Hecha una frenesí carmesí, aquel acto cambió muchas cosas en el clan y en mí. Empecé a encargarme personalmente de los negocios políticos de las familias; no de sus asuntos, sino de los nuestros: hoteles, casinos y clubes. Todo era una fachada, asociaciones creadas para que la gente nos viera como personas nobles.
Entendí bien el lema: "Para que parezcas pura ante un hombre sucio". En este mundo hay que aparentar sumisión e ingenuidad.
Recordando aquel día, me sumergí entre mis recuerdos que no me gusta recordar.
—Señorita Kaiza, ¿está perdida en su mente?—habló Eugene
Me encontraba en un teatro junto a Eugene. Ver a Sinu Han ofrecerse a sí mismo en lugar de todo "Asunto Importante" era patético. ¿Cómo puede serles tan difícil generar dinero? Es tan simple.
—100,000,000 de wones. Eso es lo que vales —sentenció Eugene.
—Eso incluye al "Rostro Viejo" y a tus otros secuaces, aunque ellos valen mucho menos —añadí—. Pero, ¿Jake Kim se me hace in..?
—No —respondió Sinu Han con firmeza—. Solo yo y los demás.
Él mantenía la misma postura, observándonos debatir cuánto pagaríamos por su libertad.
—Sabes, Kaiza... nunca vi a un líder que se vendiera a sí mismo antes que a su propio equipo —comentó Eugene.
—Bueno, apuntalo por cosas nuevas que estás viendo.
Eugene y yo seguíamos hablando, la cantidad de dinero no era un problema, sobraba.
—Entonces... ¿me darán los 100,000,000 de wones? —preguntó Sinu.
—Iba a hacerlo —dijo Eugene.
—¿Qué?
—Pero Kaiza me dijo que dominaste a Goo Kim. Eso sí es sorprendente.
Esa pelea realmente me sorprendió un poco; incluso me hizo perder una apuesta.
—Aparte he cambiado de opinión —intervine—. Tu valor es de 1,000,000,000 de wones. "Asunto Importante" tiene graves problemas económicos, así que se les depositará de inmediato y podrán pagar las cuotas.
Sinu Han parecía perdido en sus propios pensamientos ante la cifra.
—¿Sinu? Kaiza es tan generosa por darte esa cantidad—murmuró Eugene.
—Qué se le va a hacer —respondí, alzando los hombros con un gesto de buena persona.
De pronto, Sinu Han rompió el silencio.
—Que sean 1,200,000,000 de wones... y mi vida te pertenece, Kaiza.
Aquello me tomó por sorpresa, con tal solo comprarlo es interesante, pero el no me servirá a mi.
—Hecho. Pero trabajarás para Trabajadores (Workers) —dije.
—Bien. Pero estas son las condiciones —añadió Eugene— a partir de ahora no contactarás con nadie. Todo lo que hagas será monitoreado y controlado de forma estricta.
—Le pertenecerán a los Trabajadores mientras seas útil. ¿Estás de acuerdo? —le pregunté.
—Sí, señora —respondió él. —Pero puedo despedirme de ellos.
Este alzó la vista hacia nosotros, un rostro de decepción y tristeza se plasmó, se sacrifica por los que quiere, en el fondo de es admirar, en el fondo.
—Por Qué no —se escuchó, con una pequeña sonrisa no exagerada, simple.
Nos paramos de nuestros asientos para irnos de ahí, Eugene me tocó el hombre de forma gentil.
—Nos vemos, número 8 —este lo dijo sin mirarlos.
Y así terminó mi dia, negociar, aceptar, negociar, aceptar, conflictos, Peleas, Solucionarlos, esos eran mis días, el director me ponía hacer muchas cosas, porque si lo hacía ese par de idiotas harían un desastre, casi casi, estaba a su izquierda y a la derecha James.
Nosotros dos, nos ocupa para cosas más confiables, el Director sabe que no andamos con tonterías o tal vez si.
Me dirigía hacia mi casa, saber que puedo descansar de todo me relaja, así trascurio todo hasta llegar a la puerta de entrada, me percaté que esta sin seguro.
—La dejé cerrada... estoy segura de que le metí el seguro —pensé, sintiendo cómo la calma se iba de mi.
Abrí la puerta lentamente, mi mano derecha ya estaba en tensión, lista para reaccionar. El silencio en el recibidor era sospechoso, pero el olor... el olor a sangre y madera rota era inconfundible.
Avancé hacia la sala de estar y me detuve en seco, lo que vi era un desastre.
Mi casa, el único lugar donde se supone que puedo descansar de todo el desastre y el estrés de los documentos, estaba hecha una ruina. El jarrón me habían regalado estaba esparcido en mil pedazos por el suelo. La mesa de centro de cristal estaba pulverizada y había marcas de impactos en las paredes que parecían hechas con algo metálico... y con puños.
Y en medio de todo ese caos, sentados en mi sofá como si nada hubiera pasado, estaban ellos. Gun Park y Goo Kim.
Estaban viendo la televisión, con el control remoto en la mano de Goo, riéndose de alguna estupidez que salía en la pantalla.
Parecían dos adolescentes en un día de descanso, ignorando por completo el desastre.
—¿Qué demonios significa esto? —pregunté, mi voz era de molestia.
Goo volteó primero, con esa sonrisa irritante y juguetona. Tenía la ropa rasgada y un par de moretones nuevos en la cara.
—¡Oh, Kaiza! Llegaste temprano —dijo, agitando la mano como si me estuviera saludando —No te preocupes por el desastre, Gun dijo que él lo pagaría.
Gire la mirada hacia Gun. Él no se había movido, seguía concentrado en la televisión, pero su estado era mucho peor. Su camisa blanca estaba manchada de sangre. Pero lo que más me llamó la atención fue la herida en su rostro.
Una herida profunda y fea atravesaba la parte de sus ojos. Aún estaba fresca, goteando sangre sobre su mejilla. Sabía, con solo verla, que esa marca le dejaría una cicatriz.
—Pelearon otra vez.
—Él empezó —dijo Goo rápidamente, señalando a Gun con el control remoto —No le gustó que le ganara en el videojuego y decidió golpearme a mi, tuve que defenderme con lo que encontré...
—¿Y porque no le aventantes un cuchillo, en vez de mis cosas?. —apuntaba hacia la cocina donde lo único impecable era el estante de los cuchillos.
Gun finalmente suspiró, apartando la vista de la televisión. No parecía tener dolor, solo fastidio.