Hacía frío, tanto frío que podía ver cómo sus manos se iban tornando de un color morado. El bosque latía con un constante peligro, enviando escalofríos y señales de alerta a su cerebro. Un terror inconsciente punzó su cuerpo, sin saber por qué, comenzó a correr desesperado, los grandes árboles parecían gigantes y los sonidos de los animales parecían sonar cada vez más cerca de él.
Devon no sabía cómo había llegado aquí, sus recuerdos no eran más que piezas lejanas de un rompecabezas ya roto. Solo era un instinto el que le gritaba que corriera de ahí, pero por más que intentaba alejarse parecía que no avanzaba nada. Su piel ya sudaba frío y su corazón ya latía desbocado.
La noche se cernía sobre todo, consumiendolo en un velo absoluto e impenetrable. Sentía que lo observaban, la sensación picando de forma aguda en cada parte de su cuerpo, sentía las miradas desde los árboles, los arbustos y hasta del suelo. Sus piernas ya cansadas de tanto correr se detuvieron, su cuerpo se inclinó hacia adelante apoyando sus manos en sus rodillas intentando recuperar el aliento. El viento jugueteaba con su cabello negro, tapando de forma leve su vista.
El inmenso bosque parecía hacerse más grande a cada segundo, suprimiendolo en una sensación de absoluto miedo. Unos pasos resonaron tras suyo, pausados y con calma como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Su cuerpo se paralizó y un ligero temblor apareció en sus rodillas.
No se atrevió a mirar atrás, solo corrió más rápido que antes pero aún sin poder alejarse de donde un inicio estuvo parado.
Los pasos se acercaban cada vez más hasta que sintió algo frío envolviendo su tobillo, esto lo jalo tirándolo al suelo, su barbilla recibió el impacto y el sabor metálico de la sangre llenó su paladar, el objeto en su tobillo lo arrastró hacia atrás. Devon se desesperó e intentó agarrar algo para impedir el seguir siendo arrastrado, pero fue en vano. Una mano agarró su cabello tan fuerte que parecía que lo quería desprender de su cuero cabelludo. Un aliento rozó el costado de su cuello, enchinando su piel y haciendo que su cuerpo se encogiera por el miedo.
— Vuelve o te arrastro al fondo del lago— una voz fría mezclada con un tinte de crueldad.
(...)
Se despertó de un sobresalto, pateó las mantas sobre su cuerpo y cayó con un ruido sordo al suelo. Todo su ser temblaba y su pijama estaba mojado y pegada a su piel.
¿Entonces… todo eso fue real?
Aquella noche en la montaña parecía una pesadilla brumosa. Las heridas en su muñeca y tobillo habían desaparecido y las uñas en sus dedos estaban intactas. En su cuerpo solo yacían cicatrices viejas. No sabia como habia despertado en su cama ni tampoco que fue lo que pasó, pero desde esa noche sus verdugos lo evitaban como si fuera la muerte sin atreverse a decir un solo comentario en su presencia y aunque esto lo alivio no pudo evitar preguntarse:
¿Qué fue lo que vivieron esa noche tras su desmayo para que demonios como ellos lucieran tan asustados?
Para Devon lo que sea que haya pasado era como haber gastado la suerte de su vida en solo ese momento. Recordaba haber recurrido a la leyenda en su desesperación mas no le tomó importancia, hasta ahora. Ese sueño fue tan real y esa voz tan parecida a la que escuchó antes de perder la consciencia esa noche que algo muy dentro de él sabía que se había metido en algo peligroso.
Se levantó lentamente del suelo, digiriendo lo que había soñado. Quería creer que tal vez se estaba quedando loco, o simplemente era la manifestación de todo el miedo que había reprimido en este tiempo. Se sentó aún sintiendo la sensación de algo envolviendo su tobillo, como si en cualquier momento eso lo volvería a jalar y lo arrastraría a Damnatus. Sus pestañas temblaron, la sensación de ahogo y sofocamiento comenzaba a persistir en él, su cuerpo clamaba por aire fresco. Sus ojos se dirigieron a la ventana de su habitación, los árboles se alzaban junto a un cielo estrellado y una luna llena. Pero más allá, de entre los árboles solo se podía ver un velo negro que no daba paso a la vista de forasteros.
Su corazón se agitó, algo lo llamaba, lo apuraba a volver. Pero por más que su interior lo guiaba de forma desesperada su cuerpo seguía sentado de forma rígida sin poder moverse.
— N-no puedo— su voz se quebró
Sus manos agarraron las sábanas estrujandolas. No podía volver, no quería volver. El terror hacia esa montaña ya estaba grabado en su piel, en sus huesos y sangre. No podía siquiera dar un paso hacia allí sin que sus pies fallaran. Sin embargo aún no podía decir que se arrepentía de haber invocado al condenado. Porque si lo que sucedió la noche anterior fue real, entonces gracias a él pudo volver a casa.
El viento se alzó y se precipitó hacia el vidrio de la ventana. La madera del marco crujió y el vidrio emitió un chirrido. Fuera, de entre los árboles se veían bolas blancas que danzaban en el aire, llamándolo.
Sus ojos se abrieron y soltó un jadeo en shock por lo que veía, era la primera vez que presenciaba una de las tantas magias de Damnatus, antes de poder reaccionar sus pies se movieron solos, como si algo los obligará a moverse. Sus labios rosados temblaban ligeramente y su rostro pálido daba la sensación de que lo estaban enviando a morir. No quería ir, pero era como si su cuerpo no le perteneciera y siguiera la voluntad de alguien más.
Abrió la ventana. Recibió un golpe del viento en su rostro, sus ojos se cerraron por el impacto y cuando los abrió vio las esferas blancas brillar más fuerte aún. Su cuerpo se movió, ya estaba luchando por contener las lágrimas. Pasó su pierna, luego su cabeza y luego su cuerpo por la ventana. Al vivir en el primer piso la altura no era alta, pero sí lo suficiente como para que sus piernas quedarán colgando de esta.
Saltó y aterrizó suavemente en el césped. El frío era más intenso afuera y el viento seguía golpeándolo sin parar. Su cabello volaba salvajemente golpeando los lados de su rostro y ojos. Caminó de forma lenta hacia el bosque, sus pasos eran inestables por lo que cada vez que pisaba una roca su cuerpo se tambaleaba. Cada vez que daba un paso Devon luchaba con todas sus fuerzas en dar media vuelta y correr de nuevo a su habitación, más allá del límite del bosque solo se lograban ver aquellas bolas blancas volando. Una vez llegó al límite del bosque se detuvo, sudor frío corría por todo su cuerpo y las lágrimas ya habían comenzado a caer por sus mejillas. Tenía miedo, mucho miedo. En el fondo sabía que el condenado lo estaba buscando, obligándolo a volver a Damnatus, y aunque Devon sabía que debía su vida al ser, no podía negar que la presencia del condenado lo aterraba tanto como para querer huir sin importar el pacto. En las leyendas aquel ser se describe como alguien cruel que a cambio de cualquier deseo drena tu vida con métodos horribles e inhumanos, por algo la montaña lo había encerrado al fondo del lago.