Between Order and Decay: Edrath

Dunmarrow Acto 1

Ashley negó con la cabeza al escucharlo, rompiendo la seriedad de aquel momento sin dudarlo.

—¿Empezamos? De eso ni hablar. Te dejaré en algún lugar donde puedan tratarte esas heridas…

Su tono sonó algo más neutro que antes. Guió al caballo para que avanzara al paso por las calles del pequeño pueblo, donde el viento soplaba notablemente más cálido que las profundidades del bosque. Estar en un entorno tan parecido a Grey Hollow le provocó una aguda punzada de nostalgia. Aquella familiaridad hogareña, el ruido de las carretas, las voces de los lugareños terminó por resquebrajar su coraza y ablandar un poco el corazón.

—Yo me encargaré de recaudar información que necesites, de algún modo. Tú enfócate en descansar ahora mismo.

Se aproximaron a una pequeña cabaña que, por los morteros y manojos de hierbas secas colgados en el porche, parecía ser la morada de un sanador local. Ashley tiró levemente de las riendas para detener el caballo frente a la entrada de madera. Se deslizó de la montura con agilidad. Una vez en el suelo, se acercó al costado del animal y alzó las manos hacia el viajero. Debía ayudarlo a descender con cuidado, un solo movimiento en brusco bastaría para reabrir la herida.

El movimiento le arrancó una leve mueca de dolor a Arven, pero en cuanto la suela de sus botas tocó la tierra firme, logró mantenerse en pie por sus propios medios.

—Puedo caminar —murmuró. Pese a su estoicismo, el agradecimiento resultaba evidente—.

Antes de que Ashley pudiera siquiera alzar el puño para llamar a la puerta, los tablones se abrieron desde el interior. Una mujer que rondaba el medio siglo de vida apareció en el umbral. Llevaba el cabello gris recogido con severidad y lucía las manos manchadas por el tinte de diversas hierbas medicinales.

Sus ojos escrutaron la escena con enorme rapidez. Evaluó a Ashley, a Arven, las oscuras costras de sangre seca en sus ropas y, finalmente, al animal que los escoltaba. La mujer no formuló ninguna pregunta, ni mostró pánico ante la presencia de Nabia. Simplemente se apartó del marco y ordenó con voz tajante.

—Adentro. Si lleva sangrando de ese modo desde ayer, no deberíamos perder el tiempo.

El interior de la cabaña estaba saturado por un aroma espeso a mentol, alcohol destilado y madera vieja. Una robusta camilla de tratamiento ocupaba el centro de la estancia. La sanadora la señaló con un gesto seco.

—Siéntate ahí.

Arven obedeció, tomando asiento con evidente esfuerzo. La mujer se acercó de inmediato y comenzó a retirar el vendaje improvisado para examinar la herida.
—Hm —murmuró, observando la tela—. No es un mal trabajo para alguien sin ningún tipo de entrenamiento.

Soltó el cumplido al aire, sin dignarse a mirar a Ashley. Sin perder un instante, empapó un paño limpio en una punzante decocción de hierbas y comenzó a lavar la carne abierta. Arven apretó la mandíbula con fuerza.

— No está infectada todavía. Eso es bueno.

Clavó la mirada en Ashley por primera vez. Sus ojos eran perspicaces, profundamente observadores.

— Pero este no es el tipo de herida que uno se hace trabajando la tierra —añadió, dejando la frase en el aire durante un segundo—. ¿Qué ocurrio?

Antes de que la joven pudiera articular palabra, Arven intervino.

—Bandidos en el camino.

La sanadora lo observó en silencio. Desvió la vista hacia Ashley y, finalmente, regresó su atención a la herida. Aunque no parecía del todo convencida con la historia.

—Eso explicaría la herida —concedió, ensartando un hilo grueso en una aguja de metal—. Pero no explica a la criatura.

Nabia aguardaba sentada cerca de la puerta, observando cada movimiento con curiosidad. La mujer la estudió durante unos segundos.

—No es un zorro común —murmuró. Sin darle más vueltas al asunto, retomó su labor—. Esto tomará un buen rato. Si buscas información sobre Dunmarrow, ve a la taberna. Todo el mundo termina allí tarde o temprano.

Arven dejó escapar un leve y resignado suspiro. Ashley se acercó a la camilla, dándole una leve palmada en la cabeza a Arven. Sus labios esforzándose para contener una pequeña sonrisa de alivio. Rebusco entre sus ropas, sacó unas escasas monedas de cobre y las depositó en las ásperas manos de Arven.

—Claramente dudo que sea suficiente. Espero que tengas con qué cubrir el resto —murmuró. Su voz adoptó un tono mucho más suave—. Descansa aquí mientras me encargo de lo demás… Gracias

En un claro contraste con la brusquedad de la palmada anterior, se despidió dejándole una fugaz y delicada caricia en el cabello.

Se giró hacia la experimentada mujer agradeciéndole con una breve inclinación de cabeza. Decidida a seguir su consejo, no perdió un solo segundo, abandonando aquella pequeña casa de piedra.

El contraste fue inmediato. El agrio olor a hierbas medicinales se desvaneció, reemplazado por el aroma reconfortante a pan caliente, la leña quemándose en las chimeneas y la humedad de la tierra.

Dunmarrow había despertado por completo. Un carro rebosante de sacos de grano avanzaba con pesadez por la calle principal. A escasos metros, dos hombres discutían acaloradamente sobre precios junto a un tenderete improvisado. Varios lugareños clavaron la vista en Ashley al verla salir del edificio. O, más bien, en Nabia. El animal caminaba a su lado con aquel andar ágil y exótico. Un niño que pasaba se detuvo en seco, con los ojos muy abiertos.

—Mamá.. ¿qué es eso?

La mujer lo tomó del brazo con suavidad y tiró de él para apartarlo del camino.

—No mires fijamente.

Sin embargo, incluso ella giró la cabeza con disimulo. No fue difícil encontrar la taberna. Se alzaba justo a un costado de la plaza central, imponiéndose como un edificio de madera bastante grande en comparación con el resto del pueblo. Un letrero colgaba sobre la entrada principal, balanceándose al ritmo del viento.

La madera gastada mostraba la talla rústica de un cuervo posado sobre un barril, y justo debajo se leía con claridad: El Cuervo Sediento.



#1519 en Fantasía
#419 en Joven Adulto

En el texto hay: intriga, fantasia oscura, grimdark

Editado: 30.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.