Between Order and Decay: Edrath

Hacía el norte

La llegada de estos forasteros no tardó en sembrar la pesadumbre en Barthos, el cual observaría los caballos acercándose implacablemente. El cielo se tiñe lentamente de negro, la oscuridad haciéndose presente únicamente interrumpida por el fuego de las antorchas que aclaran el camino hacía un espeso bosque al norte.

—Harland, guía a tus hermanos al postigo —Barthos, con la misma voz firme de antes dijo con una tranquilidad extraña—. y no se separen.

Harland, quien se encontraba a un lado de Barthos asintió pesadamente, el crujir de la madera vieja de la puerta se escucha tras la espalda de Barthos. El cual solo entonces aflojó apenas los hombros, como si el peso que cargaba ya no necesitaba cargarse de la misma forma.

El aire frío llenó sus pulmones, más lento esta vez. Más pesado, sus ojos se desviaron un instante hacia la capilla, estirando su mano para tocar la madera que envejeció junto a él. Luego volvió al frente, cubriendo la puerta tras de él con su firme vista ante la llegada de los primeros caballos, que detendrían su marcha ante el hogar de Barthos.

—Qué asunto os trajo a esta tierra. —Dijo con una voz imponente, su gran figura cubriendo el marco de la puerta—.

—Este asunto no os corresponde, anciano. —Sentenció un hombre mientras el metal de su armadura chirriaba al desmontar junto a otros tres—. Apartad de nuestro camino, no hagáis esto más difícil.

—No deis ni un paso más, hombres de hojalata. —Barthos escupió en el barro al ver estos hombres acercarse a la puerta con apuro—. Podéis venir cubiertos de metal pero por dentro sois huecos.

Un fuerte sonido hueco, seco y ensordecedor estalló en el aire gélido cuando el puño de Barthos, lento pero implacable como un mazo de roble impactó contra el yelmo de acero, tumbando al hombre en un amasijo de acero y extremidades.

El yelmo, abollado por el golpe raspa contra la piedra de la entrada mientras el hombre suelta un quejido ahogado. El silencio posterior fue quebrado por el crujir del metal de los otros dos hombres acercándose pesadamente a Barthos, el aire silbando entré sus dientes apretados. Ya no eran emisarios, eran lobos a los que se les había arrebatado un trozo de carne.

Poco tardaron al igual que su compañero en revolcarse en el suelo, braceando torpemente como un escarabajo volcado en su propia armadura. Risas secas se escucharían tras los soldados provenientes de sus compañeros.

—Levantaos. Nos hacéis perder el tiempo. —Una voz más seria que las demás suena firmemente—. Quemad el pueblo. Y desháganse de ese anciano.

Unos cuantos caballos partirían a la pequeña plaza. Arrebatando maderos de la hoguera central para convertirlos en antorchas que escupían chispas en el aire gélido. El siseo de una espada desenvainada resonó con una fuerza violenta, el metal brilló bajo la luz vacilante mientras el hombre de armadura se alzaba, con el orgullo herido ante la inamovible figura de Barthos.

—Habéis cometido vuestro último error de fe. —El hombre escupió un hilo de sangre espesa, que manchó su montonera de acero. Sus ojos inyectados de rabia se fijaron en el cuello de Barthos, con una fijeza inhumana—.

—La hojalata no sangra, anciano... —Siseó, alzando el acero de su espada con una lentitud aterradora—. pero la madera vieja... Arde muy bien.

El golpe descendió con la fuerza de un verdugo, el acero frío y afilado no cortó; desgarró. Hundiéndose en el hombro de Barthos con un ruido húmedo y obsceno, su túnica vieja se tiñó instantáneamente de un carmesí espeso que goteó en el barro gélido, mientras el viejo padre ahogó un grito que sonaba como una rama vieja, a punto de romperse.

—¡Padre! —Un grito desgarrador, cargado de desesperación pura proveniente del norte—.

Ahí estaría Harland, presenciando la caída de un viejo roble.

Con lagrimas en el rostro es jalado hacía atrás por campesinos que tratarían de escapar lo más rápido posible, el humo se alzaría desde Grey Hollow qué empezaría a arder, años de trabajo serían arrebatados por aquellos crueles forasteros.

—Acabad con ellos. —la misma voz que ordeno acabar con Barthos resuena entre los caballeros, con una frialdad más dura que cualquier invierno—. No pueden haber ojos furtivos.

El cuerpo de Barthos cae al suelo, ambos ojos tenuemente abiertos. Observando en su lecho de muerte como su amada gente huye, el frío de la noche es lentamente reemplazado por el calor de su sangre, el ruido se vuelve sordo, aunque unas palabras, un nombre resaltaría entre la conversación de aquellos malditos.

—Buscad a Osgar, aún tenemos que cerrar el trato.

—¿Osgar...?

La voz de Barthos suena muy débilmente, escupiendo sus últimas palabras con una pena que no habría sentido en años, los pocos trazos de vida que le quedaban abandonarían su viejo y cargado cuerpo, usando su ultimo impulso para posar su vista en su capilla, el único lugar donde siempre había pertenecido.

El último aliento de Barthos fue más pesado que el metal del soldado. El peso que cargó durante años finalmente lo abandonó.

Un silenció sepulcral no siguió a su muerte, sino el sonido metálico de un cuerpo colapsando contra el barro. Ashley no respiraba, sus manos antes acostumbradas al tacto de las semillas ahora se aferraban a la empuñadura de un cuchillo de cocina con una fuerza ciega, frente a ella, el cuerpo de uno de los forasteros yacía inerte, el acero aun vibrando en el aire tras haber atravesado el cuello desprotegido por la espalda.

La sangre, espesa y mucho más cálida que el aire empapaban sus dedos y resbalaban por la hoja hasta perderse en la tierra húmeda. la respiración de Ashley era irregular mientras sus hombros temblaban bajo el peso de una mirada que ya no era la de una muchacha, sino la de alguien que acababa de cruzar un umbral sin retorno.

Estaba perdida en el vació de los ojos del hombre que acababa de degollar, hasta que un sonido rasgó la noche desde el sur. —¡Padre! —. el lamento de Harland golpeo como un latigazo cargado de una verdad que Ashley no quería aceptar, ese grito fue la señal que despertó a Ashley de su trance.



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En el texto hay: intriga, fantasia oscura, grimdark

Editado: 19.07.2026

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