Cuenta la leyenda que hace miles de años uno de los dioses más antiguos de Damnatus, el que vio nacer y crecer a la montaña fue condenado por el cielo.
Su crimen fue tan atroz que los demás dioses lo condenaron a permanecer oculto en el fondo del lago de Damnatus, pudiendo salir solo las noches de luna llena. Pero el poder de este dios era tan enorme que los miles de sellos que le impusieron no impidieron que su conexión con la montaña siguiera. Ahora, cualquier alma desafortunada impulsada por la desesperación, miedo, codicia o cualquier emoción tan fuerte como para nublar la razón serían capaces de invocar a este condenado pudiendo pedirle un deseo, a cambio el dios caído decidiría cómo pagarás tú deuda pudiendo pedirte sangre, sacrificios o hasta tu vida…
Una gota de sangre derramaras.
Un condenado del agua surgirá y a él tú deseo pediras.
Pero cuidado, si tú alma digna es entonces tu deseo tendrás, pero en cambio si tú alma indigna ha de ser al fondo del lago te arrastrará.
Una condena por otra condena.