Besos bajo la luna [bl]

Capítulo 1: ¿Quién te hace huir?

Los latidos desenfrenados de un corazón resonaron en todo el bosque llamando la atención de cada ser que habita la montaña. Unos pasos llenos de pánico se escucharon junto a una respiración acelerada; un joven corría entre la inmensa oscuridad de la montaña, evadiendo con dificultad los grandes árboles y arbustos del lugar. Aún podía sentir el terror circular por su cuerpo paralizando cada nervio de él. No pudo hacer nada para defenderse más que echar a correr, aunque sus pies descalzos sangraban por las constantes piedras que se clavaban en ellos seguía huyendo con el corazón en la mano. Las lágrimas caían por su rostro dejando un camino de dolor en sus mejillas. La determinación se vislumbraba entre sus cejas fruncidas por el dolor. No podía caer, no aquí, no ahora.

Las ramas de los árboles rasgaban sus brazos, la luz de la luna apenas y podía filtrarse por entre las ramas de los árboles, lo que dificulta su visión. Su mano temblorosa se posó sobre un árbol, todo su cuerpo se hallaba adolorido por los golpes, sin hablar de las heridas que se había hecho al escapar. Su cuerpo entumecido parecía que podía colapsar en cualquier momento. La palma de su mano presionada contra el tronco del árbol temblaba levemente, las sombras y los ligeros ruidos lo hacían sobresaltar cual ratón asustadizo. Una voz burlona llegó a sus oídos de repente, llena de crueldad y sarcasmo penetró en su cabeza como un mantra del terror, repitiéndose incansablemente hasta desbloquear los recuerdos que había sepultado bajo llave.

— Devon— la voz canturreo su nombre con la emoción desbordándose de su tono.

Devon se tensó incapaz de poder respirar más. La voz fue seguida de varias risas bajas que calaron en sus huesos ya tallados por el horror. Su cuerpo cedió deslizándose hacia abajo siendo incapaz de controlar sus piernas o su corazón que parecía romper su pecho de forma dolorosa. Calló, con una mano sosteniéndose del árbol y con la otra tapando su boca orando para que su cuerpo se fusionará con la naturaleza. En cualquier momento lo iban a encontrar, y una vez eso pasara jamás podría volver a casa.

— Devon

Su nombre se oía repugnante al ser pronunciada por aquella voz. Sus manos se dirigieron hacia su boca tratando de tapar sus sollozos involuntarios, en sus adentros rezaba a quien fuera que lo escuchara para que lo ayudara. El aire circundante se congeló, las hojas dejaron de moverse e incluso los pequeños grillos callaron su canto. Su expresión mostró alivio al no escuchar más pasos o voces cerca, pero pronto su alivió se quebró al escuchar un grito cerca suyo.

— ¡Ahí está!

Lo próximo que sintió fue un dolor agudo atravesando su muñeca de la mano derecha. Un grito se quedó atascado en su garganta al sentir el dolor atravesar su cuerpo como una descarga eléctrica. Sus ojos se dirigieron al lugar para ver en shock una flecha clavada en su muñeca atravesándola hasta estar clavada en el tronco del árbol. Los pasos de aquellos hombres acercándose lo hizo desesperarse, el dolor agudo en su mano había aturdido sus sentidos pero aún sentía la sangre que con gran velocidad circulaba por sus venas alertando a su cuerpo de moverse, mordió sus labios con fiereza hasta sentir el sabor metálico en su paladar, un dolor tan ligero no podía siquiera desviar a su mente del dolor agudo de su mano, sin embargo aquel acto pareció traerlo desde la bruma del dolor a la realidad, los pasos y risas se acercaban cada vez más motivandolo a actuar, respiró hondo y agarró tembloroso la punta de la flecha moviéndola lentamente.

— ¡Espérame cariño, ya casi llego!— la voz, dueña de sus pesadillas se oyó seguidas de risas malvadas.

Al final arrancó la flecha con desesperación, el dolor fue mayor al sentir como si su carne estuviera siendo arrancada y un grito desgarrador salió de su boca junto a sus lágrimas. El objeto punzante cayó al suelo sin emitir sonido, como si intentará aliviar el dolor. Su mano izquierda agarró su otra muñeca lastimada sintiendo un líquido caliente bajando por todo su brazo y empapando su ropa. Por un segundo su vista se desenfocó, pero rápidamente se levantó apoyándose del árbol. Sus piernas apenas y podían moverse, pero hizo todo lo posible para seguir en pie. Al fondo del bosque podía ver un área despejada, los pasos y canturreos seguían sonando tras suyo. Devon sabía que lo estaban dejando escapar por diversión, porque su andar era lento y tambaleante. Justo como una presa que no es devorada hasta que dé su último aliento.

— Por favor, por favor — sollozó suplicante al cielo.

Sus lágrimas caían en cascada, sus piernas cedieron haciéndolo caer de rodillas, no sólo todo su cuerpo dolía de forma aguda, también su muñeca destrozada drena cada vez más su líquido vital hasta el punto en que su visión se tornaba borrosa. Intentó levantarse con sus últimas fuerzas pero nuevamente sintió un dolor agudo atravesar su tobillo. Gritó, no solo por el dolor, sino por el terror que le causaba pensar en lo que le harían una vez lo atraparan, porque la idea de que lo atraparan se hacía a cada segundo más clara en su corazón, apoyó todo su peso en sus brazos sin importarle que la herida en su muñeca sangrara aún más y se arrastró entre la tierra y hojas secas, sus dedos se clavaban en la tierra aferrándose a la idea de escapar de aquellos monstruos. Las risas aumentaron, seguramente por verlo huir de una forma tan patética. Cuando llegó al área despejada vió con su vista empañada de lágrimas un gran y hermoso lago de agua cristalina, un hermoso techo natural creado a partir de las ramas entrelazadas de los árboles dejaba un círculo en medio del lago por el que se podía apreciar el cielo. Aquella majestuosa vista lo dejó fascinado por un momento, pero pronto volvió al presente, su cuerpo agotado se dejó reposar sobre la hierba verde del lugar. Sus ojos desenfocados cayeron en unas botas café de cuero. Su piel se erizó y la saliva en su garganta lo atragantó.

— Perdí mi apuesta— masculló tras chasquear la lengua— ¿cómo harás para devolverme lo que he perdido por tu culpa?




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