Besos que duelen

CAPITULO 13.- Sin prisa

El viaje por carretera siempre ha tenido algo liberador. En pocas horas llegamos a la playa. A tres horas de aquí está la galería donde Daniel tendrá su exposición, así que podremos disfrutar sin prisas. He aprovechado este tiempo para aclarar mi mente. Muchas veces me cuestioné la posibilidad de no encajar con alguien, de que mis sueños no fueran escuchados… y ahora esa persona existe, es real, es tangible.

Estos días me han servido para hablar mucho con Nicholas, ya sea por mensajes o en largas llamadas. Me contó que su mamá visitó la tumba de su hermano y que quizá haga un viaje pronto. Parece una jugada del destino: los viajes nos acercaron a lo que ahora somos. Espero que siga siendo así, que las cercanías sucedan, sobre todo aquellas que requieren apoyo.

Estas pequeñas vacaciones en familia lo son todo. Muchos piensan que somos una familia llena de cursilerías, pero solo somos una familia que, a lo largo de la vida, ha aprendido a demostrarse cariño y amor. Así es como nos definen Daniel y Victoria.

Siempre tuve amigos, familia, amor suficiente… pero nunca pensé que una relación fuera posible para mí. Mis intentos fallidos marcaron mi manera de ser. Tener a Nicholas me llena el corazón. Tuve mi primer beso de amor, justo como lo había soñado.

A veces me pregunto qué pasa con los amores. Dicen que en la vida hay tres: uno que te rompe en mil pedazos, uno que te transforma y otro que te llena. No quiero pensar cuál es Nicholas para mí, porque eso sería adelantar un final… y esta historia apenas comienza.

El viaje con mi familia está siendo perfecto: los paisajes, las risas, las conversaciones… son ese tipo de cosas que realmente me llenan. Solo hay un pequeño detalle: las miradas inquisitivas. He evadido el tema de mi noviazgo y el hilo está a punto de romperse.

—Hija, ¿tienes aquella crema para el sol que sueles usar? —mi madre interrumpe desde la puerta de mi habitación.

—Claro, mamá. Adelante, déjame buscarla y enseguida te la doy —respondo, mientras noto cómo revisa mis cosas con una mirada sutil.

—Hablé con la mamá de Victoria. Posiblemente no lleguen a la galería de Daniel. ¿Han hablado sobre eso?

—No, para nada. De hecho, tenemos pendiente una tarde de chicas en línea. Le preguntaré qué pasa, no te preocupes —le entrego la crema protectora.

—Estaba pensando… —dice, dudando— ¿te gustaría que cuando regresemos a Evervale organicemos una cena para que invites a Nicholas? Es importante que todos nos conozcamos. Además, es algo que a tu padre le agradaría. No sabes lo nervioso que está desde que salimos; no deja de pensar en la persona que puede ser ese chico en tu vida.

Su propuesta me toma por sorpresa, así que asiento lentamente.

—Claro que sí. Seguro se llevarán muy bien. Es una persona muy cálida.

—¿Lo conoces bien, hija? —toma mis manos con las suyas, con una ternura que me desarma.

—¿Hay algo que quieras decirme? Noto que estás ocultando algo…

—No es nada —responde con una leve sonrisa—. Es solo la preocupación de una madre cuando alguien nuevo entra en la vida de su hija.
—Lo entiendo, mamá —respondo con suavidad—. A mí también me preocupa no hacerlo todo bien.

Ella me observa unos segundos, como si buscara leer algo más allá de mis palabras.

—Nadie lo hace todo bien —dice finalmente—. Solo intentamos hacerlo con el corazón en el lugar correcto.

—Eso intento.

—Y se nota —sonríe—. Has cambiado… pero no para mal. Te noto más tranquila, más segura.

—Tal vez porque, por primera vez, no siento que esté fingiendo ser alguien más.

Mi madre aprieta mis manos con cariño.

—Entonces confía en eso —me aconseja—. Si esa persona te permite ser tú, ya es un buen comienzo.

—Gracias por no presionarme.

—Nunca lo haré —responde—. Solo prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—Que si algún día dudas, si algo te duele o te confunde, no lo cargues sola.

Asiento, con un nudo en la garganta.

—Te lo prometo.

Ella se inclina y deja un beso suave en mi frente, como cuando era niña.

—Eso es todo lo que una madre necesita escuchar. Así que me retiro, hacer enojar a tu padre es un trabajo de tiempo completo.

Sonrío mientras la veo salir de la habitación. Antes de cerrar la puerta, se detiene un segundo.

—Y por cierto —añade con suavidad—, estaré encantada de verte aún más feliz.

La puerta se cierra despacio.

Me quedo sola, con el eco de sus palabras flotando en el aire. Respiro hondo. No he dicho todo, pero tampoco he mentido. A veces, guardar algo no es ocultarlo, sino cuidarlo hasta que esté listo para mostrarse.

Y en ese silencio tranquilo, entiendo que el amor también se construye así: con paciencia, confianza… y hogar.

Ya por la tarde estoy lista para un maratón de películas online con mis amigas. Veremos un clásico: Twilight. Bien merecido.

Mientras acomodo todo para recostarme —pizza, dulces y unos rollos de sushi sobre una bandeja tipo buffet— aparece una videollamada entrante.

Cassie1258 está en línea.
VictoryGirl está en línea.

—¡Te estamos esperando! ¡Abandona-amigas! —se queja Cass con voz de reclamo suave.

—Perdón. Me la he pasado de un lado a otro, apenas tengo un momento para descansar. Pero ya, empecemos —me acomodo en la cama, lista.

—Pero para el galán sí te das tiempo —dice Victoria en tono burlón.

—Para los amores siempre hay un espacio, claro —respondo riendo.

—Mírate, estás toda contenta —dice Cass, que sabe cuánto deseaba este momento.

—Debo ser sincera, chicas… tengo miedo de arruinarlo —confieso mientras cargo la película—. Todo está pasando tan rápido que parece mentira.

—No pienses así —dice Victoria con sus ojitos de enamorada—. Solo vívelo. No te arrepentirás. Por cierto… ¿qué harás mañana?

—Por ahora, solo iremos a la exposición de Daniel. Lástima que no viniste, Victoria.

—Ay, no pasa nada. Daniel sabe lo sobreprotectora que es mi mamá. La lástima será que mi boleto nadie lo usará… —se queda pensativa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.