Between Letters and Rebounds

Capítulo 3: Entre fantasmas y noches de draft

El tiempo curó cada una de mis heridas y tal vez habrá días en los que entraras a mi mente: de puntillas, sigiloso y como quien no puede olvidar el pasado. Pero ya no dolerá.

Aquellas canciones que hiciste tuyas, evocan recuerdos de un pasado deslumbrante y ya no se ven opacadas por aquellas noches grises en que lloré por ti.

-Carta 3

Ivette traga el nudo que arañaba su garganta desde dentro y parpadea antes de apartar la mirada de aquel hombre.

—No esperaba verte aquí— dijo Ronald con una voz más ronca de lo que recordaba.

Ivette aclara su garganta nuevamente intentando mantener la compostura antes de poder responder.

—Yo tampoco— respondió con un hilo de voz.

La tensión era palpable. Ambos se miraban, pero ninguno sabía cómo llenar el vacío después de siete años de silencio.

—¿Cómo has estado?— preguntó Ronald con educación.

—Bien, ya sabes, trabajando en Los Ángeles— responde con su voz temblando.

—Me alegra— le contestó Ronald aunque su expresión no mostraba más que sorpresa, nostalgia, quizá dolor.

Ivette bajó la mirada, incapaz de sostener la intensidad de sus ojos.

—Escuché sobre tu lesión— dijo casi en un susurro y Ronald asintió.

Ivette, aún con la caja de té apretada contra el pecho, respiró hondo y se obligó a hablar.

—¿Cómo… cómo te ha ido con la recuperación?— preguntó con voz baja, como si temiera que alguien más escuchara.

Ronald arqueó una ceja, y por un instante su mirada se suavizó.

—Lenta. Más lenta de lo que quisiera. Pero estoy avanzando. Los médicos dicen que aún tengo posibilidades de volver a la cancha para comienzos de la siguiente temporada— Ivette asintió sin saber qué más decir.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pesado e incómodo.

—Me alegra— murmuró ella.

Ronald la observó con detenimiento.

—¿De verdad?— preguntó el jugador con un tono que mezclaba duda y reproche.

Ivette levantó la mirada, sorprendida por la pregunta.

—Claro que sí. Siempre quise que lograras tus sueños— Ronald apretó los labios, como si contuviera una respuesta demasiado dura.

—Siete años, Ivette. Siete años sin una palabra. Y ahora me dices que siempre quisiste que lo lograra— Ella sintió que el corazón se le encogía.

—No fue fácil para mí tampoco— Ronald suspiró y el dolor en su pecho le decía a Ivette que se detuviera, que diera vuelta atrás y regresara a la comodidad de su departamento en LA.

—¿Y crees que para mí lo fue?— la pregunta de Ronald, sólo confirma a Ivette el muro enorme que había crecido entre los dos.

—Ronald— susurra y él asiente con decepción.

—Necesito volver a casa, ha sido bueno verte, pero espero que este sea nuestro último encuentro. Felices fiestas— y antes de que ella pueda responder, Ronald se marcha.

Había pasado tanto tiempo, pero sin duda, había cosas que no cambiaban. Como la mirada llena de dolor que el jugador le había dirigido a Ivette aquel día que terminaron o el vacío que Ivette sentía cuando lo veía marcharse sin poder decir nada más.

Compra un par de cosas, antes de volver a casa. Su madre observa su rostro, lleno de tantas emociones, y le prepara una taza de café.

—Ivie, ¿en verdad tienes que hacer esto?— le pregunta.

—Sé que no será fácil, ni siquiera sé si podré hablar bien con él, pero quiero intentarlo— bebe un poco de la taza. —No es sólo la oportunidad de poder cambiar a la editorial, es que creo que hay historias que deben de contarse y la suya es algo que me gustaría contar— Ivette conocía a Ronald desde que eran pequeños, lo vio comenzar en el baloncesto y vio lo feliz que fue cuando lo aceptaron en una buena universidad.

Lo vio ser elegido por el equipo de sus sueños y supo de lo bien que le iba en el equipo. En su año año se convirtió en titular y era uno de esos jugadores que siempre promediaron un buen porcentaje en todos los ámbitos. Ivette era buena escribiendo historias y era buena escribiendo sobre él, así que desde luego, quería tener la oportunidad de escribir sobre su recuperación.

—Me temo que no sé si Ronald está dispuesto a permitir que entres de nuevo a su vida, cariño. Y no quiero que te lastimes sólo por trabajo— su madre le dio una palmada sobre su espalda antes de marcharse hacia la sala de estar.

Ivette también tenía sus propias dudas sobre lo que sucedía. La realidad era que ella tampoco pensaba que fuera fácil que Ronald aceptara esa entrevista, especialmente con ella. Tal vez alguno de sus compañeros lo pudiera convencer, pero después de aquel encuentro en el supermercado, Ivette estaba convencida de que la odiaba.

Como si la noche del draft no hubiera sido suficiente para hacerla sentir su indiferencia.

Cuatro años atrás

Ivette había terminado su jornada en la revista con la sensación de que el día se había extendido más de lo habitual. Las reuniones, las correcciones de última hora y las llamadas interminables la habían dejado exhausta, pero incluso con el cansancio, no iría a dormir, puesto que esa noche se transmitía el draft de la NBA. Para muchos era solo un espectáculo deportivo, pero para ella significaba mucho más, no sólo porque su padre era fan del deporte y solía disfrutar los partidos desde que era una niña, sino porque sabía que Ronald, estaba entre los prospectos más comentados.




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