Patrick no era una persona madrugadora. Los llamados a esa hora de la madrugada eran los que más le costaban.
Tenía que prepararse con antelación desde el día anterior: cenar ligero y temprano, tomar mucha agua y dormirse antes de las 8; pero había un paso que le costaba más que todos los anteriores y era no tomar café. No solo porque lo mantenia despierto, no, la verdad era un poco más compleja que eso. Desafortunada o afortunadamente había desarrollado una especie de dependencia, así que cuando no tomaba café comenzaba a tener signos de abstinencia. Era hasta cierto punto afortunado teniendo en cuenta a todas las sustancias peores que la cafeína de las que pudo haberse vuelto adicto.
En conclusión, el café era su elixir de vida.
Sin importar que fueran poco más de las cuatro de la madrugada y el sol todavía estaba a un par de horas de salir, mientras tomaba su americano sin azúcar era feliz.
En ese momento alguien podría llegar y decirle que los unicornios existían, que ahora en lugar de actor sería el líder de una secta o que el Papa era en realidad su papá y lo aceptaría sin más.
Josh, su asistente personal desde el último año y medio lo seguía como sombra por todo el set. Encontraba al chico un poco incómodo, era muy serio y callado lo que en un primer momento le pareció más que idóneo hasta que se dio cuenta que, de hecho, nunca hablaba. No importaba que tanto Patrick hablará sobre algo Josh se limitaba a asentir, escribir en su tablet y recitar su horario. La verdad es que no se podía dar el lujo de despedirlo después de que los últimos cuatro asistentes del año anterior hubieran renunciado.
Otra cosa que le resultaba un poco inquietante era su apariencia, que le recordaba a un ratón, específicamente al de la película "lo que el agua se llevó". No lo había mencionado ni lo mencionaría nunca, pero no podía dejar de pensar en eso cada que estaban juntos.
El lugar estaba repleto de personas, principalmente la producción y uno que otro asistente. Las personas del catering todavía estaban montando la mesa y Aaron parecía estar peleando con el chico de las luces.
Camino un poco más buscando su camerino cuando escucho una risa que lo hizo detenerse. Alzó su mano derecha y miró la hora: 4:15 am.
¿Estaba alucinando?
Miró a su alrededor y solo pudo ver a Daniela, la hermana y asistente de Valery saliendo del camerino de esta y dirigiendose a la mesa del café.
No vio a Valery pero le quedó claro que ella ya estaba en el lugar y parecía haber estado ahí por un tiempo. Esperaba que ella llegará como mínimo cuarenta minutos antes del llamado, lo suficiente como para que la maquillaran. Pero encontraba sorprendente descubrir qué incluso había llegado antes que él, era una conducta que no recordaba de ella; era más bien todo lo contrario, siempre llegaba tarde y apurada.
Tratando de ignorar toda la situación y tratando de despejar sus pensamientos, se dirigió a su propio camerino donde ya lo esperaba una maquillista y se dejó a su entera disposición.
Más o menos, ya que terminó regañado más veces de las que su propia madre lo regañaba de niño cuando no podía dejar de mover la pierna. Notando eso su asistente habló:
—¿Quieres más café, Patrick? — preguntó de pronto Josh.
Su voz lo sacó de su ensimismo mientras jugaba con el hilo de su pantalón, lo busco por el espejo. Estaba parado justo detrás suyo con un gafete de identificación colgando de su cuello y el lápiz de la tablet en su oreja.
—Si —respondió Patrick y antes de que diera un paso añadió:— Por favor.
Bobby le había sermoneado infinidad de veces para que tratara de no espantar a sus asistentes, porque a ese paso si uno más renunciaba tendría que servirse su propio café por al menos 6 meses. A Josh no parecía importarle mucho, pero cuando se acordaba intentaba agradecer más, pero solo cuando se acordaba, lo que por lo general, no pasaba.
Josh asintió y salió con prisa dejando la puerta del camerino entreabierta. Patrick estaba a punto de pedirle a su maquillista que la cerrará cuando escuchó una voz familiar.
—Perdona, perdona — dijo una mujer con la voz cargada de prisa— no te vi, de verdad perdona.
Patrick agudizó el oído, conocía ese acento.
—Ah... No hay problema— la voz de Josh se escuchaba un poco ahogada, como si estuviera mirando a otro lado —¡No! De verdad no hace falta, yo me limpió.
—¿seguro? No tengo problema, ¿estas bien? ¿No te quemaste? — Hubo una pausa— Te puedo pedir prestado algo a vestuario para que te cambies.
—No hace falta... — se detuvo a mitad de la oración y suspiró. Si era quien él pensaba, sabía que es lo que había pasado en ese momento —Bien, si pudieras lo agradecería.
Patrick sintió un pinchazo de curiosidad que lo hizo mover la cabeza para escuchar mejor.
—Vamos a mi camerino para que te cambies.
—... ¡Patrick! — lo regaño la maquillista agarrándole de la barbilla con firmeza— Alza el mentón si no quieres que te de un brochazo. Pareces un niño con azúcar y eso que tomas el café amargo.
Cuando Josh por fin regresó, Patrick se encontró con ganas de soltar una carcajada, pero se detuvo. Su asistente que generalmente vestía en colores neutros y siempre prolijo, llevaba puesta una sudadera rosa chicle.
Lo vio con una ceja alzada qué rápidamente bajó cuando su maquillista le lanzó una mirada feroz.
—¿Qué te tomó tanto tiempo? — preguntó tomando el café que Josh le ofrecía con reverencia.
—Alguien me regó el café encima. —dijo con tono plano.
Patrick lo miró un rato más por el espejo esperando que añadiera algo más, pero no, Josh no dijo nada y ahora estaba revisando algo en la tablet.
No podía creerlo. Había escuchado a Josh articular frases completas afuera, casi con emoción, y ahora volvía a ser el robot de siempre. ¡Había hablado con una mujer! Él que siempre parecía evitarlas y ni siquiera había saludado a su maquillista al llegar.