Betrayals || Lookism

CAPÍTULO 10

Tan hermoso es el cielo cuando se nubla y empieza a llover. Las gotas caían una tras otra, mojando todo a su paso; a través de la ventana, alguien las veía caer. Perdida en su mente, Kaiza formulaba todo lo que pasó aquel día de la reunión.

​Esa voz fue suficiente para que ella ya no hablara.

​Kaiza estaba en trance por aquella voz.

Se encontraba dándole la espalda; él la vio igual, pero ninguno dijo nada. Solo se miraron por unos segundos, mientras sus ojos analizaban cada parte del otro. Ninguno dijo nada, o no podían porque había gente a su alrededor, o tal vez simplemente no sabían qué decir.

​James sintió esa tensión. Observando la situación, dio un paso hacia Kaiza y pasó su mano por la cintura de ella, pegándola más hacia él.

​— Kaiza, te presento a Gun; él está con nosotros —dijo James con voz suave, acercándose a ella—. Gun, ella es Kaiza.

​No hubo respuesta alguna del pelinegro, quien solo asintió con la cabeza. Y así fue como terminó la reunión.

​— Debí decirle algo —pensé—. Nuestra relación se rompió hace mucho. Fue mi único amigo, o tal vez yo lo consideré así.

​— ¡Nuna! ¿De qué estás hablando? Dime, ¿estás enferma? —la voz de Yohan me trajo de vuelta.

​No hubo respuesta. Lo miré; su rostro iluminaba felicidad y alegría, todos esos sentimientos que en algún momento yo también expresé.

​— Yohan... me quedaré un rato más. Tú puedes irte. Quiero que te hagas cargo de algo, mi guardaespaldas te espera.

— ¿Qué tengo que hacer?

— Son simples negocios. Si algo pasa, puedes resolverlo como tú quieras, pero si no puedes, llámame. ¿De acuerdo?

— De acuerdo.

​Me quedé en la escuela. Recorriendo el lugar, me dirigí a la biblioteca; grupos de alumnos sonreían y estudiaban, sumergidos en su burbuja de normalidad.

​Subí a la planta alta, una sección desde donde podía ver todo el lugar. Desde mi posición, observé la situación en un rincón apartado. Un alumno estaba de rodillas; no se le veía la cara, pero otros le daban golpes en la cabeza.

Me quedé ahí, observando fríamente. Ni siquiera podía sentir lástima; para mí, solo era una muestra más de cómo el fuerte pisa al que se deja pisotear.

​— Por favor, dile a tu hermano que ya no quede en el primer lugar, ¿sí? —soltó uno de los agresores antes de darle una bofetada, mientras sonreía.

​El ambiente se volvió más tenso cuando empezaron a hablar.

​— Hablando de eso... yo quedé en el segundo lugar —dijo uno de los bravucones.

— ¡¿Qué?!

— ¿Quién quedó en el primer lugar entonces?

— Un imbécil extranjero, un afroamericano.

​El ambiente se volvió más denso. Ellos competían por el primer lugar.

Golpeaban al chico para obligar a su hermano a bajar su rendimiento, buscando que el miedo nublara su mente. Pero el chico no decía nada; solo miraba el piso, resistiendo en un silencio sepulcral.

​Entonces lo vi.

​Eugene miró al chico que estaba en el suelo; su cara estaba roja por el golpe que le dieron. De pronto, otro golpe llegó, pero esta vez directo para Eugene.

​— Sé que eres inteligente, pero ¿no deberías bajar un poco el ritmo? —le soltaron como una amenaza directa.

— Lo siento... supongo que tuve suerte

respondió Eugene, con su mano sobre el golpe, ocultando su verdadero potencial bajo esa máscara de sumisión que tanto me irritaba.

— Bueno, de hecho lo entiendo, pero no lo hagas más —dijo el agresor, inclinándose hacia él para asegurarse de que el miedo calara hondo.

​Me crucé de brazos, observando cómo se marchaban, dejando a Eugene y a su hermano atrás. Fue entonces cuando aquel tercer alumno, el extranjero, llegó para ayudar a Eugene a levantarse.

​— Ese tipo es insignificante —susurré para mí misma, viendo cómo el grupo se recomponía entre las sombras de los estantes.

​De pronto, la vibración en mi bolsillo cortó mis pensamientos. La luz de la pantalla iluminó la penumbra de mi rincón en la planta alta.

​Notificación: Kuro-Chan

“Hemos llegado al lugar.”

​La notificación fue todo lo que necesité ver para confirmar que tanta fuerza tiene. Mientras en esta biblioteca se peleaba por estúpidos puestos académicos.

En alguna parte de Seúl.

Distrito de Negocios – Exterior del Almacén de Préstamos

Narra Yohan

​Se escuchaba la respiración suave de cada uno. El guardaespaldas de mi Nuna me veía de vez en cuando por el retrovisor del auto; su mirada y sus ojos, todo en él era frío.

​— Nunca nos presentaron, me llamo Yohan, mucho gusto —no hubo respuesta, solo me miró por el espejo.

​No sabía hacia dónde nos dirigíamos, pero cada vez que volteaba a través de la ventana del auto, el lugar se veía más deplorable. Mi mirada se posó de nuevo en el guardaespaldas de mi Nuna; sus manos, enfundadas en esos guantes negros, se movían sobre el volante con una precisión que me ponía los pelos de punta.

​Ya no puedo más.

​— ¿A dónde vamos exactamente? —pregunté, pero otra vez no hubo respuesta. Un silencio absoluto.

​El coche giró en un callejón estrecho, donde las luces de neón parpadeaban con un zumbido eléctrico molesto. El lujo de Gangnam había desaparecido por completo; ahora estábamos en un laberinto de concreto y óxido.

​Finalmente el coche se detuvo. Era un edificio abandonado; había otro auto aparcado y no sabía qué me esperaba ahí adentro. Entonces, lo escuché por primera vez dirigiéndose a mí:

​— La señorita Kaiza me dio una orden, así que hazlo bien. No hagas que yo actúe por ti.

​Lo que me dijo me dejó retumbando. Él piensa que no puedo, pero sé muy bien de qué se trata todo esto.

​— Bien, oriéntame de qué se trata —dije con firmeza.

— Lo siento, pero tampoco sé de qué se trata.

— ¡¿Qué?!

— Bueno, entonces nos vamos. La señorita Kaiza estará decepcionada.

– No –No podía ir, tengo miedo de esta situación.



#111 en Fanfic

En el texto hay: apariencias, lookism

Editado: 27.01.2026

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