—¿Gina? —dijo confundida, reconocería aquella voz en cualquier lugar, bajó el arma al instante mientras le buscaba el rostro con la mirada.
—¿Quién más sería, Ivanna? —dijo volteándose y quitándose la peluca con una gran sonrisa— ¿esperabas a alguien más?
—¡Demonios! Pensé que estabas en Italia —la abrazó y luego de separarse de ella, sacó el cargador de su arma y le dio una golpecito en la frente a Gina— ¿qué demonios haces aquí? Por poco te mato.
—¿Qué forma es esa de recibir a tu mejor amiga? —fingió estar ofendida por la situación y el posible final de la misma, se cruzó de brazos y entrecerró los ojos.
—Eso debería decirlo yo ¿no crees? —Ivanna levantó una ceja mientras miraba el arma de su mejor amiga, Gina hizo puchero para evadir su culpa— lo siento, ven tomemos algo —caminaron hasta el mini-bar de la habitación— ahora si, dime qué rayos haces aquí —interrogó Ivanna cuando ya estuvieron sentadas con sus respectivos vasos de licor en la mano.
—Ivy, tengo ya un par de meses aquí de encubierta, las cosas han cambiado un poco desde que te internaste, muchos elementos han muerto en esta zona, por alguna razón creemos que Tártaro ya no es tan secreto como debería, se sabe que hay entre los elementos asesinados, hay algunos que han sido torturados y demás, por seguridad debes usar estos —sacó un anillo con una enorme piedra de color verde y un audifono que por alguna razón era más pequeño que de costumbre y estaba unido a un tipo de arete— este anillo contiene un rastreador, todos los elementos llevan uno de diferente color y tamaño, según su rango, pero todos en el dedo índice, los identificarás de esa manera, todos saben que estás aquí y saben quién eres...
—¿Y yo por qué? —dijo algo sorprendida, después de todo era la primera vez en la que se reunía con más de un elemento en una misión, por lo general Shaw era muy organizado y se aseguraba de que los elementos, sus equipos de seguridad y monitoreo estuviesen lejos unos de otros.
—¿Te atreves a preguntar por qué? —la miró como si quisiera golpearla fuertemente— Ivy tu eres el estandar platino de Tártaro, eres el único elemento que ha sobrevivido a más de cuatro intervenciones ¿y crees que la gente no lo sabe? Además de que tus ejecuciones son las mejores...
—Bien —la interrumpió, lo último que quería era ser una fanfarrona frente a su amiga, pero al parecer ella no había captado el mensaje— esto va aquí —se puso el anillo en el lugar que había sido indicado por Gina momentos atrás— ¿y qué es esta cosa? —señaló el arete mientras lo estudiaba con la mirada como si buscara un manual de intrucciones o algo así.
—Esto es un auricular, es para que estés enterada de lo que pasa, además de que al jefe a veces le da por hacer video-conferencias y te avisan por este medio.
—¡Genial! —dijo con fastidio mientras entornaba los ojos exageradamente— hasta en este lugar tengo que soportar los discursos motivacionales de Shaw.
—Cuéntame, qué ha pasado contigo en todo este tiempo de reposo —preguntó Gina con curiosidad, había estado mucho tiempo lejos de ella y quería estar al día.
—Nada interesante, sólo entrenar y salir de cacería por la base —respondió con naturalidad, Gina llenó de nuevo el vaso de su amiga.
—Si, me han dicho que los novatos que están entrando son muy lindos —Gina colocó de nuevo la botella a un lado para continuar con la conversación— ¿tu qué dices?
—Que tienen razón —se mordió el labio inferior mientras miraba su vaso— y como no tienes una idea.
—Conozco a la perfección esa cara así que no preguntaré nada al respecto —dijo al interpretar el explícito gesto de su amiga— ten mucho cuidado, los que no tienen este anillo son posibles sospechosos.
—¿Y todos aquí pertenecen a Tártaro? —preguntó con curiosidad a su amiga; después de todo, necesitaba saber cuantas personas podrían reconocerla.
—No, sólo el setenta por ciento, el resto son simples mortales —dijo Gina moviendo de un lado a otro el contenido de su vaso— es muy molesto porque tenemos órdenes de no mezclarnos con ellos.
—¿Setenta por ciento? Son demasiados elementos juntos, por donde lo vea es un riesgo demasiado grande incluso para el idiota de Shaw —Ivanna supo de inmediato que algo andaba mal y eso le molestaba, porque Shaw no había mencionado nada al respecto cuando le entregó la misión y mucho menos cuando la acompañó al avión.
—Lo sé, pero ya sabes que nosotros sólo seguimos órdenes, sólo somos carne de cañon, eres la única capaz de hacerle frente a ese animal —dijo posando su mano sobre el costado izquierdo como si recordara alguna cosa, esto obviamente no pasó desapercibido para su amiga.
—¿Qué te pasó en el costado? —Ivanna sabía que ese no era un comportamiento habitual en ella— ¿por qué te tocas ahí?
—No es nada —se removió en su asiento, lo cual confirmó las sospechas de su amiga—, no te preocupes.
—Quítate la camisa...
—¿De qué demonios hablas? —fingió estar ofendida, pero esto sólo hizo que Ivanna se molestara aún más.
—¿Quieres que te rompa la ropa? —le dio un golpe fuerte a la mesa que hizo que Gina se sobresaltara por la reacción de ella— ponme a prueba y verás que lo haré.
—No es necesario —dijo al advertir la mirada amenazante de la chica, poco a poco se desabrochó los botones de la camisa y dejó ver el vendaje que cubría su tórax— fue sólo un rasguño.
—Esos vendajes están sucios, quítalos ahora —Ivanna trataba de contenerse, su amiga nunca había resultado herida desde el momento en el que estuvo a su cuidado en el FBI y ahora quería asesinar a Shaw con desesperación— ¿por qué estás así?
—Hay muchos elementos heridos y no podemos ir al hospital ni siquiera con nuestras identidades; por seguridad, han habido muchos heridos en las misiones, tenemos pocos insumos médicos. Sé que te molestará esto, pero estamos acorralados aquí, tampoco podemos mostrar heridas porque todos somos o empleados o huéspedes de este hotel.