Besos De Dinamita.

Un Sentimiento Inesperado.

Ivanna se dio vuelta, pero él no estaba ni en la mesa de atrás, ni en la que estaba a su lado, sólo otro de los comensales que estaba con el teléfono en la mano, el hombre sonrió amablemente y ella devolvió el gesto, para luego volver a mirar al frente; no sabía la razón, pero sentía ansiedad, su respiración comenzó a dificultarse y deseaba verlo, su corazón tambien latía muy fuertemente dentro de su pecho, el bombeo excesivo de sangre comenzaba a hacerla sentir desorientada.

—Creo que me estoy volviendo loca —dijo por lo bajo, luego lanzó un suspiro que iba cargado de desaliento de principio a fin— ¿todavía más? —pensó como si estuviera hablando con ella misma— sólo mírate, tienes veinticinco años, viste como torturaban y asesinaban a tus padres cuando tenías doce, te casaste a los dieciocho y tu esposo fue asesinado cuando apenas tenían unos ocho meses de casados y el rest... —llegó un mensaje y de pronto sintió su corazón dar un salto dentro de su pecho— es Pilot, cierra la boca —le dijo a la voz en su cabeza como si de verdad hubiera alguien más dentro de ella.

Ella ya se fue, yo saldré luego de cenar ¿dónde estas? —Ivanna estaba pensando en qué contestarle, pero un par de minutos después su teléfono volvió a sonar— Estoy frente a tu habitación ¿puedes salir?

—Ese imbécil —dijo entornando los ojos, pero con una media sonrisa en el rostro— En este momento no estoy en el penthouse —envió el mensaje con las manos algo temblorosas y húmedas.

¿Entonces dónde estás?

En la sala de comensales esperando la cena.

Voy para allá, espera un momento.

Ok, apresúrate —sentía una euforía inexplicable y eso la hacia sentir como una completa idiota.

Ella guardó el telefono y se preguntó ¿por qué razón sonreía por alguien que había conocido hacía apenas unas semanas, no le pasaba ni le había pasado lo mismo por King con quien había estado más tiempo, llegó a la conclusión de que le daba igual y que el imbécil de su ex no merecía que ella pensara en él siquiera.

—Disculpa la demora —dijo Pilot con su voz gruesa y seductora mientras se ponía de pie junto a ella.

—Tranquilo —dijo con tono serio, pero sus labios y sus ojos no colaboraron pues una sonrisa se escapó tan sólo al verlo y sus ojos brillaban como si tuviera una galaxia dentro de ellos— siéntate por favor.

—¿Esperaste mucho tiempo? —preguntó luego de sentarse frente a ella, era imposible determinar el momento en el que ambos habían desarrollado aquella conexión tan fuerte.

—No, yo apenas acabo de llegar —Ivanna apoyó su mentón sobre sus dedos entrelazados.

—Se siente extraño volver a tener uno de estos —señaló el telefono y sonrió tontamente ante ella.

—Te acostumbrarás pronto —le restó importancia al asunto y él le siguió el juego.

—¿Te pasa algo? Tienes una energía extraña —preguntó luego de beber un poco de agua.

—Lo siento, estoy algo tensa. ¿Cómo te preparas antes de asesinar a alguien? ¿tienes algún ritual? —preguntó con curiosidad y Pilot sólo le mostró una media sonrisa.

—La verdad no, sólo me concentro en lo que voy a hacer, pienso en todas las personas que morirían si no cumplo con la misión.

—Interesante, eres un asesino de buen corazón —bromeó en voz baja y luego estalló entre risas— es tan tierno.

La cena continuó como si todo fuese en cámara lenta, sólo hablaban de tonterías y por un momento olvidaron que eran asesinos a sueldo, que tenían un record casi infinito de muertes en su historial y en su consciencia; actuaron como personas normales, sin poderes, sin pasado y con la posibilidad de un futuro que aunque era de papel, era mejor que nada.

—Oye, Golden nuestro avión espera —dijo el rubio acercándose a la mesa con cierto recelo ante la presencia de ella.

—¿A qué hora sale el último vuelo? —preguntó luego de ver su reloj, la energía de Ivanna volvió a cambiar lo que le llamó la atención.

—Está programado para las cuatro cuarenta de la madrugada —dijo como si fuera una especie de secretario.

—Informa que me voy en el último —dijo luego de mirar a Ivanna a los ojos e interpretar que no quería despedirse de él y a decir verdad, él tampoco— por favor.

—Pero tu puesto...

—Que se vaya alguien más en él —dijo sin quitarle la mirada a Ivanna quien parecía sorprendida por aquella decisión— no me molesta.

—No me voy a ir sin ti, imbécil —insistió el chico con algo de molestia, principalmente por dejarlo precisamente con ella.

—No te preocupes por mi —se apresuró a decir antes que Ivanna le dijera que se fuera—, vete adelante y asegúrate de preparar todo para mi llegada ¿está bien?

—Si, señor —dijo haciendo a un lado su molestia y dio un pasó atrás para irse.

—Gracias —dijo Pilot mientras el rubio se iba del lugar— y cuídate.

—¿Y eso qué fue? —preguntó ella extrañada por aquella actuación de ellos— ¿es tu subordinado o qué?

—Algo así, nos conocemos desde pequeños, su madre trabajaba para mis padres como mi nana, nos criamos juntos mis padres pagaron sus estudios y nos enlistamos juntos, pero nunca perdió la costumbre de tratarme así por más que se lo pedí.

—Debe ser un gran amigo para ti —respondió al ver que su relación era similar a la que tenía con Gina.

—Si, pero es muy impulsivo —dijo recordando lo que había ocurrido en el elevador—, pero ya estamos trabajando en eso.

—Se vé que es muy leal —por alguna razón tenía curiosidad por él y todo lo que con él se relacionaba.

—Bastante, a veces creo que demasiado —dijo entre risas discretas y de pronto sus miradas se encontraron y todo se quedó en silencio.

—Cuéntame más de ti —solicitó ella luego de regresar de aquel trance.

—No hay nada fuera de lo común, nací al Norte de Inglaterra, mi madre me abandonó cuando tenía cinco años en casa de los que posteriormente serían mis padres adoptivos ellos a su vez se mudaron a la capital y allí hicieron una gran fortuna, cuando yo tenía siete años llegó la madre de Albert a trabajar, desde ese momento nos hicimos inseparables, tanto así que mis padres pagaron su educación para que no tuviesemos que separarnos, igual en la universidad, su madre murió cuando él tenía veinte años, ya estabamos en las fuerzas especiales, mi madre murió de cáncer cuando yo tenía diecinueve años, mi padre no supo llevar la muerte de mi madre así que se suicidó al año siguiente poco después de la muerte de mi nana, fue realmente difícil para los dos y cuando Tátaro apareció, nosotros aceptamos sin dudar, después de todo no teníamos nada que perder, dejé las acciones de nuestra empresa a nombre de alguien de confianza y luego me aseguré de poner el dinero en una cuenta fantasma por instrucciones de Tártaro y tengo ese dinero más mi sueldo por hacer este trabajo. Morimos en combate.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.