Between sky and sea

Capítulo 1

Eveling:

Un sol creciente se asoma a mi ventana cuando a penas ya estoy terminado mi rutina de skincare. Hace tiempo me acostumbré a darle los buenos días al sol, y no al revés, supongo de gajes del oficio.

Un perfecto clean look luce en mi cabello, y ¿Cómo no va a estar perfecto si hoy tengo una entrevista para trabajar en la famosísma DreamAir Company? Un sueño para muchas chicas, y una realidad para mí.

Supongo que noches de desvelos para hacer llamativo mi currículum, valieron la pena. Cinco proyectos terminados y con resultados excelentes encabezan la lista de mis logros durante 3 años. Es algo que me enorgullece mucho porque una vez más, me demuestro a mí misma lo que soy capaz de lograr.

Un maquillaje natural me hará parecer fresca; en cierto punto de mi estrevista me olvidaré de los nervios porque a la señorita se le ocurrirá pensar por doceaba vez en la mañana que no se puso suficiente fijador.

Dejo de pensar en todas las cosas que pueden sucederme hoy para concentrarme en preparar mi delicioso y dulce café mañanero, acompañado de esas tostadas con jalea de fresa que me hacen tocar el Olympo cada vez que las como.

Mientras escucho mi podcast de empoderamiento femenino, voy desayunado y deleitando mi paladar con semejantes sabores haciendo acto de presencia en mi boca.

El reloj de pared que me regalaron mis padres al mudarme sola, y que aún conservo después de 5 años, me hace saber que ya serán las 7:00 am. Cosa por la que mis nervios colapsan aunque sé que la entrevista será exactamente en 2horas y 30 minutos.

Según los cálculos de una persona puntal, osea yo, tengo que llegar a la estación del metro en 7 minutos, abordarlo y llegar a mi destino en 20 minutos, caminar y entrar al imponente edificio de DreamAir Company en aproximadamente 3 minutos. Y así llegaré con 2 horas de anticipación.

Me estresa muchísimo el tiempo, suelo ser muy perfeccionista cuando se trata de él. Además siempre necesito tiempo extra por si hay inconvenientes. No vaya a ser que la vida quiera demostrarme por tercera vez la marca de sal que soy.

Así que mejor, para evitarme momentos innecesarios, siempre salgo con tiempo de más.

Me despido de Cloe, una hermosa flor Mariposa que adorna mi encimera en una maceta de cerámica que yo misma hice en uno de los talleres que tomé por aburrimiento. A Cloe la traje de Cuba en uno de mis primero viajes internacionales, y desde entonces, me ha sido de mucha compañía e inspiracion cuando me siento sola. Asegurándome de que su reserva de agua esté llena, siempre y cuando ella no se sature de tanta hidratación, le deseo un feliz día para disponerme de salir rumbo a la misión del día.

Como siempre que voy a salir, reproduzco esa playlist que me inspira a caminar como la mismísima Sharlom Harlow en sus icónicas pasarelas. Y es que me siento diva y al mismo tiempo me relajo. Y así es como una Caminata de 7 minutos se convierte en una de 4 y ni cuenta me doy.

Entro a la estación del metro y siento miradas indiscretas sobre mí. En algún momento de mi adolescencia llegué a sentirme mal conmigo misma por eso; pero no fue hasta que me di cuenta del pedazo de rubia que soy, ¿y para rematar? rompo el estereotipo de: "Las rubias son tontas". Así que cero sentirse inseguras bebés.

Camino estirando mis largas piernas y creyéndome la mamá de la mamá, hasta que me doy cuenta que voy en metro. Hago una nota mental para recordarme al llegar a casa deprimirme por 5 minutos; porque... ¿ahora? No, no mi ciela.

Abordo el metro y estoy a punto de darme cuenta de que no hay asientos disponibles, cuando un chico, muy apuesto y de imponente presencia, me cede el suyo con una sonrisa que me da a imaginar muchas cosas.

—Gracias. —Digo en un tono sutil, pero dándole a entender que no es motivo para que se propase. Presiento que me responderá de manera morbosa.

—No hay de qué, bonita. —Me responde ahora con una sonrisa más dulce, cosa que hace que mis niveles de alerta disminuyan y pueda relajarme.

Saco mi teléfono, porque llegó a mis airpods una notificación de mensajes, y justo como lo predije mentalmente, es Shelly. Mi mejor amiga desde la secundaria.

Una chica súper dulce, inteligente y guapa. Menuda suerte he tenido para encontrarme a alguien tan buena onda como ella.

Texteo rápido explicándole que ya voy en camino a la entrevista, y me responde que a penas se está estirando luego de sus 10 largas y placidas horas de sueño.

Dice que los polos opuestos se atraen, y ahora lo entiendo perfectamente, aunque no es para tanto. Porque tiene 2 horas para llegar a la entrevista.

Hace tiempo nos propusimos la meta de aplicar a DreamAir Company, hemos trabajado muchísimo, y hoy es el gran día para ver los resultados de nuestros esfuerzos.

Me despido diciéndole que nos vemos en la sala de espera, y me responde que nos llevará Croassantts rellenos de chocolate para en cuanto salgamos de la entrevista.

Casi se me pasa la estación porque me concentré demasiado en una canción. Me encamino saliendo directo a la salida del metro.

Unos fuertes rayos impactan en mi cara y en la de cualquier neoyorquino que esté por esta zona. Casi no hay rascacielos por aquí y eso le da ventaja a nuestro querido sol para brillar más que nunca.

En mis audífonos siguen sonando canciones que empoderan a cualquier mujer y que a mí, en lo personal, me hacen renacer.

Entre letras y pasos de modelo, llego al gigante edificio que formará parte quizás, de los 8 rascacielos que hay en esta zona. Ventanales de cristal antichismosos, como les suelo decir, estructura que impone elegancia, poder y compromiso y unas majestuosas puertas, que me dan la bienvenida.

Camino segura a la recepción, donde informo quién soy y a dónde me dirijo, y acato las indicaciones de una chica muy guapa. Me adentro al elevador, y ¡madre mía! Necesito comprar el ambientador con el que perfumaron este espacio. Una combinación elegante y sutil de Vainilla con Fresas. Esto huele de maravilla.




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