Besos Azucarados

CAPÍTULO 22 CITA PREDESTINADA

“Sabes que algunas cosas siempre estaban destinadas a ser.”

 

El panorama no resultaba lo que imagina como romanticismo. Escuchar los ruidos de algunos animales y ver la salida de la luna detrás de la gigantescas montañas junto a un semidesnudo Azael han logrado completar lo que seria una cita predestinada.

La fría noche de verano de cierta forma logra que un abrazo de ayuda sea más que el simple calor corporal. No sabe lo que hace, su mente en blanco no brinda la seguridad de las alertas al corazón. Sabe que no se han conocido tan profundo como lo desea, que no han entablado la gran conversación y aun no han vivido tantas anécdotas que contar, pero muchas veces las grandes ilusiones llegan en el momento menos esperado.

No podía desacreditar el hecho de que aun presenta tanto miedo al punto de recriminar que se ha ilusionado en tan poco tiempo, sin embargo, fielmente a sus convicciones como mujer no puede negarse a la aventura de vivir un nuevo amor dentro de su laberinto.

Escrutar a aquel hombre la ha llevado a un punto cero de sus ideas concluyendo que desea más que una amistad, que no puede evitar sentir la atracción hacia tan enigmático hombre.

—  Quisiera saber que tanto piensas, Mia.

Lo bueno que se siente estar entre tus brazos y por qué no te conocí antes.

—  Cosas de la vida.

—  ¿Cómo qué?

—  Que esté en medio de la nada abrazada por un semidesnudo Azael y que no lleguen animales salvajes a devorarnos

—  Pues este semidesnudo Azael está cumpliendo mandatos de una niña citadina que piensa que seres salvajes llegaran de la nada.

—  Se me había olvidado de que no eres tan ermitaño después de todo.

—  ¿Perdón?

—  Perdonado señor no tan obtuso que pasa de mano de su ex.

—  Con que nos desviamos del contexto. Primero, no paso de la mano de mi ex ¿Cómo sabes de Megan? Segundo, ya estuviéramos en la hacienda si la señorita no hubiera deseado quedarse.

—   !Ja¡ deberías sentirte mal al recriminar el hecho de que quiera ver las estrellas

—  Deberías sentirte mal tu por estar mintiendo sobre tu tobillo.

Joder, joder, joder, señor de mis travesuras. Tal vez debió ser mas convincente en su falso padecimiento de dolor, quizás sus pequeños curso de teatro jamás dieron un buen resultado. No podía creer que era tan patosa a tal punto de olvidar su patética pantomima.

—  Se siente tan bien ganarle al enemigo, tanto que se ha quedado callada al verse derrotada. Deberías aprender que para conquistar a un hombre no hace falta decir mentiras.

Abre los ojos tanto como pueda de los sorprendida de sus palabras. Observa como su sonrisa se ensancha y es escrutada como si fuese un pequeño insecto que pronto morirá aplastado por un avalancha de palabras tan ciertas.

—  Paleto ¿Qué te hace pensar que hago esto para conquistarte? Solo un arrogante y egocéntrico como tú lo pensaría, pensé que era un hombre serio y resultas ser un payaso — podía agradecer a la noche por ocultar sus mejillas rojas de la vergüenza.

—  Interesantes palabras. Daré mi humilde opinión. Me has estado observando, hablas de mí, me pides quedarte en aquí solos los dos, mientes sobre tu tobillo y estás tomando de la mano y no, no es válido que la sueltes.

—   Ese ego que cargas algún día caerá— se levanta bruscamente evitando mirar su rostro.

Quizás fue una tonta al querer iniciar algo que tal vez no tenga un futuro, muy dentro de sí quería admitir todo, pero no quería verse vulnerable ante un hombre tan analítico como lo es Azael. Camina apresuradamente para evitar seguir una conversación que da una conclusión perfecta: la loser que le da miedo enamorarse de un buenardo de calidad, además, no podía evitar desviar la mirada a tal cuerpo.

Otro punto a su vida de humor, ser descubierta por ese hombre es estar tan desnuda como pueda, nada más falta escucharlo decir que sabe que sus noches son selladas por la imaginación. Sigue caminando sin rumbo alguno dando por entendido que no llegaría ala hacienda si todo esté en completa oscuridad. Parada en medio del pastizal solo es acompañada de los pequeños grillos y los extraños ruidos que se cuelan en medio de los árboles, un cuadro demasiado tenebroso para su pobre corazón, no queda más que regresar con Azael.

[…]

—  Sabía que volverías, una dama tan refinada tu no debe andar en medio de la oscuridad.

—  ¿Cuál es tu problema? — no cabe duda de que Azael aparte de ser una enigmático ermitaño con cuerpo hermoso también suele ser un idiota. Suspira tratando de hallar de evitar una discusión.

— ¿Mi problema? No soy yo quién anda en medio de una confusión, quien niega propias palabras dichas. Joder, Mia sé clara en todo esto.

—  ¡Qué!¡Por Dios Azael, eres el típico hombre que anda de la mano de su ex y reclama asuntos del amor a otras! Sabes, es mejor que me retire…

—  Volverás — Observa como cruza sus brazos mofando sus palabras.




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