Se escuchó un golpe seco. El viento azotó sus rostros recibiendolos con entusiasmo a la superficie.
El condenado sacó a Devon del agua con enojo. El humano parecía tener una suerte fantástica para quedar al borde de la muerte.
Devon tosio desenfrenadamente, el tambor seguía retumbando con especial ahínco y nuevos sin nombres llegaban rugiendo mirándolos con cautela desde el otro lado del lago, pero Devon seguía ocupado tratando de regular su cuerpo como para verlos. Sus pulmones ardían y su cuerpo estaba tan helado que sentía que se quemaba por dentro.
El ser frunció el ceño, estas bestias que persiguen a su esclavo no parecían querer atacar a muerte. Unas bestias sin cerebro como ellas no deberían de ser capaces de saber lo que es la cautela o retirada.
Devon sentía que la vida volvía a su cuerpo con cada bocanada de aire. Sus ojos empañados en lágrimas y su rostro pálido lo hacían ver miserable. Kicker se apresuró a poner la flor nuevamente cerca a su nariz.
— Debes dejar de cortejar a la muerte, humano.
— Yo no quiero morir— murmuró Devon con agravio, su cuerpo ya estaba temblando y sus extremidades se rehusaban a dar un paso más
Devon sabía que quedarse más tiempo en la montaña lo mataría, tal vez no hoy o mañana, pero definitivamente sería en un dia no muy lejano
— Q-quiero irme a casa— susurro con la voz quebrada
El ser volteó abruptamente como si quisiera arrancarle la cabeza, sus ojos y semblante frío no impedian que el aura que emitía fuera feroz.
— Imposible, el ritual no ha culminado y los sin nombre te despedazaran a penas des un paso— lo miro de forma amenazante— además no te doy permiso de irte
Devon bajo la cabeza mientras las lágrimas se deslizaban por su rostro. El condenado volvió a desenvainar su espada y saltó a la lucha con las bestias. Ya casi no había animales bailando, solo unos pocos que llegaban de vez en cuando a lanzarse al agua. Devon ya desde hacía tiempo se había rehusado a ver a esos animales contorsionistas por su salud mental.
Temblaba de frío mientras kicker seguía regañándolo. Miles de pensamientos revoloteaban por su cabeza, Devon solo quería hacerse una bolita y desaparecer…
— Humano, ¿qué es eso bajo tu ojo?
Devon respondió con desgana, su garganta ronca por el resfriado que se aproximaba.
— Una curita
— ¿Para que la usas?
Devon guardó silencio. Tocó de forma renuente la curita bajo su ojo derecho que seguía adherida a su piel, en el reflejo del agua un rostro delgado, con ojos grandes en forma de media luna, cabello negro y piel palida enfermiza le devolvio la mirada. La pesadez inundó una vez más su corazón.
— La uso para tapar un error— murmuró dando por terminado el tema
Volteo a ver como el condenado seguía cortando a los sin nombre. Los horribles chillidos y el sonido de la carne siendo cortada eran como un golpe de la cruda y cruel realidad que estaba viviendo.
El tambor sonando le ponía los vellos de punta, pero no tanto como el ver como se acercaba a ellos una gran serpiente de ojos rojos, grandes colmillos y que medía casi cinco metros de largo estirarse hacia el cielo y menearse como una lombriz en el suelo. Su piel verdosa con franjas rojas y su vigoroso cuerpo te hacían sentir que con un solo movimiento de su cola te partiría en dos. Devon jadeo tan fuerte que los ojos desorbitados de la serpiente parecieron mirarlo, pero fue solo su imaginación pues la serpiente seguía bajo los efectos del tambor.
— Hace siglos no veía una serpiente mortal tan poderosa.
Un recuerdo inundó la cabeza del joven pelinegro. Un armario oscuro y varias serpientes pequeñas deslizándose por su cuerpo mientras siseaban en el ahogante silencio. Sus ojos se abrieron con pánico, sus manos comenzaron a abrirse y cerrarse en puños y su cuerpo se tornó rígido. Casi podía sentir la piel fría de las serpientes deslizándose por su piel.
Kicker miró desconcertado al humano, sus ojos tan abiertos y su boca jadeando como si no pudiera respirar, el pequeño siervo suspiró con frustración. Lastimosamente les había tocado un humano muy defectuoso.
La gigantesca serpiente cayó desplomada en el lago, la punta de su cola se seguía agitando hasta desaparecer bajo las profundas aguas. Kicker miró al humano esperando que este recobrara la cordura. A unos metros de distancia sólo quedaban su señor y los horribles Sin nombre.
Detrás de Devon y Kicker una extraña criatura observaba la caótica situación. Los horribles gritos de los sin nombres erizaban su pelaje y su nariz se agitaba como si dudara en acercarse.
El extraño animal vio como el pequeño siervo se alejaba volando hacia el condenado, sus ojos negros brillaron con determinacion y con sus patas traseras se impulso hacia adelante y arremetio hacia el humano que seguia agachado inmovil. En un destello de luz la criatura y Devon desaparecieron del lugar como si nunca hubieran estado ahí.
— Mi señor— llamó Kicker— algo le ha pasado al humano
El ser no respondió, su espada seguía cortando a los sin nombre dejando solo cuerpos desintegrándose. La tediosa tarea lo estaba haciendo impacientar, pues no podía irse y dejar que estas criaturas cayeran al lago corrompiendo su poder. Necesitaba detener a la marioneta, sin embargo ya había verificado y la marioneta no estaba en su posición habitual.
Justo cuando estaba por emitir un ataque más poderoso escuchó a su siervo gritar:
— El humano desapareció.
Volteo bruscamente la cabeza, en ese momento un sin nombre aulló con fuerza y rasgó el brazo del ser, pero a pesar del ataque no había ni una sola gota de sangre en su brazo, como si aquellas garras fueran plumas hacia su cuerpo. El ser miro a las bestias frente a él, su mirada tan helada que te haría pensar que estás frente al mismísimo Rey del infierno.
Clavó su espada al suelo y la tierra tembló como si algo debajo se estuviera moviendo. El lago que segundos antes permanecía tan impasible como siempre recibiendo con gran deleite a las ofrendas se elevó. El agua cambió de transparente a carmín, la gran bola de agua se fue transformando hasta convertirse en un dragón, todo su cuerpo estaba lleno de púas filosas, sus cuatro patas tienen garras curvas y su larga cola se balanceaba con una fuerza aterradora. Su cuerpo parecía hecho por una especie de cristal translúcido como el jade pero rojo.