como si temiera que fuera un espejismo que se desvanecería al tocarlo. Sus manos, grandes y fuertes, temblaban mientras acariciaban el rostro de Agatha. Ella, por un segundo, cerró los ojos y dejó que su cabeza cayera hacia la palma de Paulo, buscando ese calor que le fue negado durante siglos. En ese instante, el tiempo se detuvo. No eran enemigos; eran dos almas que se habían amado en el rincón más puro de su juventud.

—Mi Paulo… —susurró ella, y por un momento, el odio en su mirada fue reemplazado por una devoción tan profunda que me dolió el pecho.

Pero la dulzura fue efímera. Agatha abrió los ojos y lo miró con una mezcla de amor y veneno que lo hizo retroceder.

—Me engañaste junto a Layla —dijo, y cada palabra era una puñalada de hielo—. Yo confié en ustedes. Confié en ti más que en mi propia sangre. Te amé cuando no tenía nada, Paulo, y tú fuiste quien ayudó a entregarme a las sombras. Me vendieron para salvar la corona.

—¡No fue así! —gritó Paulo, desesperado, intentando volver a sujetar sus manos—. Queríamos salvarte la vida, los ancianos iban a…

—¡Princesa Layla! ¡Se han infiltrado desde el suroeste! —el grito de un soldado de Béquer rompió el hechizo. El guardia entró corriendo, arrodillándose ante Agatha, confundiéndola con su hermana.

Agatha ni siquiera lo miró. Sus ojos seguían fijos en Paulo, devorándolo con esa nostalgia cruel, con el dolor de un amor que el odio no había logrado borrar, pero que la venganza ya había sentenciado.

—No hagas esto, Agatha… No comprendes… —suplicó Paulo, su voz ahogada por el llanto—. Por favor, vuelve a ser la chica de la que me enamoré en los jardines de rosas. Aún podemos…

—Esa chica murió el día que me cerraron la puerta de Arash en la cara, Paulo —respondió ella, y aunque sus palabras eran gélidas, una lágrima solitaria rodó por su mejilla, traicionando su fachada—. El amor que nos juramos fue la primera mentira de este reino. Y hoy, voy a quemar este reino para que la verdad sea lo único que quede en pie.

Miré hacia las sombras, donde sabía que Luca me observaba. «Ahora», le dije en un susurro mental.

Sentí la presencia de Luca entrelazarse con la mía. Su poder de manipulación, ahora refinado y letal, se convirtió en el puente que necesitaba. No quería controlarla; quería mostrarle. Juntos, lanzamos una red de energía psíquica que envolvió a Agatha y a Paulo, arrastrándolos a un trance donde el tiempo y el espacio dejaron de existir.

—¡Míralo, Agatha! —grité, aunque mi voz solo resonaba en sus mentes—. ¡Mira lo que has decidido ignorar!

De repente, el salón desapareció. Agatha fue golpeada por un torrente de imágenes que no eran suyas, sino de Layla.

Sintió el frío de la celda donde Layla pasó siglos. Sintió el látigo del arrepentimiento en cada latido, el dolor de ser obligada a sonreír y actuar como la "princesa perfecta" mientras su alma gritaba de agonía por la hermana que ella misma había entregado. Agatha vio, a través de los ojos de Layla, las noches en que su gemela lloraba en silencio, pidiendo a los dioses que Arash fuera más clemente con Agatha de lo que la vida lo estaba siendo con ella.

—Ella no te traicionó por ambición —le susurré al oído de su conciencia—. Ella se convirtió en una esclava de Béquer para que tú pudieras ser reina en Arash. Cada vez que Paulo te buscaba en el rostro de Layla, ella moría un poco más por dentro, sabiendo que el hombre que ambas amaban te pertenecía a ti.

Luego, la visión giró hacia Paulo. Agatha sintió la fidelidad inquebrantable de aquel hombre. Vio los momentos en que Paulo se enfrentaba a los ancianos, arriesgando su propia ejecución, solo para intentar suavizar el castigo de Layla o buscar pistas sobre el paradero de la "princesa perdida". Vio cómo él nunca dejó de amarla, cómo cada broma y cada gesto de protección hacia mí o hacia Layla era solo un intento desesperado por no volverse loco ante la ausencia de su verdadero amor.

El trance era una agonía compartida. Agatha gritó, un sonido que no salió de su boca, sino de su esencia misma, al sentir el peso de la lealtad de Paulo y el martirio silencioso de Layla.

—¡Basta! —rugió Agatha dentro de la visión.

Volvimos al salón de golpe. Agatha se tambaleó, soltándose del agarre de Paulo. Sus ojos, antes llenos de una furia gélida, ahora estaban inundados de una confusión devastadora. Miró sus propias manos, las mismas que estaban listas para degollar a quienes la rodeaban, y luego miró a Paulo, quien la observaba con el alma desnuda.



#191 en Joven Adulto
#3681 en Novela romántica
#1131 en Chick lit

En el texto hay: vampiros, romace, juvenil

Editado: 01.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.