Hiciste un desastre con mi corazón.
Como un huracán, como un tifón.
Arrasaste con todo sin razón.
Pido a gritos por ayuda, por compasión.
¿Pero cómo puedes ser la cura de mi dolor?
-Carta 7
Ivette sabía que no podría continuar con la entrevista. Había deseado que Ronald pudiera abrirse en la entrevista, pero no pensó que él pudiera llegar a mencionar su relación. Era un enigma todo lo que pasaba por la mente del jugador e Ivette ya no sabía cómo leer sus expresiones.
—Creo que lo mejor será que dejemos la segunda parte de la entrevista para el día de mañana— propone Ivette, esperando que al día siguiente pueda ser lo suficientemente fuerte para resistir cualquier comentario que Ronald diga sobre su relación o tal vez sobre alguna otra.
—¿No querías que fuera honesto?— pregunta poniéndose en pie.
—Ronald— susurra Ivette y su vista se cubre con el color de la playera del hombre.
Su cuerpo se congela cuando siente el toque de sus dedos callosos sobre su barbilla obligándola a levantar la mirada. Ivette traga el nudo de su garganta e intenta apartar la mirada, pero siempre fue débil a ese par de ojos marrones.
—Tal vez para ti fue fácil superar nuestra relación, Ivette. Pero durante ese invierno, la tristeza que sentí fue tan grande que mis padres se preocuparon. Me dijeron que me quedara en casa hasta que me sintiera mejor, porque ellos querían asegurarse de que no cometiera ningún acto imprudente. Pero yo no podía dejar el baloncesto, si ya te había perdido a ti, no podía darme por vencido— las palabras de Ronald eran tan crudas que se sentían como un puñal clavado en su pecho.
—Dejarte no fue fácil para mí— dice Ivette.
—No mientas. Porque si no hubiera sido fácil, nunca habríamos terminado— Ivette cierra sus ojos y baja su rostro rompiendo el cálido roce de las manos del hombre.
—Las relaciones de preparatoria no duran— susurra Ivette como un mantra aprendido con el tiempo.
—Tú y yo fuimos más que eso— le responde provocando que su corazón lata desenfrenado.
Ivette respira una y otra vez, tratando de calmar todo eso que sentía. Era difícil pensar con claridad cuando tenía a Ronald frente a ella.
—Tengo que irme, ¿podemos continuar con la entrevista mañana? Por favor— dice sin volver a mirarlo a los ojos.
—Perfecto, Ivette, huye de la conversación. Hagamos lo que tu desees, siempre ha sido así— la voz del hombre llena de resentimiento da el golpe final.
Ivette asiente mientras coloca las cosas en su bolso y cuando cierra la puerta detrás de ella, el dolor en su corazón es casi físico. Ni siquiera sabe cómo consigue llegar a su casa, entre la mezcla del dolor y su cuerpo tembloroso, pero una vez que ha subido a su habitación las primeras lágrimas caen por sus mejillas.
Llora por cada palabra de Ronald, llora por todo aquello que nunca fue y llora por ellos, por sus versiones jóvenes, por el amor que tuvieron.
Mientras los sollozos escapan de sus labios, siente unos brazos rodeándola y respira el perfume de su madre. Esconde su rostro en el abrazo cálido que le brinda y llora.
Llora hasta que su cuerpo deja de temblar.
Ivette se queda dormida hasta que su madre la despierta para la cena, lava su rostro y observa sus mejillas sonrojadas y sus ojos hinchados. Baja al comedor y luego de servirse su cena, toma asiento en su lugar, sus padres la observan, pero ninguno menciona nada. Ivette se siente tranquila por eso, pero sabe que su madre querrá hablar sobre lo que sucedió.
No se equivoca, porque cuando su padre termina de comer y se marcha hacia la sala de estar, la madre de Ivette vuelve a tomar asiento frente a ella.
—Cariño, sé que no hay nada que quieras más que trabajar en la editorial, pero me duele ver que sufres por esa entrevista. No sé si puedas hacer que sólo sea un intercambio de mensajes o algo por el estilo. No quiero verte llorar otra vez por él— su madre había estado siempre para Ivette.
—¿Cometí un error al terminar con Ronald?— pregunta Ivette en voz baja.
—No creo que haya sido un error. Sé que ambos se querían mucho, Ivette. Pero conozco bien las razones por las que quisiste terminar con él, creo que ambos lo necesitaban y no tiene caso arrepentirse de una decisión que tomaste hace tanto tiempo, Ivie, sé que estar cerca de él puede hacerte dudar de tus decisiones, pero el tiempo pasó. Incluso si ahora sientes que no te esforzaste lo suficiente, no puedes cambiar nada. Ronald siempre será una parte importante de tu vida y eso está bien— Ivette levanta la mirada.
—Pero lo lastimé— exclama.
—Cuando conoces a una persona y decides que quieres tenerla en tu vida, sea un amigo o una pareja, siempre existe el riesgo de que alguien salga lastimado incluso si no hay un gran problema que los separe. Y eso no te hace una mala persona, sólo significa que ya no coinciden en sus vidas, porque han cambiado. Sé que para ti terminar con Ronald fue difícil porque lo amabas, pero tú creíste que esa era la forma en que ambos no estarían atados y podrían ser libres para cumplir sus metas— Ivette asiente y después de darle un abrazo a su madre, sube de nuevo a su habitación.