Besos Azucarados

CAPÍTULO 29 EL CALOR DE TU PIEL

No hay prisa para dejar el camino atrás...

— No sé si decir que soy la vergüenza del último grito de la moda — recita un poco avergonzada de su pijama. 

— Pues, tienes toda la razón — se burla Veronica — por suerte ya vamos de regreso. No sé cómo no pensaste en tu vestimenta.

— Déjala, la pobre no pudo ni pensar por la noticia — replica Erika quién ha estado toda la tarde molesta no por tener su celular a mano. — pronto iremos de regreso y esto será olvidado.

— Una vez más, pido disculpas por haber dejado sus preciosos harapos — Jayden levanta la mano. 

Observa atentamente al chico, aún un montón de preguntas arañan urgente sus cuerdas vocales, las dudas por saber quién es Cassandra en la vida de Jayden es algo que nunca olvidará.

— Ya basta de tanta charla. Debemos salir de aquí rápido —  Megan se planta frente a todos arqueando su ceja —  ¿Acaso no quieren estar de vuelta a Terabithia? —  sonríe de forma burlona mientras observa a todos.

— Necesito ver la cara de paletos a los tres grandes hombres —  hace alusión a Carlos, Ariel y Adrian, quienes decidieron quedarse para “cuidar” la hacienda. De solo imaginarlos es un completo chiste saber que aquellos tres inquilinos no saben siquiera defenderse contra algún animal o ladrón. No le había creído las palabras Bri, pero las historias contadas son demasiado verídicas.

Era momento de despedir  la ciudad cercana al desierto, ciudad donde llegaron completamente despojados de los lujos y el dinero. No obstante, aún quiere saber cómo diantres su novio logró conseguir suficiente dinero.  

[...]

El viaje de regreso se torna un poco tedioso. Las chicas hacen alaridos por quién tomará el lado de las ventanas, escuchando a Brigedt alardear por ser la ganadora del preciado lugar  y una Erika enojada de ser la portadora del lugar del medio recalcando que ser parte del centro suele ser de mala suerte. Sabias palabras que ella le da el verdadero sentido, ser la chica que algún día su nombre fue parte de cada boca de la gran sociedad resultó ser más tedioso que hablar frente a miles de personas.

Las áridas arenas se tornan oscuras frente al ocaso así como su mente poco a poco recupera la cordura de recordar lo que aquel hotel pactó entre ella y su novio. Un leve sonrojo llega a surcar sus mejillas al presenciar aquel suave cosquilleo de sus recuerdos. Si bien lo que comenzó con fuertes besos, roces y palabras de halagos, no pudo llegar a lo que realmente deseaba. 

Pronto los ronquidos resuenan volviendo directamente a la realidad, observa silenciosamente aquellos ojos concentrados en la solitaria carretera, nota como su labio inferior es succionado suavemente, acción que le provoca ternura.

— Si sigues observando me pondrás nervioso, acosadora. — susurra cerciorado que nadie los esté observando. Toma la mano de Mia impidiendo que la retire  

—  ¿Si nos ven? — escruta evitando carcajear al ver a Verónica con un hilo de baba en su mejillas.

— Diré que me estás acosando. 

— Difícil de creer, señor obtuso — presiona su mano recordando lo que estuvo a punto de pasar en aquel baño de hotel, algo que fue interrumpido por sus ropas secas. 

— ¿Muy confiada?

— Sabemos quién es el verdadero acosador en esta historia

— No lo niego, eres demasiado original, sería un completo tonto si hubiera desistido de esta batalla. — besa su mano — deberías mirar el cielo todas las noches.

— ¿Eh? ¿Por qué debería hacerlo?  

— Porque tan y más hermosa que él…

——

Los portones se abren lentamente. Trata de no rendirse ante el sueño mientras el auto avanza y la radio opaca los ronquidos fuertes de sus amigas. Ya aparcado el auto baja siendo rodeada por Lucas, Jayden y Megan quienes sisean al saber que las no serían fácil de despertar.

— Será que este sea mi castigo. Deberíamos llamar al príncipe encantador que venga a buscar a su fiona — Refuta Jayden mirando con desagrado a Erika, quién entre el sueño ronca pesadamente.

— Lo siento, pero somos tres y justamente tres damiselas necesitan apoyo — Lucas cruza cargando a Verónica.

— Llevaré a Bri, a Eka dejenla en la intemperie.

— ¿Qué tienes contra la dulce Eka? — Mia se acerca al auto deseando llegar a su cama rápidamente.

— ¿Dulce? Esa diabla ha pasado recalcando que soy mal acompañante de viaje. Me ha dicho cosas que de verdad duelen.

— Realmente fue tu culpa por dejar las maletas — Megan pasa a su lado abrazándose a sí misma.

— Yo me encargo de la dulce Eka — Azael sonríe mirando fijamente a Mia.

Todos juntos se dirigen a las grandes puertas deseando descansar.

———

 Toma la cobija suspirando mientras se sumerge en la mullida cama. Cierra sus ojos esperando encontrar sus sueños, sin embargo, el sonido del viento y el tétrico sonido de la puerta ser abierta lentamente juega con su imaginación.




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