"Dicen que el tiempo puede curar las heridas, espero que el tiempo pueda curarme de este amor".
-Carta 5
Ivette sabía desde el principio que sería una tarea muy complicada. Pero se sentía preocupada, en este momento ni siquiera podía saber si al pasar esas dos semanas, Ronald aceptaría una entrevista y le aterraba volver a la revista como alguien que no pudo cumplir su trabajo. Entendía bien la manera de actuar del jugador, después de todo las cosas no terminaron tan bien como ella lo había pensado.
No era que ambos hubieran dejado de quererse, simplemente sus caminos se iban separando y ella pensó que lo mejor era separarse, para Ronald eso significó que Ivette ya no quería luchar por su relación. Tal vez era verdad. Ivette se arrepintió mucho tiempo sobre su decisión, pero el ver a Ronald cumplir todos sus sueños, le decía que había sido lo mejor para ambos.
Después de comer con sus padres, Ivette sale con su grupo de amigos, había pasado tanto tiempo desde que se permitió convivir más con las personas que habían formado parte de su vida que había olvidado realmente lo importante que siempre fue para ella.
La noche en el pueblo era distinta a su vida en Los Ángeles, el aire era más frío mientras los días iban pasando, había escuchado que había probabilidades de que nevara al día siguiente. Habían quedado en verse en una cafetería bastante recurrente, Ivette recordaba verla aquella mañana cuando iba a la casa de Ronald, la cafetería tenía un ambiente rústico con luces cálidas colgando y el murmullo de las conversaciones en las mesas de alrededor le daba la sensación de que el tiempo se movía más despacio.
Al llegar, fue recibida con abrazos y sonrisas. Estaban allí Marianne, Xavier y Nick, tres de sus amigos más cercanos desde la primaria.
—¡Ivette!— saludó Marianne —Qué gusto tenerte aquí otra vez. Ya hacía falta verte en el pueblo—.
—Sí, ya era hora— añadió Xavier con tono bromista —Siempre tan ocupada en Los Ángeles que no tienes tiempo para reunirte con nosotros—.
Ivette sonrió, aunque en el fondo sabía que su regreso no era sólo por la nostalgia de ver a sus antiguos amigos.
La conversación fluyó entre risas y recuerdos, hasta que Nick, con una mirada traviesa, lanzó la pregunta que todos parecían tener en mente.
—Oye, Ivette… ¿y viste a Ronald?— Ivette siente su corazón detenerse por un instante sin saber cómo responder a esa pregunta sin que su voz se rompa por lo mucho que el jugador de baloncesto parecía odiarla ahora.
—¿Qué pasa con él?— preguntó intentando sonar indiferente.
—Pues que todos sabemos que volvió al pueblo después de la lesión— respondió Marianne —Y que tú también estás aquí, después de mucho tiempo. ¿Es una coincidencia?— Ivette suspiró.
—No estoy saliendo con él, si eso es lo que quieren saber. Mi vida amorosa es tranquila— respondió
—¿Soltera?— preguntó Xavier.
Ivette lo miró con una mezcla de reproche y complicidad.
—Sí. Pero no estoy buscando nada— Nick se inclinó hacia ella.
—Mira, Ivette. Todos sabemos lo que pasó entre ustedes. Pero también sabemos que Ronald está pasando por un momento difícil. Y tú, lo sabes, ¿no? Tú siempre fuiste lo más importante para él— Ivette baja la mirada y contiene la respiración.
Las cosas habían cambiado hace mucho tiempo, ¿no? Su relación quedó en el pasado, ahora probablemente Ronald se arrepentía de haberla conocido y ella ni siquiera podía culparlo.
—No estoy aquí para intentar arreglar las cosas entre nosotros. Es cierto que vine aquí por él, pero es un tema laboral— admite Ivette.
—Sólo pienso que ya que has venido hasta este lugar, podrían intentar hablar. No tienen que regresar, pero Ivette, Ronald y tú también eran amigos— la mujer asiente aunque no podía prometerles una mejoría.
Su plática continúa dejando a un lado su relación con Ronald, hasta que la noche llega y el frío se vuelve insoportable para permanecer en la terraza del café. Prometen volver a reunirse antes de que Ivette se marche y mientras camina de regreso a su casa, Ivette recorre con la mirada el camino que la separa de Ronald.
Esa noche, al regresar a la casa de su infancia, tardó en conciliar el sueño. Las palabras de Nick se quedaron grabadas en su mente y no podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido entre Ivette y él.
El sol de la tarde iluminaba el pueblo con una luz dorada que se filtraba entre los árboles. Ivette decidió caminar hacia la casa de Ronald con paso lento, repasando en su mente cada argumento que pensaba usar para convencerlo de dar una entrevista. El aire olía a tierra húmeda y ella sospechaba que no tardaría en comenzar a nevar. El pueblo parecía tranquilo, pero dentro de ella había un torbellino de nervios.
Al llegar, tocó el timbre con su mano temblorosa y después de unos segundos Ronald apareció, con un short largo que dejaba a la vista su rodillera ajustada y una camiseta sencilla. Parecía que recién había terminado de bañarse e Ivette pensó que tal vez acababa de llegar de su rehabilitación. Su expresión era cansada, pero no tan dura como la vez anterior.
—Ivette— susurró con un tono que mezclaba sorpresa y resignación —¿Otra vez aquí?—