Betrayals || Lookism

CAPÍTULO 7

​Ya está haciéndose de noche; solo se veían en el cielo los colores naranjas con un tono rojo.

​Me dirigía a la ubicación que me dio James; el lugar y las calles eran deplorables. Aquí, lejos de los edificios inteligentes y el lujo de la escuela, es donde realmente se siente el pulso oscuro de la ciudad.

​—Y dime, ¿cómo te fue en tu primer día?

—Aburrido.

—¿Amigo o enemigo?

— Ninguno —me preguntaba si hice amigos.

​Era una conversación real. Estaba conversando y no solo eso, mi rostro estaba relajado. En momentos había silencio y después él hablaba y yo lo escuchaba; no me irritaba para nada. Es extraño cómo James, a pesar de todo, parece ser el único que entiende el lenguaje que hablo.

​Habíamos llegado a una casa, pero era tan pequeña que se sentía claustrofóbica para tres personas. Al entrar, la desnudez del lugar era absoluta: no había ni un solo mueble.

Solo el frío del suelo. Allí estaba un hombre durmiendo y otro sentado en el suelo, apoyado contra la pared.

​Me fijé de inmediato: solo tenía una mano.

​Él me miraba con una seriedad cortante, analizándome. Para él, yo solo era una estudiante en un lugar donde no debería estar.

Observé el espacio, tan reducido, imaginando cómo sobrevivían ahí. Sin decir una palabra, me acerqué al hombre de una sola mano y me senté en el suelo, justo frente a él. Él no se movió, pero su mirada era un juicio silencioso.

​James se quedó apoyado en el marco de la entrada, observándolo todo con esa calma suya.

​—Una disculpa, aún no estamos todos. El otro está reclutando —habló James.

​Se acercó y se sentó a mi lado, integrándose al círculo.

​—Es la de la otra vez —le dijo al hombre lisiado, presentándome sin usar nombres.

​El hombre no dejaba de mirarme. Sus ojos no tenían vida, eran los ojos de alguien que ya lo había perdido todo.

​—Habías quemado un cargamento, ¿no? —preguntó, dirigiéndose a James.

​James no respondió con palabras, solo asintió con la cabeza.

​—Te reclutaste sola, eso me comentó James —continuó el hombre—. Bueno, estamos creando equipos, y para eso tenemos que reclutar a los más inteligentes... para poder empezar.

​Lo escuchaba hablar y sabía perfectamente de qué trataba. Yo misma lo hacía en Japón: crear equipos que a su vez crean sus propios grupos, para que los integrantes de la base nunca sepan quién es el líder principal. Una estructura de sombras.

​La plática siguió ese rumbo. Yo entraría como una "genio" estratégica, pero ante los demás, solo sería un guardaespaldas más, alguien a su servicio. El camuflaje perfecto.

​—Aún nos falta uno —dijo James—, pero creo que no tienes tiempo para esperar.

​—Me retiro —sentencié—. Ya sabes por dónde comunicarme.

​Mis ojos se clavaron por última vez en aquel hombre de mirada muerta. Sin evitar el contacto visual, me puse de pie y me retiré del lugar.

​—¿Quieres que te acompañe? —preguntó el pelirrojo.

​—No, gracias. Mi chofer me espera.

​Era mentira. Le había dicho a mi guardaespaldas que se fuera, pero sí que es un imbécil si cree que no sé quién me sigue. Caminé un poco y divisé el auto. Reconocí a Yohan adentro; no importó que se hubiera agachado para esconderse, lo vi perfectamente.

Me dirigí directo hacia él.

​—Abre —dije frente al cristal.

​Hubo un silencio tenso.

​—No pude evitar seguirte, me preocupé un poco —confesó él desde adentro.

​—Solo vámonos.

El seguro de la puerta saltó con un clic metálico. Entré en el asiento del copiloto y el silencio del habitáculo me envolvió, aislándome del aire pesado del exterior.

​Yohan no arrancó. Tenía las manos apretadas sobre el volante y la mirada fija en el parabrisas, como si estuviera tratando de asimilar lo que acababa de ver.

​—Te dije que te fueras —dije sin mirarlo, con la voz plana.

​—¿Qué hacías ahí? —preguntó él. Su tono no era de sospecha, sino de una confusión genuina—. Mi padre me dijo que eras una mujer de negocios, alguien importante... pero este lugar es un nido de ratas. ¿Por qué una empresaria como tú vendría aquí sola?

​Me recosté en el asiento de cuero, observando mi reflejo en la ventana. Para él, yo solo era una chica fría con mucho dinero; no tenía idea.

​—Hay oportunidades que solo se encuentran en el barro, Yohan —respondí con indiferencia—. No todos los tratos se cierran en oficinas con aire acondicionado.

​—Podrían haberte asaltado. O algo peor —insistió él, encendiendo por fin el motor. El auto comenzó a avanzar suavemente, alejándose de los callejones oscuros hacia las avenidas iluminadas—. No entiendo por qué eres tan terca. Si necesitabas ver a alguien en esta zona, podrías habérmelo dicho.

​—No necesito un niñero. Y mucho menos uno que se esconde en los autos para espiar —sentencié, clavando mi mirada en la suya.

​Él se tensó, pero no dijo nada más por un largo rato. El trayecto se llenó de un silencio denso. Yohan manejaba con cuidado, echándome miradas de reojo de vez en cuando, como si buscara alguna grieta en mi máscara de hielo. Para él, yo seguía siendo un enigma: una compañera de clase que por el día parecía inalcanzable y por la noche caminaba por lugares que cualquier persona normal evitaría.

​—Eres extraña, Kaiza —murmuró finalmente cuando nos detuvimos frente a mi edificio—. A veces parece que no te importa nada lo que te pase.

​—Me importa lo que me pertenece. El resto es ruido —respondí mientras abría la puerta. Antes de salir, me detuve—. No menciones esto a tu padre. Él espera que mantengamos una imagen profesional, y andar vigilándome en barrios bajos no entra en esa descripción.

​Yohan asintió lentamente, aunque su mirada seguía llena de preguntas que no se atrevía a hacer.

​—Mañana en la escuela —dijo a modo de despedida.

​Bajé del auto sin responder. Observé cómo las luces traseras del vehículo se perdían en la distancia. Yohan era un estorbo.



#111 en Fanfic

En el texto hay: apariencias, lookism

Editado: 27.01.2026

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