Besos bajo la luna [bl]

Capítulo 4: Danza de las Bestias.

La tierra temblaba, el viento rugía y el tambor resquebrajaba la voluntad y consciencia de los animales, incluido Devon.

Desde feroces osos hasta pequeños conejos, todos avanzaban de forma inconsciente sin importar los obstáculos en sus caminos. Parados en dos patas todos danzan rítmicamente de forma extraña; un salto adelante, dos saltos atrás y una vuelta agitando sus cabezas. Sus cuerpos no aptos para tales movimientos sufren las consecuencias, el crujir de los huesos partiéndose en dos y las extremidades colgantes o torcidas no eran impedimento para seguir bailando.

La cabeza de Devon estaba sumergida en el sonido del tambor, los golpes tan fuertes eran dolorosos como si directamente su cráneo fuera utilizado como instrumento. Sus sentidos estaban nublados, como si una espesa niebla lo aislará del mundo exterior. No podía oír, ver o sentir, solo sentía el retumbar de su cabeza.

— ¡Devon!

Abrió los ojos asustado, su mente ahora clara lo abofeteó con las imágenes de segundos antes de perder la consciencia. Cayó al suelo aterrado, frente a él un lago tan oscuro como un pozo sin fondo y cientos de animales en dos patas rugiendo y bailando erráticamente para después dejarse caer al lago. El fondo oscuro se tragaba a los animales sin dejar ver un solo pelo, cientos de animales moviéndose aterradoramente y algunos arrastrándose cual serpiente por sus extremidades rotas se lanzaban al agua sin dudar por un segundo, como si su instinto de supervivencia hubiera sido apagado y solo quedara un cuerpo hueco convertido en una maquina de baile.

A su nariz llegó un dulce olor, este olor era como si se adentrará en su cuerpo, recorriera sus venas y llegará a su cabeza disipando el dolor de cabeza y la niebla. Devon alzó su vista, frente a él un hombre de cabello plateado y ojos indiferentes sostiene una flor blanca cerca a su rostro.

— ¡Hasta que despiertas humano!— la bolita de pelos revoloteo a su lado soltando un suspiro de alivio— si mueres no sabría en donde encontrar un nuevo boleto de salida para el señor

El ser volteo la cabeza para mirar ferozmente a la bolita, quien se acurruco entre el espacio del cuello y hombro de Devon.

Devon seguía aturdido ante la situación, aunque quería seguir mirando fijamente al ser frente a él la escena tras el condenado lo llamaba, como si la misma montaña lo obligara a ver la crueldad de sus entrañas. El tambor seguía sonando, era como si hubiera altavoces por todo el bosque que ayudarán al sonido a ser sumamente potente.

Sus labios resecos y manchados de sangre seca se entreabrieron lentamente y con una voz rasposa pregunto:

— ¿Qué está pasando?— sus ojos seguían desviándose hacia la horrible escena, cada golpe del tambor era cómo desconectar un nervio de su cuerpo dejándolo paralizado

Como si viera una gran oportunidad de demostrar sus conocimientos ante este humano ignorante la bolita de pelos revoloteo nuevamente alrededor de Devon.

— Este es el ritual de las bestias- sus ojos como aceitunas tienen un toque de orgullo— este es un ritual exclusivamente para mi señor, esto lo ayuda a nutrir sus poderes

Devon trato de recordar y efectivamente, había una leyenda sobre una danza bestial en su pueblo, en donde los animales danzaban en la montaña, pero como toda leyenda la información o es muy vaga o poco creíble, jamás imaginó que esta leyenda tuviera algo que ver con el ser frente a él.

— Sostenla— su voz tan clara como el agua y fría como la nieve— esto impedirá que sucumbas ante la magia del tambor.

La flor blanca emite un dulce olor. Devon la tomó con manos temblorosas y musitó un simple gracias. El ser volteo a mirar la escena con ojos fríos, aunque miles de pensamientos se arremolinaron en su cabeza no lo expresó en su rostro.

— ¿Qué deberíamos de hacer, mi señor?— la bolita preguntó viendo también la escena, al menos cientos de animales habían saltado al lago, y aún había miles más.

Devon se levantó, pero sus piernas casi ceden al volver a mirar los animales contorsionistas frente a él. Su mente entró en pánico y pensó que definitivamente no podría dormir hoy sin tener pesadillas.

El ser seguía sumido en sus pensamientos, sin responder a la pregunta de su sirviente.

Este ritual tiene como objetivo nutrir su poder, por lo que la marioneta que toca el tambor siempre será minuciosamente revisada por él, pero, ¿cómo pudo el ritual comenzar sin su consentimiento?, sólo podía haber una razón, su marioneta fue manipulada. La razón de la otra parte fue tan obvia que no tuvo que deducirlo, querían usar a su marioneta para cometer una falta con los sacrificios obligándolo a volver al lago por mil siglos más. Una sonrisa fría se extendió en su rostro, sus ojos destellaron con odio puro para después reflejar la calma de siempre.

Volteo para mirar al débil y cobarde humano que había hecho un trato con él, hizo todo lo posible para suprimir el disgusto en sus ojos.

— Resolveré este asunto rápidamente, quédate con él lejos del lago— Devon asintió rápidamente como un pollo débil, el condenado miró su acción y se obligó a recordar— no huyas o hare un candelabro con tus huesos

Mientras el hombre caminaba a paso relajado Devon veía su espalda con los ojos tan abiertos que parecía que en cualquier momento se saldrían de sus cuencas. Su cuerpo temblaba ligeramente mientras la aterradora imagen de un candelabro hecho de huesos lo hizo saltar en su sitio, si no fuera por la bolita de pelos que volvió a colocar rápidamente la flor frente a su nariz habria caído nuevamente en el hechizo del tambor.

— Rápido humano, vamos hacia los árboles.

Devon asintió mientras su mirada permanecía fija en el suelo. El solo escuchar como los huesos se rompían lo hacía trastabillar. Camino con piernas temblorosas al otro lado del lago en donde terminaba el espacio abierto y comenzaba el bosque. Frente a él estaba el lago y al otro lado de este los animales seguían bailando descontrolados.




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