Cuando sucede un evento que sacude al mundo, las sociedades cambian con una rapidez aterradora. Lo que normalmente habría tomado cientos de años, se logró en apenas unas pocas décadas. No fue solo evolución humana; se trató de la evolución forzada de la civilización.
Durante años estuvo ocurriendo en las sombras, hasta que un día se volvió imposible ocultar lo que pasaba puertas adentro. Poderes. Niños, hombres y mujeres con habilidades increíbles. Un hombre que vuela, una mujer que lanza fuego, un niño que rebota.
Se destapó lo que las personas intentaban ocultar por temor a las consecuencias. ¿Experimentarán con nosotros? ¿Nos volverán armas? ¿Nos eliminarán?
Al final nada de eso sucedió, pero el mundo cambió para siempre.
Pero no solo eran increíbles, eran peligrosos, los humanos eran peligrosos. Y para grandes poderes, se necesitaba grandes soluciones.
Se creó una nueva rama de seguridad pública, DIPS. El departamento de intervención y protección singular se levantó en medio de caos como una promesa de seguridad.
Poco antes había sucedido un "incidente", lo llamaron "el día de los 5". Cinco personas singulares se habían reunido para protestar frente al palacio de gobierno pidiendo una solución para la alta taza de crimines singulares cuando algo terrible sucedió, sus poderes se descontrolaron y no quedo más que un desastre.
Ahí, a unos metros estaba una niña de piel dorada y cabello castaño viendo como su padre desaparecía en un estallido.
Vera miraba por el ventanal la ciudad. Desde lo alto las casas se veían pequeñas y las personas no eran más que hormigas, los grandes problemas solo era una molestia lejana.
Las personas los necesitaban a ellos, sus héroes. Vera había formado parte de un grupo especial que reunió el DIPS cuando se creó. Reunieron a los hijos, hermanos o sobrinos que los cinco hubieran tenido a su cuidado o que vivieran con ellos, les brindaron ayuda económica y atención psicológica, pero la verdad era más cruda: existía el miedo de que el descontrol fuera genético; así fue como de alguna u otra forma los terminaron entrenando. Niños con miedo, adolescentes con metas y ahora, adultos con determinación.
En momentos como ese, Vera recordaba las firmes palabras de su terapeuta.
"El orden es el único antídoto para el desastre que llevas en la sangre"
DIPS había crecido, con cientos de héroes a su cargo, respondiendo a reportes en minutos, sino es que en segundos. Las personas podían estar seguras.
—Aegis, el directo te recibe ahora.
Asintió hacia la secretaria y cuadro sus hombros antes de pasar por la puerta.
director estaba sentado frente a su escritorio, absorto en su pantalla. Una placa brillante con el nombre "CALEB ARDEN" le daba la bienvenida.
—Buenos días Aegis. —hablo el director si diregirle la mirada. Ella se quedó parada frente al escritorio con las manos cruzadas detrás de su espalda.
—Buen días director Arden.
Con un gesto de la mano la pantalla de la computadora se proyecto a sus espaldas en el ventanal ahora oscurecido. Un mapa de la ciudad apareció ante sus ojos.
—Voy a asignar a tu equipo al norte — hizo una pausa mientras se desplazaba por el mapa hasta detenerse en una zona— al sector 7. Hemos notado un aumento en la tasa de críminalidad a los al rededor es de la zona. Desplegue varios equipos en las zonas aledañas.
Por primera vez desde que entró el director alzó la mirada hacia ella, se enderezo en su silla mientras jugaba con sus dedos.
—Necesito un reporte detallado de lo que pasa en el sector. También hemos identificado a algunos héroes independientes que radican cerca, ya conoces el protocolo.
Asintió mientras le echaba un vistazo al mapa—Por supuesto director.
—Excelente, se puede retirar.
Un pitido le indico que la información del sector 7 se había sido enviada. Abrió el archivo directamente de su muñequera.
Deslizó por las páginas dándoles una leída rápida. Lo checaria con detenimiento por la tarde.
El sector siete correspondía a uno de los barrios bajos de la ciudad. Un lugar lleno de edificios grises, descuidados y dañados. Calles con poca gente transitando y callejones con contenedores de basura repletos.
Un barrio de clase trabajadora. Personas que se levantaban antes que el sol y regresaban muy entrada la noche. Departamentos repletos de niños.
Se instalaron en un edificio abandonado, su equipo contaba con otros cuatro héroes menos reconocidos que ella.
Así funcionaba el sistema, unos servían de imagen, un modelo para la sociedad;en cambio otros estaban ahí para servir de apoyo, contención. Era lo que funcionaba, lo que mantenía la seguridad de las personas.
—Es hora de patrullar— anunció al atardecer, después de acomodar todo en el último piso— Boris y Clip los quiero en las calles, anoten cualquier anomalía y están atentos a cualquier disturbio. Jump y Rester en los tejados, consentrense en los callejones.
Los cuatro asintieron —estaré checando los monitores esta noche, nos estaremos rotando.
Camino hacia la ventana cuando se quedo sola. La calle brillaba por las tiras de luces colgadas de las farolas fundidas. Parecía más vivo qué durante el día.
Para Aegis las diferentes formas de vida eran raras. Recordaba poco de su vida antes de aquel día, despues todo fue entrenamiento. Pero ver a esas personas caminar bajo las luces cálidas, niños comiendo de puestos en la calle y parejas paseando a pesar de que el lugar donde vivían era lejos de ser ideonio.
En los principales sectores los edificios eran rascacielos llenos de ventanas, más coches que personas y el ruido era más bien mecánico y humano.
Ver aquellas calles tan vivas pero al mismo o tiempo tan enfermas le reafirmaba la importancia de su trabajo. Ella estaba ahí para ellos, ella era la seguridad que esas personas necesitaban.