Mensaje a Nicholas...
“Espero que estés teniendo una noche agradable. Me preguntaba si podría llamarte justo ahora.”
Mi cuerpo se llena de nervios. Cancelar mi cita con Nicholas no estaba en mis planes; va a pensar lo peor de mí.
Llamada entrante: Nicholas…
—Hola, Nicholas —no esperaba su respuesta tan rápido.
—Hola, ¿qué pasa? —su voz carga preocupación.
—Tranquilo, a mí no me pasa nada. No quiero preocuparte, es solo que mi familia quiere que salgamos cuanto antes de la ciudad.
—Entiendo, hermosa. —¿Hermosa? ¿Cómo puede ser tan lindo siempre?— Lo comprendo. Nuestra cita tendrá que esperar. —Su voz se suaviza.
—Me preocupaba que pensaras que no me interesa…
—No te preocupes. Quizá cuando regreses podamos platicar de lo que hiciste.
—Perfecto, entonces posponemos la cita.
—No hay que posponerla del todo. ¿Te parece si paso a visitarte un rato antes de que te vayas?
—Por supuesto que puedes. —No tengo idea de qué voy a decirles a mis padres. No quiero asustarlo.
—Dame una hora y estoy por allá.
Para mi sorpresa, solo está mi madre en casa; los demás salieron a comprar regalos para Daniel, cosas que le recuerden a Evervale.
—Madre, quería hablar contigo… sobre un chico.
—Así que ya tienes novio. —Su mirada pícara me hace sonrojar, y no puedo evitar soltar una risa nerviosa. Hablar de estos temas con los padres debería venir con un manual, para evitar morir de vergüenza.
—Solo lo mencioné de broma, hija. —responde mi madre, sonriendo de manera traviesa—. Eso sí que es una novedad en ti.
El comentario de mi madre me toma por sorpresa, como una ráfaga de viento que me descoloca. No sé si es la forma en que lo dijo o la manera en que su mirada se alzó por encima de su taza, pero algo en su tono me hace sentir como si acabara de revelar un secreto, aunque ni siquiera yo sé si es un secreto.
Lo gracioso es que, aunque todo esto me hace sentir expuesta, no puedo evitar preguntarme: ¿Acaso tengo miedo de que mi mamá me vea de una manera diferente por estar con alguien? Pero luego me doy cuenta de que no, no es eso. Es solo que, de alguna forma, sigo viéndome como la niña que se oculta detrás de los libros y de la sombra de lo que se espera de mí. Y ahora, con Nicholas y sus palabras, con esa canción que me sigue rondando la cabeza, empiezo a darme cuenta de que tal vez no estoy tan segura de lo que soy… o de lo que quiero ser.
—Hasta ahora solo es un amigo, mamá. Viene a desearme buen viaje… y a despedirse.
—Si quieres privacidad, puedo darles su espacio. —Sonríe mientras acomoda ropa en una maleta.
—No es lo que piensas. —Miro la hora; creo que una “manita de gato” me hará bien.— Me voy a arreglar. Y si papá no regresa todavía, por favor no le digas nada.
—No le guardo secretos al amor de mi vida —dice orgullosa.
Ha pasado más de una hora y Nicholas no llega. Ojalá todo esté bien. No responde mis mensajes; debe ser la señal. Mientras tanto, termino de acomodar mis maletas. Como viajamos tan seguido, ya tenemos un sistema: un cambio de gala, dos de invierno, dos casuales y una pijama. Simple y cómodo. Agrego los pendientes que me regaló mi hermana y mis accesorios de cabello con brillantes.
—¡Emily, te buscan! —la voz de mi madre retumba por toda la casa.
—¡Voy! —me pongo un suéter y salgo al patio.
Ahí está: Nicholas, con su clásica camisa oscura… y algo más.
—Hola, Nicholas. —Llegamos a la puerta donde él espera junto a mi madre.
—Hola, Emily. Te traje esto. —Extiende sus manos, revelando un ramo de rosas rojas aún más hermosas que las anteriores.
—Gracias… no debiste molestarte. —Luego recuerdo a mi madre detrás de mí.— Perdón, mamá, él es Nicholas Reed.
—Mucho gusto. Elena Stone. Con permiso, chicos. Tengo cosas que empacar —dice antes de dejarnos solos.
Tomo la mano de Nicholas y lo llevo a una pequeña estancia en el jardín, el lugar perfecto para platicar con tranquilidad. Hablar con él es mi actividad favorita: tiene la habilidad de hacerme sentir parte de su mundo, se emociona con lo que a mí me emociona, presta atención a cada detalle. A veces parece que somos el centro del universo del otro.
—Hay algo que quería decirte… —toma mis manos con suavidad—. Nuestra amistad ha crecido tanto que ya no puedo verla solo como eso. Conocerte ha sido una de las cosas más extraordinarias que me han pasado. Eres hermosa, Emily. Esos ojos tuyos… —sus palabras caen como pétalos— me enamoraste. Me haces soñar. No hay nadie como tú. Amo cada detalle.
Está pasando. Esto está a punto de convertirse en algo más. Lo esperé por tanto tiempo que ahora no sé qué hacer ni qué decir. Él hace una pausa; sus manos envuelven las mías, un suspiro escapa de sus labios.
—¿Quieres ser mi novia? —lo dice. ¡Lo dijo! Mis ojos se iluminan, mi respiración se agita tanto que el sonido interrumpe el momento.
—Nicholas… me tomas por sorpresa —estoy temblando.
—¿Eso significa que no…? —sus ojos se oscurecen con incertidumbre.
—No. Significa que sí. —Sonrío, sintiendo cómo la emoción me desborda— Sí, quiero ser tu novia.
Y justo entonces, el choque de sus labios llega: cálido, sorpresivo, esperado.