Betrayals || Lookism

CAPÍTULO 4

El humo se deslizaba por la oficina como una serpiente, ondulando y retorciéndose en el aire, espeso y sofocante. ¿Qué había pasado? ¿En qué momento el infierno se desató aquí dentro?

​En medio del caos, una figura emergió de la cortina gris: un hombre con una confianza y determinación escalofriantes. Parecía una serpiente ancestral, con la mirada firme y segura, como si no temiera a nada ni a nadie. Su sonrisa, contagiosa y segura, era la de alguien cómodo en su propia piel, incluso bajo las llamas.

​De repente, un fuego rugió con intensidad a un lado de él. Las llamas danzaron, pero el hombre no se inmutó. Su postura, erguida y desafiante, parecía burlarse del infierno que lo rodeaba.

​—¡Imbécil! —El susurro de mis labios se perdió en el aire, pero juro que lo escuchó.

​Una leve sonrisa, ahora teñida de arrogancia, se marcó en su rostro. Con una mano metida en el bolsillo, caminó hacia mí. Podía sentir el inmenso poder que cargaba, y, lo admito, una sonrisa salvaje se sembró en mi propia cara. Me gustaba demasiado.

​—¡Quemaste un cargamento, y no solo eso, golpeaste a mis hombres! —anuncié, viéndolo a la cara, conteniendo la furia que hervía en mi interior.

​Él no apartó la mirada.

—Dime algo, ¿tú eres la encargada de este lugar? Porque si es así, me sorprende que seas una mujer. Escuché que el líder es despiadado, peligroso... para una mujer.

​“Vaya”, pensé con ironía. “Él cree que el líder es un hombre. Se sorprenderá si le digo que soy yo”.

​Intenté ignorar mis pensamientos. Él seguía hablando de "equipo" y "aprobarlo", pero yo ya estaba perdida, solo veía su sonrisa insolente.

​—Mira, pelirrojo, ya arruinaste mi día. Así que hazme un favor y vete por donde viniste.

​Me giré, dándole la espalda para regresar a mi oficina. Un error, claro.

​Una patada cortó el aire con una fuerza invisible. No fue física, no me tocó, pero el vacío que dejó al pasar rozó mis cabellos sueltos. La energía que desprendió me golpeó, avisándome de lo que pudo haber sido.

​—¡Oye! ¡Eso molesta! ¡Pudiste haberme lastimado! —exclamé, la sorpresa superando por un segundo mi habitual calma.

—Pero no lo hice —respondió él con esa misma sonrisa arrogante—. Además, no había terminado de hablar.

​Ya me había hartado. Mis hombres estaban tensos, pero se mantenían quietos, esperando mi señal. Él se estaba acercando, pero mi mano ya había levantado el arma, apuntándole directo al rostro.

​—Ni un paso más, ni uno menos. Vienes y quemas un cargamento, golpeas a mis hombres y hablas de "equipo". Sí que eres un imbécil.

​Él estaba inmutable. Calmado, sin nervios, sin miedo. No mostraba emoción alguna. Solo estaba ahí parado, como si un arma apuntándole no fuera nada. No se había dado cuenta de que mis hombres también lo apuntaban, desde todos los ángulos.

​—¿Acaso no te has dado cuenta? —Lo desafié, moviendo mi cabeza para que mirara a su alrededor—. Mira al fondo y luego mira arriba.

​Un grupo de hombres armados, con el rostro oculto tras máscaras, emergió de la oscuridad, con sus armas fijas en él. Era una situación mortal.

​—Qué peligrosa eres —dijo, y la sonrisa arrogante se ensanchó—. Me gustas.

​Mi silencio fue opresivo, pero lo rompieron los clics metálicos de los seguros de las armas al ser quitados. El aire parecía congelarse.

​—Te diré algo, pelirrojo. No me gusta pelear a golpes, pero esto... esto me encanta.

​Apretaron los gatillos. El sonido áspero de la descarga inundó mis oídos, y los suyos. Las balas pasaron, silbando, agitando nuestro cabello. La tensión era palpable, la muerte bailaba a nuestro alrededor, pero nuestros ojos seguían clavados. Mi corazón latía con una fuerza que parecía querer sacudirme el pecho.

​¿Cómo es que un hombre sigue de pie en una situación así? Las balas pasaban a un lado de su cabeza, rozando su piel, pero él no se inmutó. En su rostro, no había pánico, solo una extraña mezcla de gusto y asombro.

​—Pelirrojo —dije finalmente, con la voz apenas un susurro—, tú pasaste la prueba. Yo también paso. Esa mirada…

​Una mirada de deseo se apoderó de su rostro. Sus ojos, ardientes, parecían devorarme sin tocarme, como una llama que consume todo a su paso. La sonrisa que se dibujó en sus labios fue un susurro de promesas oscuras, un juramento de posesión que me hizo sentir atrapada.

​El aire se cargó de una tensión diferente. Su rostro parecía distinto, o tal vez solo estaba exagerando.

​—Vaya... me encantaste —respondió él—. Entonces tú pasas, querida.



#112 en Fanfic

En el texto hay: apariencias, lookism

Editado: 27.01.2026

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