Between Letters and Rebounds

Capítulo 4: Entre visitas y propuestas

Te juro que he intentado olvidarte,

pero en cada lugar tiendo a encontrarte.

En mi canción favorita, en su suave melodía.

En la felicidad, en la luz del día.

En cada verso de una prosa, infinito.

Eres la tinta, un poema escrito.

La Luna, el Sol y cada estrella.

En una tormenta, la centella.

Siento que nunca podré borrarte.

Y es un tormento esperarte.

-Carta 4

La mañana siguiente, sentía su cuerpo cansado. Los recuerdos de aquella noche del Draft, la plática en el supermercado, todo la hacía sentir una melancolía que creyó que había dejado en el pasado.

Después de peinar su cabello y cambiar su pijama por un conjunto de pants y sudadera encima de su ropa térmica, Ivette baja a la cocina. Sus padres aún no se habían despertado, así que prepara su desayuno y una taza de café.

Toma su tablet y comienza a crear un plan para tratar de convencer a Ronald de aceptar su entrevista y así mismo, comenzó a desarrollar las preguntas que le gustaría que Ronald respondiera. Para cuando ha terminado su desayuno, una de sus antiguas amigas de preparatoria, le ha pasado la dirección de la casa del jugador.

Después de despedirse de sus padres, toma prestada la camioneta de su madre y comienza a manejar hacia el lugar donde Ronald vivía, pasa por una cafetería y se detiene para comprar un chocolate caliente y un latte del sabor de temporada favorito del jugador. Su estómago tenía un nudo incómodo por el miedo de encontrarse nuevamente con él.

Estacionó la camioneta frente a la dirección que le dió su amiga, bebió un poco de chocolate caliente pensando que tal vez debió de haber comprado un poco de “valor líquido” para atreverse a tocar la puerta.

Después de tomar varias respiraciones profundas, toma el vaso cerrado que contenía el latte y se dirige hacia la gran puerta de madera, que la hacía sentir tan pequeña. Toca el timbre y espera mientras los latidos de su corazón se aceleran como si estuviera en una cacería y ella fuera la presa.

Una ráfaga de aire frío provoca que su cuerpo se estremezca y se dé cuenta de que no estaba lo suficientemente abrigada para salir. Cuando levanta su mano para tocar el timbre nuevamente, la puerta se abre y el rostro de Ronald se convierte en una tensa expresión que la hace sentir un poco más incómoda.

—¿Qué haces aquí?— pregunta el hombre mirándola directamente a los ojos.

Ivette no puede distinguir si es el frío que hacía o la mirada intimidante de aquel par de ojos cafés, pero sus manos tiemblan mientras tiende el vaso de café hacia el jugador.

—Me gustaría que habláramos— comienza a decir. —Sé que lo de ayer fue un poco incómodo, pero en verdad no quería molestarte—.

Las cejas del jugador se levantan con una expresión sarcástica y vuelve a bajar su mirada hacia la mano de Ivette que le ofrecía un café como ofrenda de paz. Observa el color rojo de sus dedos expuestos al frío y se hace a un lado para que pase.

—No entiendo qué es lo que quieres, Ivette— dice cerrando la puerta una vez que ella ha entrado.

Ivette suspira, adaptándose al calor y Ronald la guía hacia la sala de estar, donde la invita a tomar asiento y le ofrece algo para beber. Ivette aprecia que a pesar de que esté molesto con ella, sea un buen anfitrión.

—No sé si sepas sobre mi trabajo, pero soy escritora de una columna deportiva y la revista donde trabajo, quiere una entrevista contigo— dice levantando la mirada hacia su rostro.

—Puedes regresar a casa, Ivette. No quiero hablar de mi lesión, no quiero que la gente me vea como un caso perdido— Ronald negó con la cabeza.

—No eres un caso perdido, Ronald, la ruptura de LCA es dura, pero no es el final de tu carrera. Sé que hay muchas personas que quieren saber sobre tu recuperación, todo el mundo está esperando que regreses a la duela— el hombre la miró con una mezcla de tristeza y de enojo.

—¿Qué sabes tú sobre lo que la gente piensa de mí? ¿Qué sabes tú sobre lo doloroso que es levantarte cada mañana y en lugar de ir a entrenar con tus compañeros de equipo, tener que ir a una sala de rehabilitación para intentar regresar lo más pronto posible, aún cuando sabes que tal vez no volverás a tener el nivel que habías alcanzado en tu corta carrera?— pregunta con dolor en su voz.

—No lo sé, pero estoy segura de que el hecho de que hables sobre ello, puede ayudar a más personas que estén en una situación similar— explica la mujer y él niega.

—Ya tuve suficiente con verte ayer en el supermercado. No quiero que vuelvas a aparecer en mi vida, Ivette. Permanezcamos como si no supiéramos de la vida del otro, eso se te da muy bien, ¿no?— Ivette cierra sus ojos y toma otra respiración profunda, buscando que le ayude a calmar el nudo en su garganta.

—Por favor, considera la propuesta, la revista aceptará cualquier trato que tú ofrezcas— dice Ivette.

—No hay nada qué considerar, no quiero hacerlo— responde con firmeza.

—Solo piénsalo— Ivette lo miró a los ojos —No por mí, ni por la revista. Por ti. Para que la gente escuche tu versión, no rumores— Ronald suspiró cansado.




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