Pensé que podía olvidarte,
Pero vuelvo a caer al mirarte.
En un abismo sin fin me pierdo,
Y sé que eres lo único que quiero.
-Carta 6
La felicidad en el rostro de Ivette era evidente para sus padres, así que su madre sabía que las cosas iban por un buen camino. La noche anterior, Ivette había hablado con su jefa sobre los temas que ella consideraba adecuados para hablar en la entrevista y luego de que se aceptara el primer borrador, Ivette había tratado de mejorar la redacción de las preguntas para que permitiera que Ronald se abriera más.
—¿Las cosas van bien?—pregunta su madre mientras Ivette se sirve su desayuno.
—Eso espero— respondió Ivette con una sonrisa. —Ronald aceptó la entrevista, sólo espero que ambos podamos comunicarnos adecuadamente para que todo salga según lo planeado—.
—Espero que así sea— Ivette termina de comer su almuerzo en silencio y cuando está a punto de subir las escaleras hacia su habitación, su madre le dice.
—A tu padre y a mí, nos gustaría que nos acompañaras a comprar todo para la cena en navidad— Ivette asiente.
—Iré con ustedes— promete.
Aún faltaba una semana para navidad, pero Ivette recordaba que siempre compraban todo un día anterior, a excepción de la decoración que a su madre le gustaba colocar sobre la mesa, eso siempre lo compraban unos días antes. A ella le vendría bien distraerse un poco, aunque no podía dejar la entrevista de lado. Su futuro dependía de ello.
No sabía si sería adecuado enviarle un mensaje a Ronald, Ivette no quería presionarlo y que se arrepintiera de su decisión, pero la ansiedad de no saber en qué momento iban a comenzar con la entrevista, provocaba que su mente comenzara a divagar.
Mientras Ivette se encarga de editar su columna para la edición navideña de la revista, su teléfono vibra anunciando un nuevo mensaje. Sus dedos dejan de moverse sobre el teclado de su computadora y observa la pantalla iluminándose con el nombre de Ronald.
Mi rehabilitación ya terminó, puedes venir a mi casa a partir de la 1:30
El corazón de Ivette se acelera y necesita tomar una respiración profunda antes de poder responderle algo.
Allí estaré.
Se da una ducha rápida, seca su cabello y lo peina para protegerlo del frío. Busca entre su ropa lo más caliente que había traído y después de preparar su bolso con su tablet que contenía las preguntas. Se despide de su madre, asegurándole que volvería antes de la cena y se pone en camino manejando hacia el lugar, aunque la distancia no era tan larga, lo cierto era que Ivette ya no estaba acostumbrada al frío del lugar. La nieve cubría el pueblo de un blanco brillante que no había visto en mucho tiempo.
Llega a casa de Ronald y una vez que ha estacionado la camioneta, toma un par de guantes y su bolso antes de salir. Levanta su mirada hacia la puerta de madera y sabe que no habrá vuelta atrás, toca el timbre y espera observando sus pies.
—Pasa— Ivette levanta su rostro para encontrarse con la mirada café fija en ella.
Al igual que el día anterior, Ronald parecía haberse dado una ducha antes de que Ivette llegara. A diferencia de las fotos que Ivette había visto de él cuando la noticia de su lesión fue cubierta por todos los medios, el cabello de Ronald había crecido y sus rizos le recordaban la sensación de tener aquel cabello entre las yemas de sus dedos.
—Gracias por invitarme— le dijo Ivette mientras ambos se dirigían a la sala de estar.
Esta vez, Ivette dirige sus ojos a la decoración del lugar. Había varias fotografías de Ronald con el uniforme de los Golden Knights decorando las paredes de su sala, también había una foto de la noche del draft, la sonrisa en el rostro del jugador, era tan brillante que llegaba a sus ojos. A pesar de haber pasado tantos años separados, Ivette sabía lo orgulloso que debió de estar por ser drafteado por un gran equipo y eso era parte de lo que Ivette quería que pudieran hablar.
—¿Te puedo traer algo para beber?— le pregunta y ella asiente.
—Un poco de agua, por favor— responde.
Ivette toma su tablet mientras Ronald se acerca con pasos lentos con dos vasos de agua, se pone en pie y se acerca para tomar los dos vasos mientras Ronald se sienta sobre el sofá con cuidado.
—Gracias— susurra Ronald al ver a Ivette dejar los dos vasos sobre la mesita de café.
—Gracias a ti— le responde con educación.
Ambos permanecen en silencio por un par de segundos, era incómodo, pero Ivette se sentía tan nerviosa de comenzar aquella entrevista que no podía encontrar las palabras adecuadas.
—Me gusta grabar mis entrevistas y después transcribirla sin dejar de lado ningún detalle, ¿te importaría si grabo nuestra conversación?— Ronald levanta sus cejas con duda y luego de unos segundos asiente.
Ivette coloca la grabadora en su teléfono y luego lo deja sobre la mesita, toma nuevamente su tablet para prepararse.
—18 de diciembre, primera parte de la entrevista a Ronald Edwards, jugador de los Golden NIghts— dice con claridad y luego levanta su mirada hacia el hombre que no había dejado de observarla. —Creciste en un pueblo pequeño, ¿cómo fue tu infancia y cómo conociste el baloncesto?—.