Besos que duelen

CAPITULO 24.-  Los inicios

—No lo sé, chicas. Ustedes, más que nadie, saben que las cosas entre Daniel y yo no son como Nicholas piensa.

—Ese no es el problema, Em —dice Cassandra mientras se acomoda en la cama y nosotras hacemos lo mismo para escucharla—. El problema es que Daniel no coopera. Pongamos las cosas en contexto, ¿ok? Lo poco que he conocido de él, y más por ustedes, es lo siguiente: primero, es el amigo de la infancia de Emily y de Victoria… pero más de Emily. Segundo, viven prácticamente uno al lado del otro en uno de los sectores más familiares de toda esta localidad. Y tercero, y más importante hasta ahora, cuando por fin encuentra la manera de expresarse, comete la osadía de exponer a su musa. ¿Qué ocasiona eso en Nicholas? Celos. Los celos de un hombre y la inseguridad de alguien que aún no empezaba su relación y ya empezó a sentirse roto. ¿Quieren que siga?

Nos quedamos calladas, procesando cada palabra.

—Eso sin mencionar lo que me enteré en clases —añade Victoria—. Al parecer aquí también está una exnovia de Nicholas. Podrías averiguar qué pasó entre ellos.

Mis ojos se abren al instante.

—¿De qué estás hablando, Victoria? ¿Qué quieres decir con eso? —Mi mente comienza a sacar conclusiones a una velocidad peligrosa.

—No hagas nada de lo que después puedas sentirte culpable, ni algo que pueda ofender a Nicholas —interviene Cassandra con una seriedad que asusta—. Claro que apruebo la libertad, pero también hay que contenernos un poco.

La abogacía definitivamente se ha apoderado de ella.

—Las palabras son importantes para Nicholas, Em —continúa—. Por lo poco que he platicado con él en clases, es una persona muy linda, muy sentimental… pero tiene una furia contenida. Varias veces se ha enfadado conmigo sin dar explicación, y de pronto vuelve como si nada.

—Eso no pasa conmigo —respondo, jugando con el vaso de refresco entre mis manos—. Llevamos días sin hablarnos ni vernos entre clases. Alguien tiene que dar el siguiente paso… y tengo miedo, no lo voy a negar.

—Yo lo vi con sus amigos en la cafetería esta mañana —dice Cassandra—. Se veía muy bien. Las que estamos sufriendo somos nosotras por ustedes.

—Pienso que deberías usar la carta de la exnovia —sugiere Victoria.

—No voy a usar algo de lo que ni siquiera estamos seguras. Meter más la pata no está en mis planes… por ahora.

Cassandra me observa con atención.

—¿Lo quieres, Em? —La pregunta me toma por sorpresa—. Digo… hay que tener los sentimientos claros.

Querer a alguien es un sentimiento enorme. Es como un capullo que florece lentamente: la belleza en los pequeños detalles, la paciencia esperando los primeros rayos de sol por la mañana.
¿Realmente puedo llegar a querer tan profundamente a Nicholas como creí que lo haría?

Quiero que camine a mi lado.
Que entienda mis silencios.
Que respete mis pausas.
Alguien que no le tema a mis recuerdos.

—Lo hago.

Veo cómo mis amigas analizan mi rostro. Esas dos palabras han salido de mi boca, tal vez empujadas por la presión que siento en el pecho.

—Eso no suena a la Emily que estaba perdida por esa mirada misteriosa —bromea Victoria.

—Lo sé, chicas. Estoy feliz de estar con él… es solo que las circunstancias me confunden demasiado.

—Yo solo sé que te quiere, y mucho —añade Victoria riendo—. En clases se la pasa viendo una foto tuya.

—¿En serio? Y eso que las fotografías no son mi fuerte…

—Eres una mentirosa. Eres una diosa, una mujer llena de belleza —dice Cassandra mientras enumera virtudes que solo ella podría mencionar con tanto dramatismo.

La reunión con las chicas fue justo lo que mis días necesitaban. El respiro que mi alma pedía. Así pasé la tarde: entre libros, café y pensamientos… hasta que mi celular comenzó a sonar.

Los latidos de mi corazón se aceleraron más de lo que creía posible.

Llamada entrante… Nicholas.

—Hola… —mi voz brota con nerviosismo e incertidumbre.

—Hola, hermosa.

—Me da gusto escucharte, Nicholas.

—A mí igual. He estado pensando en lo que pasó. No quiero estar alejado de ti. Entiendo que no podemos controlar las decisiones de los demás… pero sí podemos decidir las nuestras. ¿Podemos continuar con nuestros planes?

—Claro que sí. Nada ha cambiado.

El silencio al otro lado de la línea se siente distinto… más cercano.

—Emily —su voz suena suave—, no quiero estar lejos de ti. Me dio miedo… eso fue todo.

—¿Miedo de qué?

—De importarme demasiado. De que alguien más pudiera ocupar mi lugar antes de que yo aprendiera a decir lo que siento.

Mi corazón late más fuerte.

—No hay nadie ocupando tu lugar, Nicholas.

Escucho cómo suspira, como si hubiera estado conteniendo el aire.

—Me gustas, Em. Cuando estoy contigo todo es mejor. Y no quiero perder eso por orgullo.

Sonrío sin poder evitarlo.

—Yo tampoco quiero perderlo.

—Entonces prometamos algo —dice con dulzura—. Si algo nos duele, lo hablamos. Si algo nos asusta, lo enfrentamos juntos. Pero no nos alejamos.

Cierro los ojos.

—Juntos suena bien.

—Suena perfecto contigo.

Hay una pequeña pausa.

—Descansa, hermosa. Mañana quiero verte… y abrazarte sin dudas.

—Buenas noches, Nicholas.

—Buenas noches, Emily.

¿Sin dudas?

Esas palabras se quedaron suspendidas en mi mente.
¿Es posible que nuestra relación no sea realmente amor, sino el capricho de alguno de los dos? De esos sentimientos que crecen con tanta intensidad que terminan rompiéndote…

No quiero malinterpretar nada, pero las palabras pesan cuando hay una intención detrás. Cuando existe una situación que nos ha llevado hasta el punto de sembrar dudas.

Mañana será un gran día. No quiero que pensamientos tan intrusivos invadan mi vida ahora.

—Emily, desde este momento pasarás a formar parte de Costa Industries junto a Daniel —la voz del señor Costa me sorprende en recepción.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.